El asociacionismo como idea de la civilización universal

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A partir de la segunda mitad del siglo XIX, mientras en Argentina surgía y se consolidaba el Estado central, iba tomando forma una sociedad civil cada vez más vigorosa. Este desarrollo fue muy visible en las principales ciudades como Buenos Aires, Córdoba y Rosario. A partir de la segunda mitad del siglo XIX, mientras en Argentina surgía y se consolidaba el Estado central, iba tomando forma una sociedad civil cada vez más vigorosa. Este desarrollo fue muy visible en las principales ciudades como Buenos Aires, Córdoba y Rosario. día más compleja. Algunas de ellas eran tradicionales, las que se apoyaban en lazos familiares, o las que resultaban de vínculos personales de deferencia y paternalismo entre los de arriba y los de abajo. Sin embargo, lo característico de este período de profundos cambios sociales fue la formación de una esfera pública que se constituyó en una instancia de mediación entre sociedad civil y Estado y de participación política para amplios sectores de la población.

Es así, que en la práctica se pusieron en marcha mecanismos concretos de representación. El sufragio y las elecciones aparecieron como la pieza clave en ese sentido, pues la Constitución Argentina, y las leyes la fijaron como la única vía legitima de acceso a los cargos de índole representativa. Era también, la forma prevista de ejercicio de la libertad política, basamento de la República moderna. Claro que no toda la población tenía derecho a voto, ni todos los que gozaban de ese derecho lo ejercían. De todas maneras, las elecciones eran una instancia decisiva en la relación política entre gobernantes y gobernados.

La sociedad urbana de esos años se hallaba asentada sobre diversas formas que comprendían; sociedades de ayuda mutua, clubes sociales y culturales, círculos literarios, logias masónicas, asociaciones profesionales, agrupaciones festivas, comités de solidaridad. Con frecuencia se ha considerado este tipo de actividad como típica de las colectividades de inmigrantes o del movimiento obrero en gestación, sin embargo, también incluía a los nativos del país. En relación al asociacionismo étnico, varios autores lo ven consecuencia de la inmigración masiva, y que el mismo es observable en todos los países que recibieron un flujo migratorio significativo.

Si bien había diferencias ideológicas y culturales que cruzaban a la población, existía una valoración ampliamente compartida del movimiento asociativo, considerado como germen de una sociedad libre y republicana, origen de los valores de la igualdad y de la fraternidad e iniciación de prácticas solidarias. Las asociaciones en cuestión se diferenciaban de las formas tradicionales de sociabilidad, en la medida en que suponían la existencia de vínculos contractuales entre individuos iguales entre sí, libres y que por su propia voluntad se reunían para perseguir un objetivo compartido.

En su interior, los intercambios debían fundarse al menos, teóricamente, sobre los principios de igualdad y racionalidad propios de la sociedad moderna. Más allá de la variedad de formas concretas que tuvo la vida asociativa por esos años en versiones diversas, todas ellas compartían ciertos rasgos; respecto a la composición social y cultural, la difusión de las prácticas asociativas se dio entre sectores muy diversos, inmigrantes y nativos, trabajadores y patrones, la mayoría no se definía en términos estrictos de clase, si bien la mayor predisposición para asociarse se encontraba en los niveles intermedios de la pirámide social. Las asociaciones estaban todas acordadas y estipuladas por estatutos y reglamentos donde se definían objetivos y formas de gobierno, las Asambleas y elecciones cumplían un rol importante, pues se suponía que estas entidades se manejaban democráticamente. Si bien la gran mayoría mostraban procesos de diferenciación interna, formación de dirigencias y establecimiento de jerarquías.

Asimismo, encontraron apoyo en el gobierno y posibilidades de desarrollo en las bases. Para las elites en el poder, las asociaciones no solo eran síntoma de civilización sino también interlocutoras legítimas en el diálogo político. En cuanto a las bases, varios factores favorecieron a una exitosa difusión de la actividad asociativa.

Bibliografía:

Hilda Sábato, “La política en las calles entre el voto y la movilización”, Buenos Aires 1862-1880, Buenos Aires, Sudamérica, 1998.

Escritor: Remonda, Carla Mónica.

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