Modernismo – 4

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Adopta las técnicas de descripción y análisis típicas del Naturalismo: la influencia que el medio ejerce sobre los personajes contra la que lucha el protagonista o la interrelación hombre-medio.[1]

Consecuencia: predominio de la narración sobre el diálogo. Características:

– Lengua y estilo narrativo. El lenguaje responde a una intención estilística. Introducción de los elementos enfáticos y afectivos propios de la lengua hablada: diminutivos, aumentativos, exclamaciones, insultos,vulgarismos, repeticiones, pleonasmos.[2]

– Visión trágica del mundo rural. Las acciones se desarrollan en un marco no-ciudad, preferentementela montaña. El mundo rural no es considerado como un lugar idílico, de vida no contaminada sino que es enfocado de una forma cruda, negra y pesimista.[3]

La naturaleza representa las fuerzas primarias, brutales del instinto, de las bajas pasiones. Se presenta como destructora del individuo, de lalibertad, de la fuerza creativa. El campesino es la rutina, la hostilidad a todo lo nuevo, la sumisión fanática a tradiciones opresivas, la dependencia de las deficiencias morales que se derivan: avaricia, egoísmo, mezquindad.

Los modernistas idealizan el solitario, el marginado, figura que hay que interpretar como el artista e intelectual modernista que se enfrenta a las masas, a las multitudes, a las que trata de regenerar. Plantea las relaciones entre un individuo inquieto y revuelto y una masasocial pasiva, que intenta asfixiar las pretensiones renovadoras del personaje.

– Simbolismo. La narración modernista es un encadenamiento de símbolos detrás de un referente real. Es la realidad misma que el Modernismo capta como un conjunto de signos de misterio, delo desconocido.

– Fuerte carga erótica, de un erotismo reprimido, que a menudo estalla en forma de «sacro» (ordinario).

El teatro sufrió una renovación profunda y se convirtió en una de los géneros más característicos del Modernismo porque satisface los principios del Arte-Síntesis o arte total (literatura, interpretación,arquitectura, música, …)

– Teatro regeneracionista, vitalista o ibseniano (Ibsen). Teatro social y de ideas. Crítica social ácida ,profundo análisis psicológico y un fondo de melancolía y misterio.             Los temas giran en torno a lalibertad individual y del conflicto que este ideal conlleva cuando se topa con los derechos colectivos.Técnicas: verosimilitud de los personajes, problemas cotidianos e incorporación de la realidad ala escena. [4]

Expone realidades tranfigurades y simbólicas. Se quiere conmover al espectador a través de sugerencias o impresiones. Lospersonajes son seres huelgas, idealizados, dominados por la tristeza y la melancolía.

La Revolución Francesa de 1789 significó la ruptura de las estructuras del Antiguo Régimen en Francia.  La Guerra del Francés duró de 1808 a 1814 y se caracterizó por la actuación de partidas guerrilleras y para sitios remarcables como el que sufrió la ciudad de Girona. La convocatoria de las Cortes de Cádiz es la muestra más evidente que, políticamente, el país estaba cambiando. La primera constitución española de 1812-si exceptuamos la de Bayona hecha por los franceses-significó el primer texto legal de corte liberal y en su redacción tuvo un papel importante el catalán Antoni de Campmany.[5]
El retorno del rey Fernando VII en 1814 supuso la suspensión del texto constitucional y el retorno del absolutismo. Parecía que se volvía a la situación anterior, pero la inestabilidad política y las dificultades económicas, con un empobrecimiento de la población y con un panorama de quiebra de la hacienda real, hacía muy difícil el recuperación si no tributaban las clases privilegiadas y si no había un reparto de la riqueza territorial.[6]

A partir de aquí, los levantamientos militares de corte liberal menudearon. Al principio de 1820, el coronel Riego hizo un pronunciamiento que triunfó y volvió la constitución de Cádiz.

El trienio liberal, tal y como se conoce este periodo, tendió a aplicar medidas liberales para enderezar la economía (libertad económica industrial, primera desamortización eclesiástica …), reordenar la presencia de casas de religiosos y favoreció las libertades públicas. El levantamiento realista, hijo de la mala coyuntura agraria y de la conspiración nobiliaria, puso al país en medio de una guerra civil que, con la ayuda de los ejércitos de la Santa Alianza-los Cien Mil Hijos de San Luis-derrocaron al gobierno y abolieron otra vez la constitución.

