LA PEDAGOGÍA DEL AFECTO

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En primera instancia, considero que es  necesario precisar que la Pedagogía propia mente dicha, no es sólo el acto de enseñar una ciencia, una filosofía,  que está al alcance de unos pocos,(Docentes), sino que es una actividad, una tarea  de la vida diaria y de la rutina   de la cual participamos absolutamente todos los seres humanos, como un hecho normal,  ante algo nuevo, ante algo desconocido que se hace necesario aprender o conocer, este  es un proceso en el cual todos estamos involucrados sin distingos de razas, edad o creencias sociales o políticas y que nunca termina su ciclo,   por lo que se aprende del mundo y del espacio al cual pertenecemos, de nuestro entorno y de quienes participan de él,  desde los primeros años hasta cuando termina nuestra existencia.

La Pedagogía del afecto, nace y también  hace referencia a la importancia de la parte afectiva como elemento fundamental  y vital y que además  es inherente al proceso educativo, ya que el afecto,  es una necesidad del ser humano a través del cual se construye su personalidad e influye en el proceso evolutivo de las personas y su relación directa con la  CONVIVENCIA, situación que hoy nos preocupa no sólo en el ámbito escolar sino también  en el Nacional y a lo  cual debemos prestar mayor atención desde  nuestro campo de acción.Por consiguiente, la Pedagogía del afecto, nos hace descifrar,  entender y valorar la vida, emociones, intereses y prioridades de nuestros estudiantes,   quienes al igual que cada uno de nosotros, (adultos y docentes),  se enfrentan a diario con un sinnúmero de problemas de tipo familiar, sentimental, económico, social, etc. lo cual  contribuye a que el sistema educativo  en nuestro País, y en general nuestra sociedad  esté pasando por una situación no menos preocupante.

Para salir de éste embrollo se han planteado  muchas alternativas que han tocado aspectos sociales y culturales, una de ellas  tiene  que ver con el fácil ingreso de los jóvenes a nuestro sistema laboral a través de las famosas “competencia laborales”, y de esta forma otro sinnúmero de competencias relacionadas con cada campo del saber, pero la parte fundamental no se ha tenido en cuenta: “SUS EMOCIONES”, las cuales generalmente se nos muestran como un laberinto que no podemos descifrar, muchos de nuestros jóvenes  sufren crisis de desmotivación, ira frecuente o tristeza, otros de ellos se nos presentan como seres solitarios y  frágiles. Pocas veces nos hemos detenido a conocerlos o entenderlos como personas quienes además de cuerpo o intelecto, poseen EMOCIONES….

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La Pedagogía del afecto nos plantea que la crisis de la educación está basada en una crisis de una incapacidad para relacionarnos fraternalmente, incapacidad para CONVIVIR en el ámbito social en el cual nos desenvolvemos, esta Pedagogía plantea además una  nueva  concepción  en la relación Profesor-alumno, enmarcadas dentro de la cordialidad, el respeto, la empatía mutua y la comunicación sincera. Para que ésta pueda dar frutos y esperar un verdadero cambio en nuestras generaciones futuras, debemos empezar cada quien por el autoconocimiento, que nos permita la forma, la manera de sentirnos mejor en el aula, sentirnos  relajados, con la seguridad   de estar realizando y dando lo mejor de cada uno, primero como SERES HUMANOS, antes que como docentes, para así poder generar en otros seres  la motivación, la alegría de llegar, entrar al aula de clases por convicción, por gusto, porque así  lo desean, mas no por obligación o cumplimiento.

Debemos contribuir a que se sientan escuchados, estimados, despertando en ellos sentimientos y emociones positivas, estimulando sus éxitos individuales y colectivos.  Debemos imprimir una alta carga afectiva y emotiva a nuestra actuación Pedagógica, cambiando nuestra actitud impositiva y de censura por una más cordial y afectiva, sólo de esta manera, sumado a nuestro ejemplo haremos de los jóvenes,  personas cordiales y felices capaces de convivir con quienes le rodean en su entorno social de una manera pacífica,  tranquila, respetuosa y tolerante.

 Autor: MarthaCecilia Mendez Castro

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