Cuerpo sin órganos y experiencia soberana: El hincha y la constitución de una nueva subjetividad

La hipótesis de la que parte George Bataille en su teoría del gasto improductivo es que, “el ser humano produce mucha más energía que la que necesita para subsistir y ese excedente no puede más que derrocharlo inútilmente” . Este autor propone abandonar la idea de una economía restringida, es decir, la de una vida administrada celosamente para el mayor aprovechamiento posible de la fuerza de trabajo, del tiempo y, por consiguiente, del hombre mismo. Frente a esto, Bataille propone una economía general que de rienda suelta a la dilapidación y al gasto improductivo. Cuando el hombre puede darse el ‘lujo’ de derrochar su tiempo y sus recursos, es cuando comienza el principio de soberanía, ese ir más allá de la utilidad de la propia vida y disfrutar de ese gasto improductivo.

El autor entiende que, “la característica fundamental de la soberanía consiste, en exponer un riesgo, pues la vida soberana comienza sólo cuando, asegurado lo necesario, las posibilidades de la vida se abren sobre su límite” . De esta manera, los momentos soberanos comienzan cuando el hombre deja de sentirse una fuerza servil, y empieza a pensarse y a vivenciarse como sujeto capaz de gozar de diferentes posibilidades que la utilidad no justifica.

Además, el principio de soberanía supone, “una experiencia por medio de la cual la singularidad es puesta fuera de sí” , según apunta George Bataille. La soberanía que puede experimentar el hombre, no sólo implica un distanciamiento de su propia subjetividad de ‘trabajador-fuerza útil’ sino, y más profundamente, una experiencia en la que su propia singularidad, su propia concepción del yo, es sacada de sí mismo en un “afuera” inaprensible. Es decir, que durante esa experiencia soberana, el individuo vivencia un fuera de sí que coincide con un lugar inalcanzable: con la nada, con el espacio divino.

” Hasta aquí, Bataille nos acerca una perspectiva diferente para pensar la economía general de la vida que, además ayuda a reflexionar acerca de las prácticas de los hinchas fanáticos de fútbol durante el partido de su equipo. Tal como apunta el autor, todos los sujetos estamos marcados por la idea de la utilidad de nuestro cuerpo, en la medida en que éste es vehículo para otra cosa: mayor producción, mayor rendimiento y mayor restricción. Los hinchas fanáticos, son también hombres del trabajo y vivencian esta idea de utilidad tan instalada. Marcar tarjeta, cumplir horarios, rendir lo mayor posible, son ideas arraigadas en la subjetividad de todos los trabajadores.

Por un tiempo determinado, incluso durante algunos instantes fecundos, los hinchas al ingresar a la cancha de fútbol -su lugar sagrado- y alejarse del mundo del trabajo -el lugar profano- se desprende de esta marca de utilidad y experimentan el derroche por el puro placer, el gasto improductivo, esa experiencia en la que se va más allá de la utilidad de la propia vida, es decir nuestra propia soberanía. Los hinchas al entrar en este ritual que supone el partido de su equipo, se sumergen en experiencias de risas, alientos, cantos y saltos, que se alejan claramente de lo productivo, de lo servil.

Así, los fanáticos ingresan en una experiencia soberana, donde los cuerpos, los nombres, las identidades se confunden y fusionan en un afuera indefinido e inaprensible. Son aquellos minutos que dura un partido de fútbol -poco más de 90 minutos-, donde los hinchas se desprenden de la espera y la utilidad; es precisamente allí donde comienzan a experimentar su principio de soberanía, que coincide con la NADA, con un yo indiferenciado.

Escritor: María Florencia Anuch

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