AUTORIDAD, UNA MIRADA FILOSÓFICA A UNA NOCIÓN EN CRISIS

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Me ocuparé de la noción de autoridad, desarrollando la elaboración del filósofo ruso Alexander Kòjeve, quizás uno de los más lúcidos lectores de Hegel, en una obra donde pone en primer plano la importancia del problema de la esencia de la autoridad. Reconoce cuatro aportes teóricos fundamentales sobre la autonomía: la teoría teológica, que propone la autoridad como atributo de Dios y que derrama sobre otras autoridades; la teoría platónica, que plantea como esencia de la autoridad a la idea de justicia; la teoría aristotélica, según la cuál la autoridad se funda en la posesión del saber o la sabiduría; y finalmente la teoría hegeliana, que propone como paradigma de autoridad la relación entre el Amo y el Esclavo.

Kòjeve lleva adelante a partir de estas teorías un análisis fenomenológico que permite identificar los fenómenos de autoridad y vincularlos a alguna de esas teorías para así considerar si son válidas como explicaciones de la noción en cuestión. Posteriormente se abocará a otros tipos de análisis filosóficos pero estimamos el análisis fenomenológico como el núcleo de la teoría del autor. Este análisis comienza con una definición general, nominal, que permite identificar los fenómenos que pueden ser incluidos bajo tal definición. Autoridad existe en tanto halla movimiento, acción, cambio, pues sólo puede haberla ante algo que pueda reaccionar.

Hay dos partes en relación de autoridad, quien la ejerce, productora del cambio, y quien la obedece, quien padece el cambio. Por este carecer activo de la autoridad el autor define como agente a quien se halla investido por ella, se infiere el carácter social de la autoridad, pues es una relación que vincula al menos a dos partes. Es un presupuesto de la acción autoritaria la posibilidad de oposición por parte del destinatario, reacción a la cual éste último renuncia de manera consciente y voluntaria. Si no existiese esa posibilidad, y si no se reacciona por elección consciente, no habría una relación de autoridad. Esto excluye la posibilidad de discusión, pues implicaría un movimiento en el comportamiento del agente; igualaría al agente con el destinatario y allí donde hay igualdad no existe autoridad.

Tampoco hay nada que vincule a la fuerza, como violencia, con la autoridad; utilizar la fuerza para producir un cambio en la conducta de otro verifica en el mismo acto la ausencia de autoridad. Un elemento que aporta Kòjeve es el reconocimiento como atributo indisociable de la autoridad, así como también la legitimidad. No puede haber autoridad no reconocida, pues no sería autoridad, y reconocer una autoridad como tal es aceptar su legitimidad y no cuestionarla, sino sólo respetarla. Pero este reconocimiento y legitimidad no son definitivos, pueden sucumbir en cualquier momento, pues la reacción del destinatario es siempre una posibilidad en ciernes, es allí donde juega su rol la justificación de toda autoridad, su razón de ser, que la actualiza permanentemente como tal. Allí hay otro atributo de la autoridad, existe siempre sobre el riesgo de reacción. Se pueden establecer cuatro tipos ideales de autoridad: la del Padre sobre el Hijo; la del Amo sobre el Esclavo; la del Jefe sobre la Banda; y la del Juez. Podemos a su vez atribuir a cada uno de esos modelos una teoría que la explica y la considera como definición de autoridad: a la primera corresponde la teoría hegeliana; a la segunda la teoría teológica; a la tercera la teoría de Aristóteles; y la última la teoría de Platón.

El elemento que justifica la autoridad del Amo sobre el Esclavo, según la teoría hegeliana que la pretende explicar, es el elemento de riesgo que asume el Amo en la lucha por el reconocimiento que lo enfrenta al Esclavo. El Amo decide encontrar el reconocimiento, mientras que el Esclavo elige renunciar a la reacción frente al Amo por miedo, reniega del factor de riesgo que la lucha implica.El elemento que es razón de ser de la autoridad, presentado en la teoría aristotélica, es la capacidad de previsión del Jefe, que se anticipa a la mirada del resto, proyecta e impone su proyecto a la Banda, que sólo puede concebir la inmediatez y por eso no tiene mejor alternativa que dejarse guiar por el Jefe. Aquí podemos encontrar, según Kòjeve, la razón de ser de la autoridad del maestro frente al alumno, que renuncia a reaccionar frente a aquel pues reconoce la desigualdad de posiciones con respecto al Saber, que el maestro posee y que él sólo poseerá en el futuro, en la medida que recorra el camino ya transitado por el maestro. El alumno se deja guiar por el maestro pues éste ya lo ha recorrido y conoce el mapa y el terreno; esto muchas veces se aplica no sólo al conocimiento que posee el maestro sino a su propio desarrollo como persona y como ciudadano, vinculando la cuestión de la autonomía, podríamos decir aquí que el maestro ya se conformó como sujeto autónomo y el alumno sólo llegará a ese estado si lo obedece.

En la teoría platónica encontramos la justificación de la autoridad del Juez, porque sólo reconoce autoridad allí donde hay un basamento de Justicia o de Equidad, y es más claro si la entendemos como imparcialidad.Finalmente, en la teoría teológica encontramos como base de la autoridad del Padre a una autoridad superior, la divina, que legitima y da realidad a toda autoridad. En tanto que Dios es “padre”, reconocido como tal por el hombre, como creador, causa, su creación, como cualquier efecto, está impedido de reaccionar frente a su causa, se reconoce la autoridad divina en la medida que se acepta ser efecto de esa creación que encarna el acto divino.
Hicimos un breve un recorrido filosófico acerca de la noción de autoridad. Tal concepto debe ser pensado y vinculado con prácticas propias de la educación en general, y de la escolarización en particular, pues resulta una noción mencionada y diagnosticada en crisis recurrentemente en los ámbitos educativos.

Escritor: Florencia Montiel

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