Soria y Leonor – Antonio Machado

      No hay comentarios en Soria y Leonor – Antonio Machado

“ En 1907 obtuve cátedra de Lengua francesa, que profesé durante cinco años en Soria. Allí me casé, allí murió mi esposa,cuyo recuerdo me acompaña siempre.” ”Si la felicidad es algo possible y real-lo que a veces pienso-yo la identificaría mentalmente con los años de mi vida en Soria y con el amor de mi mujer…” Soria es la ciudad capital de la provincia de Soria, en la Comunidad Autónoma de Castilla y León. Su término municipal tiene una superficie de 271,77 km².Está a orillas del río Duero, en su curso alto. Su término municipal lo componen la propia ciudad de Soria, el Barrio Las Casas a 1 km de la ciudad y tres localidades: Oteruelos, Pedrajas y Toledillo. (recurso electrónico)  Situada en el norte de España, Soria es una ciudad pintoresca que recoge todas las memorias amargas y dulces de Antonio Machado.

 

Soria es una de las capitales más poéticas de España. A ello ha contribuido el paso por la ciudad de vates tan definidos de nuestra lírica como Bécquer y Gerardo Diego. Sobre la de ambos despunta la figura de Antonio Machado, el mayor poeta español del pasado siglo XX, por ser quien dejó una huella más profunda con un puñado de palabras verdaderas. Por eso su recuerdo permanece todavía vivo.

El alma de Soria está tan a flor de tierra que en cualquier parte se percibe: en sus piedras llenas de Historia, en sus plazas recoletas, en sus encrucijadas llenas de misterio, en las portadas románicas de sus templos…Y luego sus recuerdos; toda la ciudad está llena de recuerdos emocionantes. Aquí, en una plaza, la lápida que  recuerda el paso de Bécquer:” En esta casa vivió Gustavo Adolfo Bécquer”.¡ Claro ! Es que Soria es ciudad para vivir poetas. También Lope de Vega dicen que vivió aquí dos años.

Y Antonio Machado. Don Antonio aquí se maduró como poeta. Su sombra y sus huellas están aún en todas partes: en los claustros del Instituto, en el paseo que conduce a San Saturio, en la barbacana del Mirón desde donde tantas veces contempló el paisaje, en el cementerio del Espino. Allí sobre todo, junto al sepulcro de la esposa, la presencia de Machado casi se hace sensible.  

En 1907, como sabía que la clasificación de su puesto catedrático no era tan favorecida como esperaba, el poeta fue a Soria, la más pequeña de todas las capitales de provincia española. Aunque el nombramiento llevaba fecha de mediados de abril, el poeta no llegó a su destino hasta el 4 de mayo. Poco después de llegar a Soria, el poeta cultivó su costumbre de pasear por los campos y a la orilla de Duero, o bien trepar por los pedregales mientras contemplaba el paisaje a lo largo del camino. Su formación en la escuela de Giner le había dado un verdadero amor por el campo, una nueva óptica para el caminar por riscos y jarales.

Al principio, la vida del poeta era gris y monótona. Pero a principios de 1908, en cuanto se mudó a la segunda pensión situada en la Plaza de los Teatinos, un encuentro a la hora de la cena en el comedor de la pensión con Leonor Izquierdo Cuevas, hija hermosa de los dueños de la pension, dió inmediatamente colores vivos a su espíritu. Para Antonio Machado, era la primera vez que alguien entraba  en sus adentros y despertaba el instinto de amar.

Pese a la gran diferencia de edad, diecinueve años, el poeta se enamoró de aquella muchacha.(aunque expresó su propia duda en los versos del poema En Tren)La vida de Antonio fue ya completamente diferente. Para no asustarle a ella, el poeta sólo se atrevió a observarla, en principio, de lejos, mientras cuando ella charlaba o jugaba con otras chicas de su edad. Poco a poco, a medida que aumentó del contacto, Leonor notó la presencia de este hombre tímido y percibió la pasión escondida que por ella sentía. Finalmente, los dos contrajeron matrimonio el 30 del julio de 1909.

El poeta recuerda entonces aquellos versos que fueron como un presentimiento de este amor que le acababa de nacer:

 

…”Un día

me sorprendió la fértil Primavera

que en todo el ancho campo sonreía.

 

Brotaban verdes hojas

de la hinchadas yemas de ramaje

y flores amarillas, blancas, rojas,

alegraban la mancha del paisaje.

 

y era una lluvia de saetas de oro

el sol sobre las frondas juveniles;

del ancho río en el caudal sonoro

se miraban los álamos gentiles.

 

Tras de tanto camino es la primavera

vez que miro brotar la Primavera,

dije, y después declamatoriamente;

¡ Cúan tarde ya para la dicha mía !

Y luego, al caminar, como quien siente,

alas de otra ilusión: ¡ Y todavía

yo alcanzaré mi juventud un día!”

