PROPÓSITOS DE AÑO NUEVO

Ayer acabaron las Navidades. Atrás han quedado los días de Nochebuena y Navidad, los de Nochevieja y Año Nuevo, para culminar el seis de enero, el día de Reyes. Las costumbres varían de un lugar a otro según el continente, el país, la región, la ciudad, e incluso de una casa a otra. Normalmente, aquí en Colombia, los regalos se ofrecen por Navidad, mientras que de donde provengo, la fiesta de la ilusión se traslada a la noche del cinco al seis de enero. Y mientras que en casi todos los lugares, los Magos vienen de oriente y Santa Claus del Polo Norte, en Holanda este viene de España y en Italia quien da los regalos es una bruja buena.

Sin embargo, existen muchas más similitudes que diferencias, puesto que la Navidad es fiel reflejo de nuestra tradición judeo-cristiana, e incluso hunde sus raíces en las conmemoraciones romanas de la Saturnalia .

En todas partes, en Navidad, se reúnen las familias, el Año Nuevo se celebra igual, con gran alegría y existe una vorágine consumista exagerada. Lo que sí es común y repetitivo todos los años, estés donde estés, y seas quien seas, son los propósitos del Año Nuevo, es decir, todas las cuestiones y objetivos que nos planteamos cada persona partir del Año Nuevo, tras “quemar” el Año Viejo, tanto en el ámbito personal, sentimental o profesional: que si voy a dejar de fumar, que si voy a empezar a hacer ejercicio regularmente, que a partir de ya busco trabajo metódicamente y, la más socorrida y repetida en estos días, la de empezar la dieta, más tras los excesos y relajaciones navideñas.

Este año, en una de las reuniones familiares que sucedieron en mi casa, se trató entre los miembros adultos el tema del medio ambiente. Este se abordó desde la perspectiva de las cada vez más numerosas explotaciones extractivas mineras y petrolíferas que amenazan amplias áreas de Colombia. La práctica totalidad de los comentarios iban dirigidas a criticar y denostar la actuación de estas empresas, la mayoría multinacionales, que esquilman los recursos del país, sin importarles las consecuencias sobre nuestro medio ambiente, como son la destrucción de bosques y pastos, de zonas agrícolas, de la contaminación y envenenamiento de las aguas.

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Otros recurrieron al argumento más simplista del “robo” de los recursos naturales del país. En este momento, el que escribe estas líneas, se puso a pensar sobre esa naturaleza arrasada por la codicia y el enriquecimiento rápido y fácil y se acercó con la imaginación a un futuro desolador, con la tierra colombiana repleta de explotaciones a cielo abierto y plataformas petroleras, con un impacto ecológico, visual y económico realmente peligroso. Pero, por otro lado, viendo a mis familiares hablar de estos temas y de sus consecuencias, sin poder hacer nada en estos asuntos, pues se les escapan de las manos, me paré a pensar en lo que hacíamos cada uno de nosotros, de los ahí reunidos, aparte de quejarnos y de “lamernos las heridas”, para preservar y mejorar el medio ambiente.

Ahí me vino a la mente la máxima ecologista de “Piensa globalmente, actúa localmente”, es decir, en la multitud de pequeñas acciones que nosotros podemos hacer cada día, tanto de manera individual como colectiva, en nuestra vida diaria para mejorar o preservar el Mundo en que vivimos y podamos cedérselo para su disfrute y su cuidado a las generaciones futuras.

Estos actos son muy sencillos, basta con aplicar la lógica y el sentido común, planteándose cuestiones sobre cómo mejorar el medio ambiente, cómo reducir tu consumo, o como dicen los medioambientalistas, tu huella ecológica, para poder llevar adelante nuestros planteamientos. Entre estos actos cabe destacar algunos, como usar el transporte público en vez del privado, o mejor aún, usar la bicicleta o ir andando, así a la par mejoramos nuestro organismo con el ejercicio físico; cerrar el grifo cuando no lo necesitamos para ahorrar agua, no solamente en regiones con escasez de ella, sino en las que también tienen exceso hídrico; apagar las luces encendidas no necesarias o usar bombillas de bajo consumo; aprovechar la luz del sol para caldear las casas e iluminar las alcobas; separar los residuos que generamos en nuestros domicilios para que, si existe recogida selectiva, sea más fácil su reciclado; reutilizar y hacer juguetes, papel, jabón con productos ya desechados; eliminar de la cesta de la compra los sobreembalajes; no consumir alocadamente, dejándonos llevar por la moda o la fiebre consumista, sino lo que necesitemos; bajar el volumen de los equipos de audio para evitar la contaminación acústica; no botar basura en el suelo; comprar a los productores locales mejor que a multinacionales, etc.

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Todas estas ideas, junto con otras muchas más, nos pueden conducir, no solo a que pongamos un granito para mejorar nuestro Planeta, mucho más limitado en espacio y en recursos de lo que creemos, sino que incluso nuestra economía notará dicha mejoría y tendremos, por qué no, una mejor conciencia y nos sentiremos más a gusto con nosotros mismos.

Y ya que siempre nos proponemos buenos propósitos y principios de enmiendas al principio de año, ¿por qué no hacer que estos sean acciones encaminadas a proteger y mejorar a nuestra madre Naturaleza? Ella y las generaciones futuras nos lo agradecerán.

Escritor: JUAN JOSÉ GARCÍA

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