Curso de Lingüística General. De Saussure, Ferdinand. 1945.

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Es un poco difícil retomar una reseña de un texto que ya se referenció y que en algún momento quedó en suspenso para ahora arrancar de nuevo, pero se intentará hacer tal edición lo más prolijamente posible. Al retomar la lectura de Lingüística General en un capitulo, digámoslo más o menos así, de intermedio, podemos percibir la postura que ante la escritura propone Saussure: y es la de que no se sabe en qué momento la escrita usurpó el privilegiado lugar de la palabra hablada. Para introducir al lector en este debate, nos recalca que la lengua como producto social es el objeto preferido, por decirlo de alguna forma, de la lingüística. Agrega además, que el lingüista debe conocer el mayor número posible de estas lenguas para estudiarlas y vivir la palabra hablada.

Pero, por otro lado, tiene que aceptar a su pesar que para acceder a la información sobre la lengua debe remitirse en menor o mayor medida al texto o registro escrito, con el fin de asimilar la investigación histórica en cuanto a lenguas primitivas o muertas , así como de las que aún subsisten. Es así como de una vez, empieza poniendo en claro la primera objeción acerca de la escritura con relación a la oralidad:” La lengua y la escritura son dos sistemas de signos distintos”. (Saussure. pp. 51), ya que la palabra hablada es el verdadero referente y desmiente la concepción de ciertos normalistas de la lengua, que afirman que una lengua no puede ser concebida sin la escritura o un sistema de alfabeto que la soporte, ya que la lengua posee una tradición oral mucho más sólida, e independiente de la escritura.

Saussure justifica este “status” de la escritura frente a la oralidad por las siguientes posibles razones:
a. Nuestra necesidad de aferrarnos a algo más sólido, más tangible que nos permita reconstruir la memoria.
b. La imagen visual se impone sobre la imagen acústica.
c. La creciente cultura del libro, es decir las normas, reglas y usos de la lengua y la ortografía, vienen estipuladas en textos escritos y de ellos aprendemos.

Para justificar los anteriores hechos establece tipos de escritura que consisten básicamente en dos: La escritura ideográfica en la cual la palabra esta representada por una serie de signos ajenos a los sonidos emitidos pero que se asumen legítimos para representar las imágenes acústicas. La otra es la escritura fonética que pretende con mayor exactitud reproducir los sonidos emitidos de forma mucho más racional. Pero aquí vemos que el problema no se reduce: continúa existiendo un desacuerdo entre la grafía y la pronunciación de los vocablos.

La razón de que este hecho se presente es que la lengua evoluciona constantemente a causa de los eventos de construcción y acomodación de las sociedades; y las grafías, es decir el sistema de escritura tiende a afincarse en el tiempo y por más que se pretenda seguirle el paso a estos 1.

En cuanto a los principios generales que rigen la naturaleza del signo lingüístico se destaca lo planteado acerca de los términos acuñados como Signo, Significante y Significado. Aquí, Saussure parte de la base de: La definición de Imagen Acústica (representación natural de la palabra, de manera eminentemente virtual), en cuanto que en la imagen acústica prevalece la huella psíquica traducida como la representación gracias a nuestros sentidos y de manera “interna” o mental.

Esta afirmación se explica cuándo, más adelante, expone que el Signo Lingüístico es una entidad psíquica o una unidad reciproca conformada por el Concepto y la Imagen Acústica. Una vez asimilada esta relación de doble vía, avanza un paso más y decide, por así decirlo establecer la terminología basada en el Significante (Concepto) y Significado (Imagen acústica), justificándose en el juego de relación oposición y complementación que surge de estos.
Ahora bien, aceptando y asimilando este indudable planteamiento, se le suma aún más complejidad, adjuntando los principios que rigen al Signo Lingüístico. Uno de ellos se mencionó en la anterior reseña y es un tema imposible de ignorar, LA ARBITRARIEDAD.

Se dice que el Signo es arbitrario ya que no existe una motivación verdaderamente natural que lo justifique, pero expone un juego de contrarios muy interesante en la medida que el uno justifica al otro, verbigracia, lo arbitrario es la decisión no se sabe de quién o cuánto tiempo hace, de usar tal representación para tal signo, pero al mismo tiempo es un acuerdo que se aceptó, por no se sabe quién ni cuánto tiempo hace, que lo hace una convención gracias al habito colectivo.

Al respecto Saussure indica con cierto toque de paradoja que precisamente, los signos entre más arbitrarios, mejor pueden ejemplificar lo que constituye de manera característica lo esencial de la semiótica inserta en la lengua. Otro espejo de opuestos son los principios de MUTABILIDAD e INMUTABILIDAD del signo. Este escenario se da en el tiempo, lo inmutable es lo perdurable, lo mutable es lo finito. Lo perdurable, va de la mano de la tradición, al uso casi que impuesto, heredado y por lo tanto se resiste a seguir aceptando arbitrariedades.

complemento, es el sentido en que la sociedad construye en conjunto los signos útiles a su lengua, es gracias a la fuerza de la masa social que la usa, en donde los sujetos se relacionan, y esto sucede en un lapso de tiempo cambiante. Al referirse al CARÁCTER LINEAL DEL SIGNIFICANTE, se centra en este componente del signo, atribuyéndole dos escenarios: el auditivo y el escrito. Cada uno permite solo una forma de desempeño y este es el lineal, ya que en el proceso de emisión y escucha se establece una secuencia obligada para su comprensión y sentido, lo mis o sucede en la escritura, en donde las grafías no pueden ocupar simultáneamente el mismo espacio.

A modo de conclusión se dirá que, la lengua es una verdadera y pura institución que evoluciona con la sociedad pero que además la regula, y que se solidifica se fortalece en el uso en una… podríamos decir libertad restringida. Por eso como lo desearía Saussure la semiología se explicaría así misma no solo en los sistemas de la lengua sino en otros no verbales que también guardan los mismos principios de arbitrariedad, convención, mutabilidad e inmutabilidad, conjunto de insumos que hacen que un sujeto comprende y se hace comprender.

 Por: Beatriz Torres

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