 

Y aquí también hay un poema famoso escrito por Antonio antes de casarse con su novia niña:

 

He vuelto a ver los álamos dorados,

álamos del camino en la ribera

del Duero, entre San Polo y San Saturio

tras las murallas viejas

de Soria-barbacana

hacía Aragón en castellana tierra.-

 

Estos chopos del río, que acompañan

con el sonido de sus hojas secas

 

el son del agua cuando el viento sopla

tienen sus cortezas,

grabadas iniciales que son nombres

de enamorados, cifras que son fechas,

 

¡ Álamos del amor que ayer tuvistéis

 Ruiseñores en vuestras ramas llenas !

¡ Álamos que seréis mañanas liras

del viento perfumado en Primavera;

álamos del amor, cerca del agua

que corre, pasa y sueña,

álamos de las márgenes del Duero

conmigo váis, mi corazón os lleva !”

 

Después de una breve estancia en Madrid con objeto de presentar a su esposa a la familia, el poeta regresó a Soria para continuar las clases. Ya había logrado compañía cuando paseaba por las riberas del Duero y por los campos. De verdad, ese mayor auditorio inspiró mucho a su sensibilidad poética. La verdad es que Leonor ha sabido llegar hasta el fondo del alma del poeta. ” Cuando se casa-dice José Posada-no es sólo su mujer sino la dueña absoluta de todos sus cauces hondos.” Unos años más tarde, cuando quiera resumir esta época feliz de su vida escribirá:”Me casé en Soria con una mujer a la que quise con toda mi alma y cuyo  recuerdo me acompaña siempre.”

Entretanto Machado trabaja febrilmente para preparar un libro en el que tiene puesta toda su ilusión. Se titulará “Campos de Castilla”. Algunos de los poemas que figurarán en este libro han sido publicados en algunas revistas de Madrid y merecieron grandes elogios de la crítica. El poeta quiere ahora enriquecer la colección con nuevas composiciones en donde recoja aspectos inéditos del paisaje soriano,  que cada día se le presenta con más profundidad y más ricos matices de  poesía y de belleza. Por fin, terminó de escribir Campos de Castilla y se lo envió a Gregorio Martínez Sierra, quien lo editó en 1912, después de la muerte de Leonor.

A principios del año 1911, debido a una beca concedida por la Junta de Ampliación de Estudios del Gobierno de Madrid, el poeta se dirigió a París junto con Leonor. Para ellos, era el momento en que realizó el sueño de visitar aquella ciudad encatandora. Durante este viaje, mientras seguía los cursos de Bedier y de Bergson en el Colegio de Francia, el joven matrimonio visitaba frecuentemente a Rubén Darío y a Francisca Sánchez.

Al principio, Antonio Machado y Leonor deseaban veranear en Inglaterra. Pero

un vaivén repentino puso un punto final en el plan. En la tarde del 14 de Julio, cuando todo el mundo estaba bulliendo en fiestas en París, Leonor, fue atacada súbitamente por una grave hemoptisis, síntoma de tubercolusis pulmonar, la  misma enfermedad que tuvo el padre del poeta. Aunque fue hospitalizada al día siguiente, no la dieron el alta hasta septiembre.

Después de pasar por Madrid, el poeta preocupado retornó a Soria acompañando con su esposa enferma. Desde aquel entonces, Machado le prodigó toda su atención durante varios meses con gran desvelo, y oró por su salud cada día. Pasado algún tiempo, parecía que Leonor ya había mejorado. Para que ella pudiera tomar el aire fresco, la sacaba de vez y cuando al Santuario de Nuestra Señora del Mirón, para acercarse a la naturaleza. Al mismo tiempo, el poeta también expresó su más profunda esperanza y pidió otro milagro de la vida a Dios,  wen los últimos versos del poema A un olmo seco.

Desafortunadamente, aunque el poeta no dejaba de pedir y esperaba “otro milagro de la Primavera”, al final, Leonor lo logró vencer la enfermedad. Exhaló el ultimo suspiro en los brazos de su marido poeta en la mañana del primer día de agosto, 1912. Escribió el poeta cómo perdió a su niña :

“Una noche de verano

-estaba abierto el balcón

y la puerta de mi casa-

la muerte en mi casa entró.

Se fue acercando a su lecho

 

-si siquiera me miró-

con unos dedos muy fríos

algo muy tenue rompió.

 

Silenciosa y sin mirarme

la muerte otra vez pasó

delante de mí: ¿ Qué has hecho ?

la muerte no respondió.

 

Mi niña quedó tranquila,

dolido mi corazón

¡ Ay; lo que la muerte ha roto

era un hilo entre los dos!”

 

La enterraron dos días después en el cementerio católico. La efímera felicidad que el poeta había experimentado durante tres años desapareció;  toda la dulce memoria ya se convirtió en una pesadilla dolorosa que obsesionó al poeta durante el resto de su vida. Viejo y cansado en el alma, Antonio abandonó Soria y se marchó a Baeza, y más tarde a Madrid, para otra trayectoria errante sin destino. Nunca volvió a aquella ciudad que le hizo evocar la tragedia insorportable de su corazón roto.

Autor:  Wang Jung

Deja un comentario