DE LA VENTANA INDISCRETA A LA ACTIVIDAD PARANORMAL

La ventana indiscreta evoca a mi memoria atractivas campañas de expectativa, pero con desenlaces no tan sublimes. Recuerdo que por la época de los noventas, la campaña de lanzamiento para Fresa Postobón se caracterizó por una alta dosis de expectación que generó mucho interés sobre lo que se estaba promocionando a través una serie de estelas bastante creativas. Sin embargo, la presentación oficial del producto no colmó las expectativas generadas, y ese mismo sinsabor es el que deja al espectador de hoy día cuando ve este clásico de Alfred Hitchcock, gracias a la parsimoniosa narración audiovisual que este filme presenta y que por momentos duerme la vertiginosa pupila de las recientes generaciones de cinéfilos.

Al igual que una obra de arte, para degustar con placer La Ventana Indiscreta es necesario repasar el contexto histórico, entendiendo la manera cómo “veía” el público del cine en los años cincuenta. Me refiero a comprender que la sociedad de la posguerra se caracterizaba por un estilo de vida tranquilo, acompasado, con muchas prohibiciones de orden social y moral. En otras palabras, esperaba muy poco del cine porque aún estaba aprendiendo de él y codificando su lenguaje.

Además la televisión venía con un paso imperioso sobre los impresos, la radio y en especial, el cine, generando en éste una ligera crisis, como sucede hoy día con la apuradísima marcha de la Internet sobre los medios tradicionales.
El entorno social, el desarrollo del lenguaje audiovisual y la rudimentaria tecnología del momento son los elementos que direccionaron el espectro creativo del séptimo arte en aquel punto histórico.

Para mí La Ventana Indiscreta en su momento fue una intrépida y genial apuesta que procuró ofrecerle al cine y a su público un discurso descriptivo abundante de emociones, gracias a un lenguaje audiovisual absolutamente simbólico, en el que la música deja su rol de adorno tomando un protagonismo distractor para aumentar las palpitaciones y suplantar la tarea de letárgicos diálogos logrando suspenso e interés narrativo.

El manejo de la luz es impecable porque se manipula con gran pericia para resaltar o esconder un personaje, igualmente para acentuar un detalle con una intención simbólica que el director quiere que nos fijemos.
En cuanto a su sintaxis visual, se identifica el manejo de planos descriptivos con una angulación normal sin mayores ensayos por generar planos extraordinarios, salvo en muy contadas excepciones nos encontramos con un primer plano, un detalle o una angulación en picada.

Es una historia sencillamente bien contada desde una inoportuna ventana, que nos va lanzando aparentes pistas hasta el desenlace y resolución del misterio que se tropiezan en un sólo instante, y nos invita a replantearnos toda la película.
Asimismo considero significativo mencionar sus marcados cierres de escena y los tintes de humor que agudamente entrega en algunos de sus apartes.

Tal vez una nueva versión de La Ventana Indiscreta para nuestros tiempos necesitaría una adaptación al contexto social y emocional que vivimos en la era digital. Sería algo como la conversión de La Ventana Indiscreta a la Actividad Paranormal, dos importantes referentes del cine suspenso.

Tal vez la idea no sería tan descabellada porque ambas buscan lo mismo: Aumentar las palpitaciones. Una lo hace desde lo alto de una ventana y la otra lo hace desde lo alto del trípode de una cámara casera para alimentar el morbo de sus protagonistas. Igualmente son dos filmes exitosos en el mismo género y en su momento. Basta revisar y entender algunas de sus diferencias para acercarnos a una supuesta conversión.

Alfred Hitchcock aparece en casi todas los películas como un extra más al margen de la trama y La Ventana Indiscreta no es la excepción. Esto es usado como un elemento más para captar la atención. Asimismo emplea con gran generosidad el simbolismo al lenguaje cinematográfico. Es una caja de pandora llena de detalles que le imprimen interés a la historia.

En cambio, Oren Peli, el director, sólo aparece en los créditos. La Actividad Paranormal descansa el peso de su relato en la “realidad” de sus imágenes, el impacto de sus contados efectos y la naturalidad de sus protagonistas, que llevan al público ver y sentir un reality de suspenso. Su final tiene un saldo trágico en sus protagonistas, a diferencia de las dos piernas rotas del imprudente fotógrafo de La Ventana Indiscreta.

El manejo de la luz en la cinta de 1954 es más elaborado porque se utiliza para resaltar personajes, detalles y jugar con las sombras, en discordancia con la película de Peli que le encomienda esta tarea su cámara doméstica.

El particular gusto de Alfred Hitchcock por invitar mujeres rubias y bellas a protagonizar sus filmes contrasta ampliamente de la normalidad de quienes participan en la cinta de Peli.
Hitchcock cierra su filme con el desenlace y la resolución total del misterio en un sólo instante, mientras que Peli deja abierta la historia para una segunda y tercera parte.

Escritor: William Aguilar Cifuentes