Intenciónalidad, intersubjetividad e intuición en la configuración de sistemas comunicativos complejos no verbales

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Indiscutible es la relevancia que la actividad no lingüística adquiere en la totalidad de la comunicación humana y así lo demuestran los diversos estudiosos entre ellos,libros como el de Flora Davis, La comunicación no verbal, en donde a partir de identificar este componente de lo comunicativo se busca encasillar su utilidad en el mejoramiento de los procesos que de esta requiere la configuración de un sistema cultural específico.

La posibilidad interpretativa del componente no verbal de un complejo comunicativo difiere en los diferentes contextos y esquemas comunicativos posibles, debido a las limitaciones netamente culturales subyacentes al grado de intencionalidad comunicativa que estimula la emisión de un mensaje, hecho que apela al fortalecimiento de la intuición interpretativa del lenguaje no verbal, en un nivel más consciente y menos accidental con el fin de establecerse a cabalidad en la dinámica del acto comunicativo.

Anota Silvia Español en su libro Cómo hacer cosas sin palabras que «Cuando el foco de análisis es la interacción entre organismos y los modos de comunicación no verbales, la semiótica peirceana parece el marco de referencia adecuado» (2004:13). Los polos de semiosis no intencionada, semiosis intencionada preverbal y la etapa final de desarrollo en la producción de significados mediante el lenguaje, son estaciones que en primer lugar generan en la consciencia del individuo social la funcionalidad encontrada en la relación tríadica de los elementos que propone Peirce: Signo, Objeto e Interpretante; y que a la par con el perfeccionamiento gradual de las facultades comunicativas se hace más flexible a las exigencias del entorno.

Es necesario destacar que Yuri Lotman distingue entre la tradición semiótica de Peirce y Morris, que parte del signo como elemento primario de todo sistema semiótico, y «la tesis de Saussure y la Escuela de Praga […] que considera el acto comunicacional aislado -el intercambio de un mensaje entre un destinador y un destinatario- como el elemento primario y el modelo de todo acto semiótico» (1996:21). La categoría conocida como semiósfera alude a un espacio semiótico fuera del cual es imposible la semiosis o la realización de los procesos comunicativos y producción de nueva información. El intercambio sígnico, modelo de los intercambios lingüísticos, incluye la generación del signo aislado y el acto comunicacional para crear un modelo complejo de semiosis universal. Español (2004) considera la distinción entre las transmisiones de información, generadas inconscientemente, y las intenciones comunicativas generadas por la manipulación de esquemas de conducta especializados, productos, ambos, de procesos de interacción entre organismos en el que la consciencia del interprete sobre sí mismo no determina la probabilidad de aparición de la semiosis, como resultado de una generación de información, que tampoco está sujeta a la intencionalidad de un organismo que desea transmitir algo.

La ontogénesis de la producción sígníca, en la psique individual, necesita imprescindiblemente los tres ángulos de la tríada peirceana. La intención y la intersubjetividad «son el anverso y el reverso de los procesos semióticos y que ambas sufren un complejo proceso evolutivo que modela la ontogénesis de la producción sígnica» (2004:16). Hay que subrayar que la semiosis es ante todo una acción. Sin embargo una acción, una acción intencionada y una acción intencionadamente comunicativa son respuestas, distintas entre ellas -según su objetivo ya que las causas son siempre estímulos- que comparten entre todas un carácter sígnico en la medida en que la transmisión de información y la intencionalidad comunicativa son estímulos igualmente aprehensibles por un interpretante. Aunque esta última característica está muchas veces fuera del alcance de los paradigmas comunicativos en los que se exige que tanto emisor como interlocutor compartan un código comunicativo específico, ya que la inconsciencia que rige la comunicación no verbal, y el desconocimiento generalizado de sus particularidades impide que entre interlocutores compartan un código del cual no poseen dominio en un principio. La comunicación no verbal, según Poyatos está conformada por «las emisiones de signos activos o pasivos, construyan o no comportamiento, a través de los sistemas no léxicos somáticos, objetuales y ambientales contenidos en una cultura, individualmente o en mutua coestructuración.»(1994:37).

La asimetría en los procesos comunicativos es el eje donde convergen estas dos concepciones acerca de las dinámicas que resultan en el proceso de semiosis «Al ser susceptibles de interpretación no sólo aquellos signos que son intencionadamente comunicativos sino también los signos no intencionados, el receptor puede interpretar, cosa que ocurre frecuentemente, más de lo que el emisor desea o tiene la intención de informar.[…] Gracias a la condición de transmitir más de lo que intentamos, el otro nos devuelve más acerca de nosotros mismos» (2004:44). En la etapa primigenia de expresión de las emociones se evidencia la ontogénesis y la filogénesis del performance gestual y uno de los modos de producción de significado presentes en la evolución de la semiosis. Reconocer el nivel de comunicación gestual como un medio de expresión de las actitudes personales y en algunos casos como sustituto de la verbalidad indica que el organismo responde automáticamente (sin intención originaria) a los estados afectivos de otro, para luego organizar los esquemas de conducta correspondientes a la complejidad de la respuesta, necesaria ante el estímulo.

