DISCURSO AMOROSO Y VISIÓN DE MUNDO EN EL POEMA

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El amor siendo definido como un sentimiento, pasión, filia, o bien como inclinación desbocada o para-filia apresada, encuentra una forma extensiva de materializarse en el lenguaje (como ropaje y revestimiento), confiriéndole significados e imágenes construidos por la tradición cultural y literaria que enriquecen al poema de continuo; favoreciéndolo en aspectos estilísticos y poéticos, e incluso, reduciéndole a estereotipos marcados por imágenes comunes a la poesía o el contexto literario en donde se generó el poema y, dado el caso, poseyendo un carácter anacrónico que le acerca a algo por antonomasia sustraído a su tiempo; pero, sin embargo, no sustraído a un discurso que ha sido estructurado paradójicamente a través del tiempo.

El “discurso amoroso” no es la excepción y muestra una continuidad, una proyección en el poema de “Los Amorosos”. Un poema que da paso no solo a este discurso, sino también, a una visión de mundo propia que guarda a su vez unos elementos estilísticos y semánticos propios.

El poema de “Los Amorosos” se define, además, como un poema lírico cuyas características determinan el valor ideal que se posee del amor, teniendo en cuenta además el hecho de que está desarrollado en tercera persona del plural, constituyendo la posibilidad de invisibilizar y de favorecer un diálogo permanente que puede reconocerse con cualquiera. “Todos los amantes” sería la premisa del uso de este pronombre y “ellos” la imagen universal de un equilibrio genérico y al mismo tiempo arbitrario, en donde el compromiso del autor es tal vez nimio y suplantado por la generalidad que pueda particularizar o circunscribir el lector.

“Los Amorosos”, en su particularidad, es una obra sujeta a una concepción anacrónica o bien atemporal del amor que no supone una redefinición de la experiencia amorosa; si no, una reafirmación de un idealismo enfrascado en una concepción del amor como algo absoluto, ininteligible y destinado a la frustración de los “amantes” en relación con la caracterización de inasequibilidad del mismo.

El amor es una entidad con características propias y los amantes actúan en relación con su poder, su despotismo y su “indefinible” inmanencia. Dentro de los elementos señalados en el poema podemos identificar una gran variedad de relaciones semánticas que atraviesan de forma transversal el texto y que en sus relaciones nos sugieren consideraciones acerca de lo que es el amor y la experiencia amorosa. Nótese además que se habla de “amorosos” y no de “amantes”; pues los amantes, un “ellos” anónimo, enfrentándose al destino que les depara el amor, no son dueños del mismo. Amoroso marca en el poema un sujeto que tiende a amar y que está predispuesto a dicha tendencia, es poseedor y víctima del amor que determina su actuar y su experiencia amorosa como un tanteo y un jadear constante.

“El amor es el silencio más fino, el más tembloroso, el más insoportable”. Es el silencio, el símbolo de la fragilidad, de aquella voz que se rompe en la inmensidad, en el vacío. Resulta ser entonces una realidad que está por encima del amante, impuesta por algo inconmensurable e incluso innato e innegable; un enfrentamiento contra algo que se desconoce y desbordan los sentidos y la conciencia de los “amantes”. La incomprensión y en sí misma la inconmensurabilidad enfrentan al amante a una búsqueda. El amante es abandonado, se siente abismado y por ello no le cuesta abandonar, ¿acaso puede afirmar la existencia de algo que no comprende? No sabe por qué motivo ama, y al saber que desconoce la causa presupone desconocer las consecuencias. Está en vilo y busca desde la nada aferrarse a algo, a algún ente, a algún otro. Por eso busca… su inestabilidad es insoportable.

Los amorosos necesariamente cambian; es su temor, su profunda incertidumbre lo que les mueve a buscar y, sin embargo, no encuentran nada. Son conscientes del abismo, o por lo menos conscientes de que el amor es un abismarse, un vértigo, y un ir a tientas perpetuo. Por esto mismo andan como locos, desequilibrados, asustadizos y sumisos al devenir. Aquí su soledad toma fuerza al suponer su mutismo y su búsqueda. Lo primero porque no se encuentran las palabras para hacer de su experiencia algo sustancial, reflejando el anonadamiento ante lo inabarcable y lo segundo porque en su virar y su veleidosidad poseen dos caras, al estilo de Jano.

En este abismarse los amorosos se disuelven en la infatigable búsqueda, no pueden dormir “juegan al largo, triste juego del amor”, pero no se consumen. El “ellos” sugiere que su consumación es conjunta. El abismo es una suerte de hipnosis en donde el tiempo se detiene, se congela y abre el trecho a una indefinida contemplación: “En la oscuridad abren los ojos y les cae en ellos el espanto”. Los amorosos están sujetos al carácter absoluto del amor y enfermizos sostienen su fatalidad y su escepticismo, su hambre existencial y su soledad moral. Famélicos no son otra cosa que fantasmas de la vida. No hay lugar para ellos en ninguna parte, ni siquiera en la muerte, por eso “se van llorando, llorando la hermosa vida” ¿y hermosa por qué razón? Podría decirse que en su locura y más bien estático desafuero existe la idea de la resignación y la predestinación a estar “solos, solos, solos”.

Se podría decir además que el amor y el sentimiento amoroso se reducen a la idea de un “aniquilamiento oportuno”, en donde el duelo se enmascara de huída y subterfugios, incluso, las imágenes parecen una ligazón que no va para ninguna parte y cuya función es sostener la ilusión, el éxtasis irreal. Los amantes no son responsables y es por esto que los amorosos son los insaciables; tan difícil les es satisfacer su éxtasis con las miserias de la tierra en donde no queda más que la satisfacción… las mujeres se encuentran complacidas. Sin embargo, este amor no es “una lámpara de inagotable aceite”; pues esta idea contradeciría la huída y el desconocimiento de sí mismos, sumisos como son a la idea de la búsqueda que no es más que un perderse en la idea del amor absoluto.

Los amorosos adolecen de un siniestro delirio de persecución que les recuerda que siempre tienen que amar y buscar el amor para justificar la banalidad de sus vidas, están vacíos y llenos de angustia por la idea del amor, amor que es una prórroga perpetua, un camino sin fin traducido en juego (como para hacerlo más divertido).

Escritor: LADY MORA