TIEMPOS DIFÍCILES PARA ENSEÑAR

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Todos fuimos levantados con la típica frase: “Todo tiempo pasado fue mejor” la cual era repetida a menudo en conversaciones informales que sostenían las personas que considerábamos adultos para esos momentos. Pues este estribillo no es ajeno al mundo de la educación, inclusive me podría atrever a afirmar que los docentes son una de las profesiones que posiblemente más han hecho uso de esta idea … y puede ser real dependiendo de la lectura que se haga del mundo actual. Pero si hacemos un análisis más crítico podemos llegar a una discusión muy amplia sobre este asunto.

El ejercicio docente cada vez es más complejo y exigente desde todo punto de vista y requiere de profesionales que sean idóneos y resilientes, capaces de transformar las realidades propias y las del entorno. Las nuevas demandas del quehacer son el resultado de que a la escuela se le hayan encomendado dos labores en su totalidad: la instrucción y la formación, la primera es la esencia de la misma, mientras que la segunda era una función que se realizaba a cabalidad en los hogares y la escuela solo tenía que dar ciertos matices orientados a cumplir con el perfil de estudiante que pretendiera. Sin embargo en estos momentos vemos como todo este trabajo formativo es casi una responsabilidad total de las Instituciones Educativas a todo nivel, incluyendo las de educación superior, donde sorprende el hecho de que los estudiante cada vez llegan más jóvenes y con serios vacíos en su parte formativa.

Lo anterior, posiblemente es el fruto de las dinámicas familiares modernas, donde los padres brillan por su ausencia en los procesos de crianza y educación de sus hijos, ya sea por disfuncionalidad familiar o por las ocupaciones que los nuevos tiempos traen, amparándose en lo que la escuela pueda hacer por ellos.

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Los docentes entonces, tenemos el deber de llevar a feliz término esta labor que nos ha confiado la sociedad, con una verdadera vocación que nos permita, ser creativos, recursivos, difundir amor por lo que hacemos y generar asombro para cautivar a nuestros estudiantes. En la escuela no solo hay que lidiar con las falencias formativas, sino también con los vacios afectivos y con los distractores tecnológicos de los estudiantes.

Quizás una solución a este fenómeno esté al interior de los mismos docentes, cuando son capaces de reinventarse adaptándose a las necesidades del medio, haciendo una migración de docente a maestro, generando ambientes propicios para el aprendizaje en sus aulas, que permitan un aprendizaje significativo y transformador ; esto es en otras palabras fortaleciendo en los estudiantes los valores, los buenos modales y costumbres, la inteligencia emocional, dándoles pautas para el buen uso y aprovechamiento de las herramientas tecnológicas y el manejo de la información entre otras.

Entre la variedad de soluciones algunas Instituciones le apuestan a pedagogías poco difundidas en nuestro medio como es la Pedagogía Waldorf, donde se pretende prevenir y remediar todos los vacios que han dejado otras pedagogías más reconocidas que en la mayoría de los casos son mal aplicadas y interpretadas por las Instituciones educativas.

También se requiere de maestros investigadores tanto dentro como fuera del aula, que sistematicen sus experiencias y las compartan con sus pares, logrando que sean reproducibles al contextualizarlas en otros lugares. Paradójicamente estamos en un tiempo donde a los docentes se les demanda un mayor compromiso social, una mejor preparación académica, mientras que las retribuciones económicas muchas veces no van de la mano con los esfuerzos que realizan los maestros día a día.

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En la actualidad cientos de miles de estudiante no tienen un norte trazado en sus vidas, porque desde la misma escuela no se enfatiza en la consecución de metas que lleven a culminar con éxito sus proyectos de vida, como si los fines de la educación fueran un misterio para los mismos sujetos inmersos en los procesos educativos. Por todo lo anterior me atrevo a decir que es un tiempo difícil para la enseñanza y de pende de cada maestro cambiarlo por tiempos favorables para el aprendizaje…

Escritor: Javier Lora

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