MEMORIA Y CONFLICTO EN COLOBIA

La memoria es un tema del cual se han ocupado principalmente, en ciencias sociales, la historia y el psicoanálisis. Recordar el pasado permite liberar de alguna forma y a la vez prevenir errores que se pueden volver recurrentes. “La difusión de la información permite salvar vidas humanas” (Todorov, 2000, página 13) el pasado se muestra como un recordatorio de lo que no debe  hacerse y sus posibles consecuencias. El niño, desde muy temprana edad, aprende recordando, el quemarse con una vela, por ejemplo, es parte de un recuerdo que le evitará en el presente y el futuro cometer el mismo error.

No se recuerda en abstracto, “la memoria se reinventa a medida que se modifican las realidades. Toda memoria es memoria a partir del presente” (Pécaut, 2003)  se recuerda desde una situación, desde una posición, el lugar desde donde se recuerda constituye los cuadros sociales de la memoria, lo cual tiene relación con un tema estudiado por el psicoanálisis. Los sueños, por ejemplo, no se dan en el vacío, se dan en un contexto. Para el caso colombiano los recuerdos han estado a la merced de los intereses de los gobernantes de turno, Pécaut al referirse a los intentos por recuperar la memoria dice: “al mismo tiempo que se impulsa este pacto no se crea un tribunal para juzgar a los responsables, ni una comisión de verdad para establecer los hechos; por el contrario, se impone el silencio e, igualmente, la mentira” (Pécaut, 2003).

Siguiendo con Todorov, se plantean dos tipos de memoria; la  literal y la ejemplar. La primera consiste en recordar el pasado de manera cíclica, repetitiva, traumática, se consideran todas las posibilidades: ¿Qué pudo haber pasado si…? si hubiera llegado más temprano esto no hubiera sucedido, etc. Se insiste en plantearse hipótesis estériles sobre lo sucedido. Es un traumatismo, es la memoria a secas, es en Colombia, el tipo de memoria que lleva a la venganza y esta, a diferencia de la justicia (basada en la memoria ejemplar) no se sacia, por lo que la violencia no termina.

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La memoria ejemplar, en cambio, consiste en una reflexión que parte de un duelo que es superado por una reelaboración simbólica, lo sucedido es parte de un proceso inevitable, pero no en el sentido trágico, sino en el sentido práctico, lo que pasó nos permite trascender en otras áreas de nuestra vida, mudarnos y conocer gente nueva, desarrollar capacidades ocultas, encontrar el amor,  o vivir una aventura que antes del evento trágico ni siquiera imaginábamos. En el conflicto colombiano la memoria ejemplar permitiría una posible salida al conflicto, pues al haber justicia – no venganza – se reelaboraría simbólicamente el proyecto de nación.

Entonces, lo ideal es pasar de la memoria literal a la ejemplar, pero a veces, la obstinación lleva, al individuo y a la misma sociedad, a pensar en el duelo como algo insuperable, se buscan, entonces, culpables, el dolor no puede ser superado en soledad hay que compartirlo, hay que sacralizar la memoria, (en términos de Todorov). Por ejemplo, un político es víctima de la muerte de su padre a manos de grupos subversivos, el joven se queda en el trauma, en la memoria literal, por lo que dedica su vida a hacer de su dolor algo único e irrepetible (Todorov) nadie ha sufrido semejante tragedia, se piensa desde la literalidad egoísta, entonces su carrera política es dedicada a combatir a aquellos grupos que le quitaron a su padre pero la supuesta solución ocasiona más problemas de los que soluciona, se dan unos “efectos perversos” (Raymond Boudon, 1982) es decir, que en Colombia estamos en el traumatismo, no queremos reelaborar simbólicamente lo sucedido, por lo que somos víctimas de la sacralización de las tragedias de los líderes políticos, entre otros, que a su amaño y conveniencia gritan: “ni perdón ni olvido”.

Lo anterior, se refiere a los abusos de la memoria planteados por Todorov, es decir, no es útil recordarlo todo, ni todo requiere un largo duelo, a veces se abusa de ese pasado, rescatando de él aquello que permite la consolidación de un interés particular, por ejemplo, el mostrar las víctimas de las guerrillas y no las de los paramilitares o los del Estado, es un uso selectivo de la memoria, que permite justificar el ataque a unos y el olvido a los otros, pero, que a la vez, desencadena efectos perversos, por ejemplo, las BACRIM.

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La memoria no es sólo un acto personal, desde la filosofía, la memoria se trató como un acto individual, Halbwachs (2004) introduce el concepto de memoria colectiva, la memoria es un hecho social y está por fuera de los individuos y se le impone a los mismos, es decir que una sociedad escoge que recordar pero como lo dice Todorov: “la exigencia de recuperar el pasado, de recordarlo, no nos dice todavía cuál será el uso que hará de él” en el caso colombiano por lo general se ha recuperado el pasado con el ánimo de justificar la venganza y de paso la alta inversión en armas.

De lo anterior se colige que se recuerda desde la actualidad, por ejemplo, los abusos de la guerrilla, hoy por hoy, se exponen con gran exageración, pues en el actual proceso de paz, las élites de derecha no quieren una salida amistosa, se obstinan en mantener una memoria literal de las atrocidades de estos grupos y se insiste en que no puede haber paz con impunidad ignorando que tampoco habrá paz si se insiste en mantener la memoria literal, pues lo opuesto a la impunidad no es la venganza.

Autor: Waldir HERNANDEZ RAMIREZ

BIBLIOGRAFÍA

CAMACHO, Alvaro. La violencia en Colombia: elementos para su interpretación, publicado en revista Foro No 6, junio de 1988.

FREUD, Sigmund. Recordar, repetir y reelaborar, obras completas, Buenos Aires: Amorrortu Editores, tomo XII.

PECAUT, Daniel. Memoria imposible, historia imposible olvido imposible, en violencia política. Elementos de reflexión, hombre Nuevo Editores, Medellín, 2003.

TODOROV, Tzvetan. La memoria amenazada, en los abusos de la memoria, Paidós, 2000, Barcelona.

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