ESPINAS CON HISTORIA

Viajando por las bellas rutas que ofrece el territorio cundinamarqués la semana pasada, recibí una de esas lecciones de vida que suelen poner en evidencia lo supremamente frágiles que podemos llegar a ser algunas personas. Me fue presentado un ejemplo de tenacidad frente a las adversidades, facilidad de adaptación, insistencia y perseverancia contra los obstáculos, y a pesar de la rudeza que pueden significar estas cualidades, la lección también incluyó un sensible acto de absoluta belleza natural.

Y a pesar de lo insólito de este hecho, la fuente de tan abrumador ejemplo de vida es bastante común para nuestra época, no fue precisamente a partir de una persona, fue uno de esos organismos de la naturaleza que pocas veces tenemos frente a frente y de los cuales casi nunca nos sentimos atraídos por simple desconocimiento o apatía. Los seres de la naturaleza que no solo poseen todas las cualidades antes mencionadas sino que las expresan con gran virtud son los cactus.

Fue en el pueblo de Cachipay, Cundinamarca. Allí escuché entre historias y cuentos que una pareja de esposos, él extranjero y ella santandereana, iniciaron hace 33 años un insipiente cultivo de algunas especies de cactus hasta lograr que sus plantas fueran reconocidas a nivel nacional y se convirtieron en productores y distribuidores de estos bellos organismos, siendo incluso los responsables de la muestra que hoy en día se observa en el Jardín Botánico de Bogotá.

Los cactus pertenecen a la familia de plantas suculentas cactaceae, se llaman “suculentas” ya que han modificado su estructura y apariencia general con el fin de conservar agua dentro de ellas y de esta forma soportar la hostilidad de algunos ambientes muy calurosos, la mayoría de ellas son espinosas y es altamente probable que su origen sucediera hace 40 millones de años.

A 15 minutos caminando desde la plaza central del pueblo se llega a una finca muy apropiadamente llamada “Cactus Cachipay”, lo primero que sorprende es una divertida colección de pequeños letreritos que advierten a los visitantes sobre su comportamiento dentro de las instalaciones pasando por la filosofía de ventas hasta la ropa adecuada para ingresar a la finca. Ya adentro tuve acceso a dos invernaderos donde la primera sorpresa es la inmensa variedad de especies allí contenidas. Hasta el momento se reportan cerca de 200 géneros para la familia de suculentas y de ellos mucho más de 2500 especies.

Estas plantas tienen su tallo de color verde y allí es donde hacen la fotosíntesis ya que sus hojas espinosas al perder superficie de contacto son incapaces de realizar esta vital función para su existencia. La variedad de formas no solo se debe a los tallos que pueden ser redondos, alargados o de truculentas vueltas sino también a la organización de sus espinas que puede ser desde algo muy rígidamente colocado en filas y columnas hasta las más caprichosas formaciones con espinas en estrella, en espiral, en forma de gancho o incluso, algunos con largos hilos de color blanco
simulando la barba del más canoso de los abuelitos que disfruta de coleccionar y cultivar cactus en sus tiempos libres.

El estado de asombro y disfrute de esta exposición de formas nuevas y maravillosas llegó a su éxtasis cuando en un rinconcito asomó un pequeño cactus coronado por la más viva y colorida de las flores que he visto en la vida. Y resultó que las florecencias de estos organismos suelen ser unas de las más bellas conocidas por el hombre, aunque según los expertos cachipayunos algunas de estas flores son un premio a la dedicación del cuidador y ocurren por mucho un par de veces en la vida del mismo. Igualmente algunos de sus frutos tienen un alto valor nutricional para el osado que se lance en la misión de quitar las espinas para poder disfrutar de un delicioso y refrescante fruto fuertemente protegido.

Luego que sucumbir a la tentación y realizar un par de compras, dando halagos a los propietarios de “Cactus Cachipay” por tan bonita forma de subsistencia, recibí el último de los datos curiosos: el país con la mayor biodiversidad de cactus en el mundo es México con casi el 49% de variedades, y de allí provienen la mayor parte de los cactus ofrecidos a la venta. Esta información inspira no solo a conocer más sobre estos organismos y sus representantes nacionales sino que motivan a la conservación y admiración de tan hermosos seres que una vez más la naturaleza nos obsequia para deleitarnos y maravillarnos de las cosas sencillas que nos rodean.

RODOLFO ROMERO ALARCON
Lic. Biología UPN