“El acontecimiento y el origen en Georges Bataille”

El impulso del pensamiento de Bataille radica en que sus conceptos son ante todo fuerzas; en ese sentido, se llaman conceptos-fuerza aquellos que intensifican la vida en tanto que provocan una inmensa movilización de afectos; son, en otras palabras, conceptos que van más allá de la forma, de la pura función formal de la definición. En efecto, de la misma manera que “El cógito” es la marca filosófica de Descartes, o que la “Filosofía trascendental” es la marca de Kant, un conjunto de conceptos-fuerza son la marca de Georges Bataille, estos conceptos son: Erotismo, muerte, exceso, límite y transgresión; tales conceptos se ven inmiscuidos en lo más radical de la vida, es decir, los acontecimientos de transformación.

Lo que Bataille propone en sus libros es un discurso sin autor, sin sujeto y sin identidad, es el agrietamiento irreductible de las formas del discurso y del sujeto de enunciación, donde se abren nuevos espacios de visibilidad y de enunciación. En ese sentido, hay algo que trasciende y subsiste por fuera del individuo y del sujeto, es el acontecimiento. En “Lógica del sentido”, Gilles Deleuze plantea que el acontecimiento preexiste al individuo y al sujeto. “En la medida en que los acontecimientos se efectúan en nosotros, nos esperan y nos aspiran, nos hacen señas: “Mi herida existía antes que yo, he nacido para encarnarla””, dice Joe Bousquet . Por fuera del sujeto y por fuera del predicado, el acontecimiento se manifiesta según la lógica del verbo en infinitivo. Pecar, según el ejemplo de Leibniz, es un verbo en infinitivo y es el hecho alrededor del cual se constituye Adán pecador. Leibniz lo explicaba manifestando que Dios no crea a Adán pecador, sino que Dios crea el mundo en el que Adán ha “pecado” ; por tanto, es en el acontecimiento mismo, donde se constituyen un sujeto filosófico, unos objetos y unos conceptos.

El origen. La filosofía contemporánea se ha vuelto reacia a pensar en términos de origen; en efecto, para la filosofía posterior a Nietzsche, hablar de origen es caer en la metafísica. Ésta supone un origen único en donde estaría ya afirmado el todo, de manera que la historia sería el proceso de despliegue del todo contenido ya en ese origen único, conservando un buen sentido, una dirección y buscando una finalidad monótona. En lugar del origen, la filosofía contemporánea con apoyo en Nietzsche habla más bien de genealogías; y las genealogías son diferentes comienzos y diferentes muertes, procesos múltiples con puntos de encuentro, puntos de desencuentro y puntos de ausencia. La genealogía es la afirmación de acontecimientos diversos propiciadores de procesos diversos; en efecto, no hay para la genealogía un origen único ni un solo proceso, ya sea conflictivo o feliz, sino una proliferación de luchas, de astucias y disfraces para crear procesos y para imprimirles un sentido.

En ese orden, en Bataille hay un concepto nitzscheano de origen, aquel que afirma que en el nacimiento no hay una identidad sino una diferencia. Kant descubría negativamente lo que Nietzsche o Bataille afirman sin temor; en el origen no hay una identidad humana, no hay una esencia del hombre. Lo que subyace en el origen según Bataille, no es un ser, sino un no-ser, es el vacío, la grieta irreductible que hace imposible al hombre. Kant planteaba una conciliación posible entre la naturaleza y la libertad, o entre la finitud y el ser. Bataille en cambio, afirma un desgarramiento constituyente: “De todas maneras, el hombre pertenece a uno y a otro de esos dos mundos, entre los cuales su vida, por más que quiera, está desgarrada” .

Cuando Bataille habla del origen no lo hace con la intención de encontrar un mundo originario subyacente donde tuviera lugar la comunicación de todos los procesos reales, sino más bien, la inquietud nietzscheana que si bien propone el origen, lo propone como grieta irreductible, como la diferencia que jamás ha sido saldada entre la naturaleza y la libertad.

Por consiguiente, la concepción de origen en Bataille implica, pues, la destitución de todo esencialismo. No hay en ese origen ninguna esencia o identidad del hombre; más bien lo que se encuentra es un inmenso vacío en donde la posible existencia es como un juego de azar. “¿Cómo podría el hombre encontrarse o rencontrarse si la acción en la que lo implica la búsqueda es justamente lo que lo aleja de sí mismo?” . “El inmenso vacío consumado es esta improbabilidad infinita a través de la que se juega la existencia imperativa que yo soy” . Mientras el sujeto busque más su seguridad en el origen, en la identidad, en la esencia, más se ahonda en una pluralidad genealógica que dispersa la identidad en un vacío irreductible.

Bibliografía utilizada

• Bataille, Georges. El erotismo. Barcelona. Tusquets.
• Bataille, Georges. Las lágrimas de Eros. Barcelona: Tusquets. 1981.
• Bataille, Georges. La parte maldita. Barcelona: Icaria. 1987.
• Bataille, Georges. El ojo pineal, el ano solar, sacrificios. Valencia: Pre-textos. 1996.
• Deleuze, Gilles. Lógica del sentido. Barcelona: Paidós. 1989.
• Foucault, Michel. Prefacio a la transgresión. Traducción: Víctor Florián. Bogotá: TEA Fundación Auxológica.
• Nietzsche, Friedrich. Genealogía de la moral. Madrid: Edición Íntegra, 2001.
• Sauquillo Julián. Para leer a Foucault. Madrid. Alianza Editorial.

Escritor: Jorge A. Henao Pérez.

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