Entraríamos, posteriormente en la década ominosa 1823-33, que echó atrás todas las medidas decretadas durante el Trienio Liberal. A la muerte del rey Fernando VII se planteó un conflicto sucesorio entre la regente María Cristina, que reinaba en nombre de su hija Isabel una vez había sido derogada la Ley sálica que prohibía a las mujeres reinar, y Carlos, el hermano del rey, que reclamaba los derechos sucesorios. Esto sería el origen del carlismo que tantos años duró en la historia de España.[7]

De 1833 a 1874 veremos cómo, por un lado, se va formando España como un estado liberal y, por otro, notamos tensiones de todo tipo en su consolidación. La formación del Estado liberal español se vio rodeada del hecho bélico de la Primera Guerra Carlista.

La desamortización (venta de tierras de la iglesia) que tenía como finalidad disminuir el déficit de la hacienda y pagar el ejército que combatía a los carlistas fue una de las medidas más importantes de la revolución liberal. Aunque embargo, no consiguió que el campesinado accediera a la propiedad de la tierra.

La controversia política la protagonizaban los moderados y los progresistas. Los primeros tenían un concepto más autoritario, querían dar más protagonismo a la corona, eran más restrictivos con las libertades y apostaban por un sufragio restringido. Por el contrario, los progresistas tenían un concepto más amplio de la soberanía nacional y eran partidarios de amplias libertades. Durante estos años hubo gobiernos progresistas y moderados, siendo estos últimos predominantes y, en última instancia, los que caracterizarían el estado liberal español.[8]



[1] P. Cerezo Galán, Palabra en el tiempo. Poesía y filosofía en Antonio Machado,

Madrid, Gredos 1975. Pp. 81 – 152

 

[2] V. García Hoz, Vocabulario usual, común y fundamental (determinación y análisis de sus factores), Madrid 1953, pp. 188 – 215

 

[3] Acereda, Alberto (ed.), El Modernismo poético. Estudio crítico y antología, Salamanca, Ediciones Almar, 2001.

Crespo, Ángel (ed.), Antología de la poesía modernista, Tarragona, Ediciones Tarraco, 1980.

Esteban, Ángel y Sabido, Vicente, Antología del modernismo literario hispánico, Granada, Comares, 2001.

Fernández Molina, Antonio (ed.), Antología de la poesía modernista, Madrid, Ediciones Júcar, 1982.

Fuentes Hernández, Víctor (ed.), Poesía bohemia española. Antología de temas y figuras, Madrid, Celeste Ediciones, 1999.

Gimferrer, Pere (ed.), Antología de la poesía modernista, Barcelona, Seix Barral, 1969; Barcelona, Península, 1981.

Gómez Bedate, Pilar (ed.), Antología de la poesía modernista, Barcelona, Hermes, 1999.

Gullón, Ricardo (ed.), El modernismo visto por los modernistas, Barcelona, Guadarrama, 1980.

[4] V. García Hoz, Vocabulario usual, común y fundamental (determinación y análisis de sus factores), Madrid 1953, pp. 188 – 215

[5] V. García Hoz, Vocabulario usual, común y fundamental (determinación y análisis de sus factores), Madrid 1953, pp. 188 – 215

[6] Acereda, Alberto (ed.), El Modernismo poético. Estudio crítico y antología, Salamanca, Ediciones Almar, 2001.

Crespo, Ángel (ed.), Antología de la poesía modernista, Tarragona, Ediciones Tarraco, 1980.

Esteban, Ángel y Sabido, Vicente, Antología del modernismo literario hispánico, Granada, Comares, 2001.

Fernández Molina, Antonio (ed.), Antología de la poesía modernista, Madrid, Ediciones Júcar, 1982.

Fuentes Hernández, Víctor (ed.), Poesía bohemia española. Antología de temas y figuras, Madrid, Celeste Ediciones, 1999.

Gimferrer, Pere (ed.), Antología de la poesía modernista, Barcelona, Seix Barral, 1969; Barcelona, Península, 1981.

Gómez Bedate, Pilar (ed.), Antología de la poesía modernista, Barcelona, Hermes, 1999.

Gullón, Ricardo (ed.), El modernismo visto por los modernistas, Barcelona, Guadarrama, 1980.

[7] P. Cerezo Galán, Palabra en el tiempo. Poesía y filosofía en Antonio Machado,

Madrid, Gredos 1975. Pp. 81 – 152

[8] P. Cerezo Galán, Palabra en el tiempo. Poesía y filosofía en Antonio Machado,

Madrid, Gredos 1975. Pp. 81 – 152

Autor: Wang Jung

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