Diagnóstico y planificación social. El ciclo de gestión de los proyectos.

Los procesos de inclusión social presentan una complejidad de factores que han ser analizados y tenidos en cuenta antes de planificar cualquier acción. Al contrario, se puede tender a ofrecer ciertas soluciones estandarizadas que muy a menudo pueden no ajustarse a las necesidades reales de las personas, o que pueden no incidir adecuadamente sobre el global de factores de desventaja de cada caso. Resulta, pues, fundamental que las integradoras y los integradores sociales adecuen sus acciones al carácter particular que presenta cada situación.

Y esto es cierto también no sólo en cuanto a la atención de casos particulares. Hay que saber también adecuar las orientaciones de los proyectos y programas a la situación específica sobre la que se quiere incidir. Es una situación, desafortunadamente recurrente, que muchos proyectos que quizás han tenido éxito o impacto en algún territorio sean replicados en otros sin un análisis previo en profundidad de las características y necesidades del nuevo escenario. Es fundamental que los proyectos se formulen a partir de un buen diagnóstico de las necesidades y los condicionantes sociales sobre los que se quiere trabajar.

Es a partir de este diagnóstico que se pueden diseñar los proyectos, estableciendo unos objetivos y actividades orientadas a la mejora de las condiciones sociales de los destinatarios y que acierten a tener en cuenta el global de condicionantes presentes en el entorno. Estas actividades, una vez ejecutadas, deberán ser evaluadas para valorar el grado de consecución de los objetivos marcados y medir el impacto real que han tenido sobre las personas destinatarias. Esta evaluación, a su vez, debe permitir hacer un nuevo diagnóstico que permita mejorar el diseño de nuestras acciones futuras de una forma circular y dinámica.

Los proyectos que no hacen un buen diagnóstico o no evalúan bien pueden tender a estandarizar una serie de acciones que acaban por no tener un impacto real en las personas a las que inicialmente se consideraba como beneficiarias. Hay que saber analizar en profundidad el conjunto de condicionantes y características que presentan las personas de un determinado colectivo o territorio, y debe hacerse tratando de buscar en todo momento la participación de las personas destinatarias del proyecto. Como se verá más adelante, este es un rasgo característico del trabajo de integración social.

Se encuentra reflejada la situación de exclusión educativa en la que se encuentra el adolescente, motivada por su absentismo y el acoso que vive en el entorno escolar. Observa también la situación que se puede calificar de vulnerabilidad social en el ámbito de la salud debido al consumo de tóxicos. Esta situación de vulnerabilidad se encuentra también en el ámbito del trabajo informal que lleva a cabo. Se puede ver igualmente representada la situación de exclusión en el ámbito económico que sufre en su entorno familiar, que muy posiblemente puede condicionar su decisión de trabajar y, en consecuencia, se puede encontrar también en la base de su absentismo.

La elaboración de un diagnóstico completo puede facilitar una correcta orientación del trabajo de acompañamiento social que tenemos que hacer como integradores. En una situación como la que se ha descrito, como complemento a este espacio de apoyo extraescolar, se observa a partir del análisis que habrá que establecer una serie de medidas en coordinación con la familia, los servicios sociales y los centros educativos. Al contrario, no se estarán abordando algunos factores de riesgo que pueden encontrarse en la base, o que pueden condicionar o ser debido a la situación de absentismo.

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Por todo lo expuesto hay que defender una planificación de la acción social centrada en la persona (Berger, 2007). Al contrario, se puede correr el riesgo de caer en respuestas y automatismos impersonales que dificulten el acompañamiento en procesos de inclusión Esta planificación centrada en la persona no debe confundirse con el hecho de no disponer de una metodología o de protocolos de acción. Atender cada caso particular no debe estar alejado de un trabajo riguroso y profesional y de la aplicación de criterios objetivos.

Ligadas a estas cuestiones de análisis y de planificación, en el trabajo cotidiano se pueden encontrar situaciones prácticas que se deben saber resolver. A menudo hay que saber detectar las necesidades sociales que pueden encontrarse más allá de las demandas formuladas por las personas a las que se atiende

 

Necesidades, demandas y capacidades

Las personas que atraviesan situaciones de riesgo social y acceden a un espacio o relación donde se les puede ofrecer un acompañamiento profesional lo hacen, en la mayoría de los casos, con una demanda concreta, unas necesidades y unas expectativas determinadas de satisfacerla.

Para un correcto diagnóstico y una buena planificación, los profesionales deben saber determinar y centrar las demandas de las personas, identificar correctamente las necesidades y establecer cuáles son sus expectativas. Puede ser tan contraproducente no saber identificar una demanda como actuar sin averiguar las expectativas que las personas con las que se trabaja tienen depositadas en el espacio de acompañamiento profesional.

