Breve historia del desarrollo sostenible a nivel mundial

La Conferencia de las Naciones Unidas sobre el Medio Ambiente Humano, celebrada en Estocolmo en 1972, puso las bases para una conciencia medioambiental al hacer un llamamiento para mejorar la comprensión de los impactos de la acción humana sobre el planeta y sus repercusiones futuras, con el Plan de Acción para el Medio Ambiente Humano. En 1972 también ve la luz el Informe del Club de Roma titulado «Los límites al crecimiento «, que generó una fuerte polémica, la cual ayudó a ir madurando el concepto de sostenibilidad.
Las primeras aportaciones sobre el concepto de uso y gestión sostenible de los recursos naturales en el contexto del desarrollo económico y social, se pueden encontrar en las propuestas de proyectos conjuntos y colaborativos, que a mediados de los años setenta, la UNESCO elevó en el marco de su Programa intergubernamental sobre «El Hombre y la Biosfera «(MAB) al Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUMA). En 1980, la Estrategia Mundial para la Conservación (UICN / PNUMA / WWF), ya promueve abiertamente el concepto de desarrollo sostenible.

Es en 1987 con el informe ‘Nuestro futuro común’, más conocido como Informe
Brundtland, cuando se populariza el concepto de desarrollo sostenible. El
Informe Brundtland define el «desarrollo sostenible» como «el desarrollo
que satisface las necesidades de las generaciones presentes sin comprometer la
capacidad de las generaciones futuras para satisfacer sus propias necesidades”.[1]

Esta definición ha sido profusamente comentada, no exenta de algunas críticas por falta de concreción o por limitaciones conceptuales. Entre las más destacadas se pueden citar las aportaciones de Solow y Sen. En opinión de Sen, a partir de esta definición queda claro que la problemática del medio ambiente no puede ser entendida de forma independiente de sus impactos en las vidas de las personas y en la mejora de su calidad de vida. En segundo lugar, la definición lleva implícita  una llamada a la necesidad de intervenir, debido a que la acción humana no sólo puede tener efectos negativos sobre el medio ambiente, sino que existe también la posibilidad de definir políticas proactivas que favorezcan la intervención humana en favor de la preservación del medio ambiente, especialmente cuando esta intervención está basada en la investigación científica y en la
determinación de sistemas de indicadores. Finalmente, en opinión de Sen, existe
una cierta inconcreción en esta definición a la hora de definir qué se entiende por
«Satisfacción de las necesidades humanas»[2], las personas no sólo tienen
necesidades, sino que también tienen valores. Desde este punto de vista, Sen recuerda la aportación de Solow el redefinir el concepto de «desarrollo sostenible» como la exigencia de que se deje para la siguiente generación «todo lo que se requiere para disfrutar un nivel de vida al menos tan bueno como el nuestro y para garantizar el mismo para las generaciones siguientes»[3], lo que supone dos aportaciones importantes: entender las necesidades humanas desde el punto de vista del nivel de vida, y otorgar una universalidad perenne en la cobertura generacional.

La aportación de Solow[4] no  dice nada en cuanto a los valores, y aquí es seminal la aportación de Sen[5]. El concepto de «desarrollo sostenible» tiene que ver también con valores, y muy especialmente, con el concepto de responsabilidad. Así tenemos una responsabilidad compartida no sólo con otras generaciones, sino también con la preservación de otras especies (concepto de biodiversidad), o con una visión global que nos aporta, por ejemplo, la problemática del cambio climático, independientemente de que estas acciones que se emprenden para defender la preservación de una determinada especie o por evitar los efectos de inundaciones en una pequeña isla habitada del Pacífico, por la subida del nivel del mar, no afecten directamente a nuestros niveles de vida. Son acciones en las que es obligado platear apelando al sentido de la responsabilidad, ya que
es la única especie en el planeta que tiene (tenemos) el poder de destruirlo o no, y por tanto, la responsabilidad de su preservación.



[1] El Informe Brundtland de la Comisión Mundial sobre Medio Ambiente y Desarrollo de Naciones Unidas, fue presidido por Gro Harlem Brundtland, que fue primera ministra de Noruega y posteriormente directora general de la Organización Mundial de la Salud

[2] Amartya Sen, La idea de la justicia, Taurus, Madrid, 2010, págs: 278-282

[3] Robert Solow, An Almost Practical Step Toward Sustainability, Resources for the Future, Washington, DC, 1992

[4] La aportación de Solow permite avanzar a la hora de concretar medidas de valor para cuantificar desde una base científica los avances o retrocesos en la aplicación de las políticas de sostenibilidad en función de si mejoran o no nuestros niveles de vida, aunque queda abierta aún la discusión sobre las metodologías basadas en los Indicadores de Desarrollo Humano (IDH), que Naciones Unidas viene publicando desde 1990. Véase el Informe Report by the Commission on the Measurement Economic Performance and Social Progress, realizado por J. Stiglitz, A. Sen y P. Fitousi por el presidente de Francia Nicolas Sarkozy, presentado a la opinión pública el año 2009

[5]  «Puesto que somos Mucho más poderosos que Otras especies, Tenemos Cierta responsabilidad Hacia ellas, que se relaciona con estaasimetría de poder”. Sen, op. cit, págs: 281-282.

Autor: Bernardo

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