EL SUEÑO, ¿CIENCIA O FANTASÍA?

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El concepto de sueño actualmente, es comprendido como un término ambiguo dado a sus diversas connotaciones, ya sea desde un enfoque científico o literario; éste último abarca estudios de la mística y el esoterismo que es analizada por gnósticos y médiums brindando una serie de herramientas bastante interesantes a nivel cultural sobre lo que significa en si el hecho de dormir.

Sin embargo, el lector no se puede quedar con esta definición, puesto que los diversos puntos de vista han sido analizados durante toda la historia, desde la misma Biblia con el caso de José, a quien le vaticinaron el infortunio de su pueblo para que fuera comentado a Faraón y se preparara para una catástrofe ya escrita.
Lo anterior, es tan solo un ejemplo de la importancia que tuvieron las premoniciones en la toma de decisiones, en donde las culturas creían ciegamente en esas imágenes nocturnas; su impacto fue tan grande que creyendo las hipótesis y existencia de los líderes Egipcios, vemos que hasta los propios gobernantes tenían la certeza que el hecho de soñar, eran presagios de lo que debían hacer para liderar y tomar las acciones más pertinentes en cada uno de los aspectos sociales e inclusive de su vida sentimental.

Luego, con la consolidación de los grandes Imperios, como es el caso de los griegos y romanos, la panorámica poco cambió, ya que su rigor de credibilidad se incrementó considerablemente en el sistema politeísta que sustentaba su filosofía.
Su importancia llegó a extremos porque la sociedad creía ciegamente en dichas visiones y las aplicaba con rigor a su modus vivendi porque se pensaba que eran mensajes de las deidades.
Sus finalidades eran tan amplias que también se utilizaban para conocer el futuro con cierta clase de herramientas que inventaron, como es el caso del oráculo , que según investigaciones, se cree que hacía dormir a la gente y orientaba el quehacer profesional del que lo consultaba.

Ahora bien, los rituales para poder comprender la significación de los sueños, eran bastante engorrosos, ya que se tenía la costumbre de sacrificar animales y el ayuno para purificar el alma y así darle claridad a la mente.
Las influencias de este fenómeno social, comprendido para la época eran considerados de proporciones mayúsculas, ya que los ecos de los sueños llegaron hasta el Senado, quienes se ceñían a las predicciones que hacían los vates y uno que otro zahorí de ese entonces, y le daban el reconocimiento legal necesario.

Lo anterior, deja claro que no se trataba solamente de un aspecto fantasioso sino de una necesidad antropológica de las civilizaciones. De igual forma, vemos figuras como Hipócrates , quien fue uno de los fundadores de la medicina científica, quien creía que los sueños ejercían una gran influencia sobre la salud y los utilizaba como diagnóstico de las enfermedades, de ahí que se hable del epistemes de la ciencia en este campo.

A nivel de textos, podemos encontrar grandes epopeyas que nos hablan sobre el tema en mención, como es el caso de la conocida Obra “La Odisea , en donde sus personajes confrontaban una serie de situaciones que se regían por órdenes mitológicas que pronosticaban el destino de cada uno de los mortales.
Ejemplo de ello, es el caso de Penélope, quien sueña con un águila que devora las ocas; el ave, representa la esperanza dentro del texto según la interpretaciones de Homero, puesto que metafóricamente representa el símbolo del regreso de su esposo después de cuarenta años de abandono.

Posteriormente, esta perspectiva de revelaciones divinas en las que se concebía al sueño, se mantuvo estática en la Edad Media que, por medio de su sistema estricto teocentrista, mostraba marcas tortuosas con fuertes represiones, ya que se pensaba que si los hombres tenían pesadillas, era síntoma de contaminación del alma y por ende era impía y atentaba en contra de los principios, lo cual traía como consecuencia rendir penitencia y constante contacto con la Iglesia.

A posteriori, y el paradigma revolucionó con la entrada del Renacimiento , en donde grandes pensadores como, Leonardo Da Vinci, Nicolás Copérnico y otros agentes transformadores, hicieron que se mirara nuestra realidad con una mirada diversa, en donde no había cabida para otra concepción de verdad aparte de las fuerzas sobrenaturales.

Es importante acuñar que, la maduración de la ciencia no se logró de un momento para otro, sino que esta se debe a grandes procesos reflexivos muy paulatinos que se dieron en el humanismo y con sucesos de trascendencia como es el caso del descubrimiento de América, en donde la Cultura Española, se encontró con grandes Civilizaciones como lo son los Incas, Mayas y Aztecas, quienes también tenían la concepción sagrada del sueño y en ella veían una figura muy similar a la de los griegos.

Esto a su vez, dejó de existir “gracias” a la aniquilación por parte de los colonizadores y de ahí en adelante, se implementó el pensamiento de los europeos, el cual vino madurando hasta que se habla de la época moderna que prácticamente empezó en el siglo XIX con la emancipación de las ciencias exactas y su método aplicativo en el entorno global.
A partir de esto, se habla y se discrepa entre la terminología de las humanidades y ciencias exactas sobre el sueño porque para muchos, este término pertenece al estudio de la primera mencionada, ya que carece de un objeto de carácter formal y son tan solo representaciones falsas.

Por otro lado, se indica que sus postulados se enfocan más hacia la ciencia, ya que efectivamente se desarrolla en el cerebro porque se habla de caracteres neurológicos que se asocian y representan emociones como reacción de algo que se desea o de reprime.
Por otra parte, teóricos reconocidos como es el caso de Sigmund Freud , quien en el siglo XX fue reconocido por sus grandes aportes al Psicoanálisis, brindó en su mayor obra titulada “La interpretación de los sueños ” un esbozo bastante complejo sobre el funcionamiento del cerebro.

En su obra, “mantiene que todos los sueños representan la realización de un deseo, incluso los sueños tipo pesadilla”.
Lo que nos deja como reflexión, que no solamente el soñar es de algo que se añora sino de algo que nos tortura y a la vez nos hace felices como tendencia psicópata y que es muy común en nuestra sociedad.
Finalizando, puede concluirse que el sueño seguirá siendo un enigma que hoy en día es empleado como un gran negocio en las redes sociales y centros esotéricos; Igualmente, se recalca que esta clase de visiones, son un componente elemental que nos diferencia de los demás seres y seguirán siendo uno de los motores más importantes para hallarle sentido a la vida, inclusive mucho mejor cuando se hace con los ojos abiertos para escapar de la realidad que muchas veces nos mortifica por su impetuosa crueldad.

Escritor: Steven Téllez.

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