Se puede pensar en el ejemplo de una persona que acude a un espacio de búsqueda de trabajo o dispositivo de inserción sociolaboral. Un tipo de demanda recurrente en estos espacios se podría identificar como: “Quiero que me den trabajo”. En este caso se podría identificar la demanda como “encontrar trabajo”, la necesidad subyacente, por ejemplo, como “acceder a una renta suficiente”, y la expectativa como “quiero que desde este espacio como profesional me la ofrezcas “.(Ander, 2004)

Ante esta demanda, el profesional debe acertar a recibirla correctamente, identificar las necesidades y las expectativas subyacentes y centrar la foto. Este centramiento consiste en ajustar la demanda que se plantea a los recursos del servicio donde se trabaja ya la situación de necesidades individuales que puede presentar la persona.

Siguiendo con el ejemplo, el profesional deberá aclarar, en primer lugar, que el servicio no es un espacio donde se “dé trabajo a las personas”. En todo caso, se ofrece un acompañamiento y apoyo a las personas que la buscan, ofreciendo los servicios a, bici los recursos x, y y z. Servicios y recursos que, con la participación y el compromiso de las personas, pueden aumentar sus posibilidades de satisfacer su demanda y encontrar trabajo.

Complementariamente, si se observa una necesidad subyacente a la demanda, por ejemplo, de obtener una renta suficiente, y esta necesidad presenta un carácter muy perentorio, se puede también valorar y ofrecer la posibilidad a la persona ser derivada a otros recursos o servicios donde satisfacerla. Sin el centrado de demandas, necesidades y expectativas y sin la búsqueda de este compromiso y corresponsabilidad de la persona el proceso de acompañamiento puede ser improductivo y caer con facilidad en situaciones de falta de motivación y desinterés.

Hay que comprender, en consecuencia, la naturaleza de las demandas y las necesidades de las personas con las que se trabaja. Se podría definir la demanda en el contexto de la acción social como la forma con la que se expresa la voluntad de un sujeto de satisfacer determinadas necesidades o intereses personales, sociales, materiales o simbólicos y para los requiere el apoyo del profesional.

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El proceso de identificación de la demanda resulta clave. Los profesionales deben saber establecer una relación de comunicación capaz de permitir una definición precisa de la demanda y las expectativas de las personas. Hay que insistir en que las situaciones de vulnerabilidad presentan dimensiones estructurales, sociales y subjetivas. Las personas afectadas por este tipo de situaciones pueden no saber definir sus demandas o no acertó a identificar correctamente cuáles son sus necesidades.

En este sentido, se habla en el contexto de la acción social (Ander, 2004) de diferentes tipos de demanda con las que los profesionales deben saber trabajar. En este sentido, se habla en el contexto de la acción social de diferentes tipos de demanda con las que los profesionales deben saber trabajar:

  • Demandas explícitas: se caracterizan por ser demandas formuladas de forma específica y con un conocimiento claro de cuáles son las necesidades o los intereses a los que se quiere dar satisfacción. El profesional puede centrarles con facilidad en las características del servicio o recurso donde trabaja.
  • Demandas implícitas: son aquellas demandas que el profesional puede detectar sin que la persona con la que trabaja acierte o quiera manifestarles.

En algunos casos las personas pueden manifestarse, pero de forma no directa. Es fundamental que el profesional esté atento a interpretarlas y examinar las necesidades o los intereses subyacentes que pueden encontrarse en la su base. La tarea de identificación de este tipo de demanda requiere del profesional la habilidad de establecer un clima de confianza y una buena comunicación con el sujeto.

  • Demandas inespecíficas: este tipo de demandas responden a situaciones donde los sujetos con los que trabajamos no acaban de definir cuál es su demanda. Se pueden dar en situaciones donde los sujetos se encuentren especialmente afectados por situaciones de riesgo. Los profesionales deben saber establecer una comunicación capaz de acompañar a la persona en la identificación de las sus necesidades y la expresión de sus demandas.
  • Ausencia de demanda: en determinadas ocasiones, los profesionales pueden establecer relaciones de acompañamiento con personas que no han formulado ninguna demanda. Este tipo de actuaciones pueden ser comunes en el trabajo de integración en espacio público o con niños y familias. A menudo la demanda de actuación puede estar determinada por otro servicio de tipo social en el marco de espacios de coordinación de diferentes profesionales. O, en algunos casos, pueden ser, por ejemplo, los servicios sociales los que determinen que para que una persona pueda acceder a una prestación determinada debe seguir un proceso concreto de acompañamiento en algún otro servicio o entidad.

En estas situaciones, donde se trabaja con personas que no han pedido el nuestro acompañamiento, hay que hacer un especial esfuerzo con el sujeto para que identifique sus necesidades y se vincule con los recursos que se le pueden ofrecer. (Montaldo, 2006)

Como se puede ver, como profesionales se debe trabajar acertando a la hora identificar demandas de distinto tipo. Se pueden enumerar también diferentes enfoques para entender y trabajar sobre las diferentes tipologías de necesidades de las personas. En relación con las demandas se encuentran determinadas necesidades sociales o intereses que las personas quieren satisfacer, y que hay también que los profesionales identifiquen.

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