EDUCACIÓN: ¿UN DERECHO O UN PRIVILEGIO?

Quizá la falta de construcción epistemológica, o la falta de interés del individuo hacia el conocimiento y apropiación de su historia, es lo que no permite que haya un avance en la realidad actual, ya que generalmente el sujeto se ha visto enfrentado a lo largo de la historia a una serie de cambios si del campo educativo se trata. Hoy en día, se puede apreciar que la crisis que vive el sistema educativo no es algo que se ha generado de la inmediatez, sino que es un asunto que ha venido arraigado a nuestra historia desde hace muchos años, y que lo que posibilita tener una noción más amplia sobre el proceso de transformación que ha sufrido el campo educativo, es el poder hacer “memoria”, ésta como la categoría quizá más importante para la construcción del sentido de pertenencia del sujeto hacia algo en particular.

En el contexto colombiano, se ha tenido una imagen de la educación como un derecho y cómo una obligación del estado hacia sus ciudadanos, derecho al cual tiene acceso cualquier persona en Colombia promulgando que la educación es para todos y de calidad; cosa que resulta interesante y muy motivante para cualquier individuo que desee estudiar y crecer a nivel profesional y personal. Pero si nos remitimos por un momento a la “realidad”, el panorama no es muy alentador que digamos, primero porque la educación a pesar de ser promulgada como un derecho éste se vulnera todo el tiempo, y segundo porque si de calidad se habla no tenemos los mayores índices en ésta.

Para poder corroborar esto, basta con remitirse a los comienzos de lo que hoy conocemos como “Escuela Pública”. Si nos contextualizamos un poco hacia la época de la colonia, las primeras prácticas que pueden reconocerse como educativas o formativas, estuvieron visualizadas en la policía, la policía como sinónimo de urbanidad y de civilizar algo que pedía a gritos la sociedad de ese momento, ya que una de las mayores preocupaciones de la élite y del gobierno era los pobres. Centraron la mirada en los pobladores, pero no precisamente con la intención de brindarles mejores condiciones de vida, sino ante todo para determinar el grado de perjuicio que ocasionaban, en lo político y en lo moral su miseria y ociosidad (Martínez Boom; Castro; Noguera: 1999). Puede decirse que el ciudadano es concebido como un problema, la pobreza representa un malestar social “peligro para la salud de la República y amenaza constante a la estructura social y al orden”, por lo mismo se hacía necesario “educar” a los sujetos para que adquirieran hábitos que les permitiera establecer un orden a nivel social, político y económico.

Esa primera práctica educativa o civilizatoria por parte de la policía, demostraba que el sujeto no sólo necesitaba formarse en saber cómo convivir en una comunidad organizada, sino que también era importante que adquiriera un tipo de saberes (leer, escribir, buenas costumbres…) que le permitieran formarse como un ciudadano ejemplar y letrado, motivo por el cual es la iglesia quien adopta y se encarga de la educación del individuo también; centrándose en hacer de éste un sujeto virtuoso espiritualmente más que un sujeto letrado, resaltando así que era más importante un hombre de buenas costumbres, devoto y de buena familia, que el propio saber intelectual del mismo.

Como si fuera poco, esto era solo para unos cuantos, aquellos que venían de buenas familias, que no eran vagos, ociosos, mala sangre o mendigos, ¿será que estos sujetos no necesitaban o no merecían ser educados también? ¿Por qué la única opción de vida que les ofrecían a estos sujetos, no sólo era vivir en la pobreza material sino también en la pobreza mental? Acá se puede ver claramente como desde el comienzo la educación no ha sido un derecho, sino un privilegio de unos pocos. en cierta forma dieron un giro un poco positivo al empezar a hacer conscientes a los pobladores, sobre los hábitos mínimos de convivencia necesarios para vivir en comunidad. ese que no sabe, que es pobre, que ve en la educación una esperanza de superación).

De este modo, puede reconocerse a la escuela no sólo como un espacio para la formación de los ciudadanos sino también como un espacio de adoctrinamiento, el maestro como portador de lo que no posee el alumno (conocimientos- saberes) reflejando una desigualdad entre la relación maestro – alumno quizá como diría Pienau (1998), la única relación posible entre estas dos partes; una relación que de igual forma se repite entre el docente y sus superiores, teniendo en cuenta que el maestro surge en una época de emergencia donde la necesidad primaria era reeducar, dónde el maestro era valorado y aceptado para el cargo por sus virtudes más que por sus saberes, siendo regulado e indicándole lo que debía enseñar, se podría decir que no existía confianza en el maestro. Finalmente, agreguemos que esta relación se repite entre el docente y sus superiores jerárquicos. (Pineau, 1998: 314).

BIBLIOGRAFÍA
Jelin, E. Los trabajos de la memoria. . Ed. Siglo XXI. Madrid, España. 2002
Martínez Boom A, Castro O, Noguera C. (1999) Maestro, escuela y vida cotidiana en Santafé colonial. Colombia. ED. Sociedad Colombiana de Pedagogía.
PINEAU. (1998) ¿Por qué triunfó la escuela o la modernidad dijo: “Esto es educación”, y la escuela respondió: “Yo me ocupo”. Consultado en: La escuela como máquina de educar. 2001. Ed. Paidos Iberica.

Escritor: NATHALIA VALBUENA LÓPEZ

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