EL AQUÍ Y EL AHORA, EL HABITAR: Acontecimiento espacio-corporal

En su acepción más básica, el acontecimiento se define como “Hecho o suceso, especialmente cuando reviste cierta importancia”. Y es importante porque es singular, porque es un suceso excepcional, que produce cambios, transformaciones en quien los padece. Evento importante,  que en la relación cuerpo y espacio, es constituido por el acto de habitar, pues es desde dicha acción que se fundamenta la existencia misma de los cuerpos y los espacios, en tanto los primeros se configuran a partir de las estancias que lo albergan y las fuerzas que ejercen sobre él, como a su vez los espacios son superficies vivas, gracias a la interacción de múltiples cuerpos que lo modifican y actualizan.  No es gratuito que Michel Serres en su libro “Habitar” (2011) justamente corrobore dicho verbo como acontecimiento vital, el cual se presenta en cada uno de los seres vivos: humano, animal o vegetal. Pues toda forma viviente, nace, reproduce y produce espacios vitales para morar.

Así, el filósofo francés, al igual que Deleuze, propone una mirada ontogenética a los cuerpos y los espacios, en los que impere lo sensible por encima de lo pensante, gracias a lo cual las formas dejan de ser fenómenos observables, analizados bajo parámetros universales, para ser comprendidas desde la experiencia del aquí y el ahora. De allí que la acción de habitar, sea pues lo que atraviesa la existencia, pues el mundo de lo sensible reside en el contacto vital entre múltiples cuerpos y múltiples espacios; se habita el vientre, se habita la casa, los vestidos, la ciudad, la estación del metro, el supermercado, etc. Cada contacto de los cuerpos con los espacios es un nuevo habitar, un nuevo nacimiento.

Y el ir al nacimiento de las formas, como posibilidad de conocimiento, es la invitación de la mirada posmoderna, en la que la ontología imperante en el siglo XIX, se transforma en un pensamiento ontogenético, que como su nombre lo indica, comprende la existencia desde lo vital. Se entiende el habitar de los cuerpos en los espacios como acontecimiento importante que configura nuestra experiencia de vivir. Este es un énfasis que nos lleva a la pregunta por el origen primogénito de los cuerpos, en donde estos son un compuesto de fuerzas y sensaciones, de sentidos y percepciones fluctuantes, que habitan las formas como vientres. De allí, que Serres nos hable de los cuerpos vivos gestados en espacios vitales, pues “habitamos lugares. y esta simple palabra oculta un tesoro.” (Serres, 2010: p. 9). Es lo valioso de lo vital, pues habitar es sinónimo de cuerpos que residen intensamente en espacios,  aquellos que se transforman y lo transforman, como pasa con el feto de la madre en su útero, en la cuna carnosa que lo acoge para alimentarlo y hacer que nazca un otro cuerpo, presto a habitar otros espacios.

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Y todos los cuerpos somos producto de otros cuerpos, aquellos que al alojarnos, se hacen a su vez espacio, estancia. De tal suerte, los espacios son úteros, superficies madres, que nos acogen para en ellos morar, y así como el feto, anidar en el cuerpo y también salir, para seguir habitando otras estancias; pues cada espacio, al igual que el vientre, implica residir; pero también nacer, aflorar a la superficie, e internarse en ella. Razón por la cual, los cuerpos siempre habitarán los espacios, y estos luego de albergarlos los expulsarán. Y pese a esta acción de construcción y deconstrucción, siempre los cuerpos siguen requiriendo de los espacios para existir, por eso transitan por múltiples superficies, que lo reciben y a su vez lo rechazan, como paso en su primer nacimiento, momento en el cual la madre expulsa a su hijo de su cuerpo, pues lo recibe pero también lo saca de sí. De allí que los cuerpos no tengan una residencia fija, en tanto en el cambiar de estancias está el secreto del existir, y con ello la característica fundamental del habitar. Al respecto Serres nos dice:

¿De dónde venimos? De un vientre sereno y silencioso donde sobreabundan frutos deliciosos. Felices como lo fuimos, nunca más lo volveremos a ser. ¿De dónde venimos? Del Edén. ¿Por dónde pasamos? Por el canal materno. A estas dos preguntas contesta el lugar: el útero y la vagina. ¿A dónde vamos? Afuera. (…) ¿Quiénes somos? Habitantes desalojados, antiguos inquilinos de locus, okupas ilegítimos. Desplazados, expulsados, expatriados, reprimidos. Desterrados del lugar. Sólo vivimos en nuestras vidas en los arrabales. Estamos en el mundo como en los extramuros del vientre materno. El acto de nacer y de morir responde pues a nuestra pregunta. (Serres, 2012: p. 10)

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Venimos, vamos y somos espacios, razón por la cual los cuerpos están adentro y afuera de las superficies como condición de vida, de allí que el habitar sea la acción vital que más que ser pensada es sentida pulsionalmente por sus participes.  Es por eso que Serres,  nos indica que: “Meditar sobre habitar pasa por tres preposiciones, quiero decir tres posiciones o tesis,  tres hábitats o lugares de origen, en, fuera y por el interior, el exterior y el paso a través de un umbral.” (Serres, 2012: p. 27). El cuerpo está en cuando habita el vientre materno, luego al salir está fuera de, sin embargo hasta su muerte es por los espacios que el cuerpo evoluciona, se transforma. En este sentido, Habitar es condición de vida, lo cual señala la certeza de nuestra existencia espacial; formas en las formas, hábitos en los hábitats, cuerpos que están en los espacios, aquellos que se vinculan con sus fuerzas, que producen fuerzas. Es por ello, que los acontecimientos, son sucesos vividos con intensidad, los cuales dejan sus registros en los cuerpos y las superficies en las que acaecieron.

Por: Carlos Gabriel Arango Obregón

(Fragmento de ante-proyecto de tesis para

Maestría en Dramaturgia y Dirección)

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