En nuestra niñez aprendemos en qué circunstancias corresponde, necesaria o pertinentemente a la ejecución de un gesto, y este aprendizaje difiere en los distintos puntos del país. A la ejecución de un gesto siguen otros que en conjunto producen un significado en la configuración de una respuesta cinésica, compuesta de un conjunto de gestos (Kinema). Cada cultura posee su repertorio especial. Cada elemento del repertorio (Cinésico en primer estancia, y cultural panorámicamente) tiene la potencialidad de significado y de combinación con el otro resto de los posibles conjuntos para crear una configuración específica del otro con un sentido auténtico en el contexto. No obstante la configuración de la conducta también está presente en la Proxémica y las transmisiones de información que se desprenden de su utilización (Comunicación olfativa, comunicación táctil, cronémica, percepción esfuerzo- forma).

Un ejemplo claro del fenómeno recién expuesto lo encontramos en el capítulo Indicadores de Sexo del libro de Flora Davis. «Desde el momento en que nace un bebé le hacemos saber de mil maneras sutiles y no verbales que es un niño o una niña.» (2000:22) Destaca el hecho que prioriza al aprendizaje cultural, y no a las diferencias anatómicas ya que la especie humana tiende a sufrir el unimorfismo, entonces la cultura en su necesidad de distinguir hombres de mujeres crea estos indicadores que en ocasiones diluyen o resaltan la distinción sexual. Los indicadores de sexo son formas de intercambio básico que busca: 1. Afirmar la identidad sexual, 2. Responder a otras identidades según intereses y situaciones. En este pequeño intercambio, tan constante en la identidad se forma un sistema de interacción-reacción integrado, según la concepción que tiene Birdwhistell de la comunicación. Las características sexuales se toman como un conjunto conformado por la suma de las características sexuales visibles: Las anatómicas-fisiológicas, las locomotoras/movimientos (Aprendidas de la cultura), y las que respaldan las características secundarias configuradas culturalmente tales como la estética.

Culturalmente hablando, la creación y el reconocimiento de los escenarios propicios para el aprendizaje de conductas es un proceso cerrado en las diversas estancias de la semiósfera. Las formas en que se configuran las reglas que dirigen las relaciones de interacción, en los núcleos y la periferia cultural, son las responsables de la variedad de codificadores de las informaciones transmitidas por los canales. Esta realidad es palpable en los encuentros cara a cara donde se juegan un buen número de intereses que pueden ser obtenidos en la medida en que los participantes puedan aprovechar su facultad intuitiva. El reconocimiento de la alteridad cultural es una vía de ampliación de esta facultad, sin embargo prima la necesidad de analizar la cultura en que nos situamos para darle un cauce a los descubrimientos encontrados.

Desde la Universidad de León, María Jesús Cabanas Martínez afirma: «Los signos no verbales se inscriben en una cultura concreta y que forma parte de la enseñanza de la lengua. Teniendo en cuenta el mosaico cultural en que se han convertido las aulas de nuestros centros de enseñanza, en la presente comunicación pretendo llamar la atención y reflexionar sobre la enorme variación cultural que presentan algunos de los signos no verbales, y destacar la importancia que tiene la enseñanza de signos no verbales como un elemento más de las clases de español como segunda lengua, ya que son una muestra de interculturalidad y un factor primordial en la comunicación cotidiana.»

El diálogo intercultural puede y debe ser fortalecido con este tipo de estrategias. Los descubrimientos en el estudio de la no verbalidad nos han llevado a descubrir nuestras limitaciones para abrirnos al otro, desde el aspecto meramente local, hasta la misma complejidad intercultural. Una de las nuevas formas de fortalecer el principio de alteridad.

BIBLIOGRAFÍA:

CABANAS MARTÍNEZ, María Jesús. Comunicación no verbal y enseñanza de español como segunda lengua a inmigrantes en contextos escolares. Documento .pdf: Universidad de León. En: http//:www.unileón.com.es/bbtk/38

DAVIS, Flora. La comunicación no verbal. Madrid: Alianza, 2.000
ESCAMILLA M, Julio. Fundamentos semiolingüísticos de la actividad discursiva. Barranquilla: Fondo de Publicaciones de la U. de Atlántico, 1998

ESPAÑOL, Silvia. Cómo hacer cosas sin palabras: Gesto y Ficción en la infanci temprana. Madrid: Antonio Machado, 2004.
LOTMAN, Yuri. Acerca de la semiósfera. En: La semiósfera: Semiótica de la cultura y del texto. Madrid: Cátedra, 1996.

PÉREZ GRAJALES, Héctor. Lenguajes verbales y no verbales. Bogotá: Magisterio, 2001.

POYATOS, FERNANDO. La comunicación no verlstmo,1994.

Escritor: Nicolás Losada Rojas