EL MAÑANA DE STEINER: UNA VISIÓN DE LA POSCULTURA

 George Steiner en el capítulo

El mañana de su texto En el castillo de Barba Azul, aproximación a un nuevo concepto (1992) parte de la pregunta sobre un nuevo sentido de las humanidades y desde ahí genera una propuesta ante la fragmentación de la poscultura, la cual implica mutaciones en las jerarquías y valores que llevan al cuestionamiento sobre la existencia de un mínimo de códigos y reconocimiento compartidos; se podría decir de un mínimo de experiencia común que permita un vinculo posibilitador de un dialogo, no solo entre los hombres sino entre las comunidades.

A partir de la idea de poscultura el autor analiza algunas mutaciones culturales; en primer lugar se refiere a la literatura, centrándose en su vínculo con las tradiciones anteriores, que ahora se trasforma en un recorrido vertiginoso e infinito a través de símbolos e imaginarios que produce la perdida de la inmediatez de la lectura, y por tanto la perdida de la relación de la vivencia con la obra, incapacitándola como representación de una visión de mundo del lector. Así la literatura deviene en letra muerta, hecho que nos plantea la disyuntiva entre perderla (al aislarla del mundo vivo) o adaptarla al publico para no perder su legado. Esta propuesta de Steiner nos hace cuestionarnos si esa perdida de inmediatez entre obra y publico tiene orígenes en la escisión entre alta cultura y cultura popular, la cual el autor ve como producto de las relaciones de poder, ya que al ser la elite la que dominaba la cultura, tenía el poder de producir modelos y valores, hecho ante el cual se produjeron dos reacciones extremas y antagónicas; por un lado la alta cultura se volcó en el mercado de masas democratizándose y generando productos «

híbridos absurdos» que adulteraban las humanidades clásicas, y por otro esas humanidades clásicas fueron aisladas de la vida para «preservarlas» pero como entes sin vida. Así las consideradas altas artes del espíritu (opera, drama, literatura canónica) se fueron desligando de la experiencia cotidiana alejándose del público que ya no se siente

identificado, pero al tiempo – y en contraposición – surgen categorías y recursos considerados «artes menores» (melodrama, comic, folletín, comunicación masiva) que reemplazan la calidad representativa con nuevas técnicas y visiones que interpretan mejor el contexto de las masas, lo cual nos hace pensar en si estas categorías, recursos y discursos son ahora medio de identidad más eficaz con el público, sobre todo remitiéndonos al entorno latinoamericano donde la relación con la literatura y el arte tradicional ha sido conflictivo y muchas veces superficial, pasando rápidamente de la copia de reglas canónicas a la creación y adaptaciones de discursos y elementos populares en el arte y la literatura.

Este razonamiento sobre la literatura lleva al autor a postular que el cambio de las humanidades dominantes a unas pos-humanidades se expresa en la «

retirada de la palabra«; ya que era la palabra, el discurso hablado y escrito el que fundaba la conciencia de la civilización occidental, y ahora se ha visto desplazada por la imagen y modos de comunicación autónomos, como la comunicación global inmediata y simultánea y la imagen en movimiento, que han sido posibilitadas por la electrónica. Desde ahí se puede apreciar el proceso de producción de una mutación profunda; pues la decadencia general de los ideales tradicionales del discurso literario (retórica y artes de la convicción) implica la caída de un determinado orden jerárquico de valores impuesto por el discurso occidental basado en la relación tiempo-muerte que ahora se ve desestructurada, y se expresa claramente en la contracultura, definida por Arthur Marwick (1998) como las variadas actividades y valores en contraste con o que fueron criticas de los valores convencionales y los modos de establecimiento de la sociedad de la cultura dominante; en este caso la de la sociedad occidental que se configura – para Steiner – como mecanismo demoledor del sistema cultural occidental.

Por otro lado

Steiner analiza mutaciones que se reflejan en las humanidades pero que ya no son palabra, sino lenguajes independientes,

como la música que ahora desborda su ámbito y se relaciona con elementos externos a ella como la moda y el estilo de vida (específicamente el caso del rock y el pop), y se constituye como dialecto universal, adquiriendo funciones disímiles que van desde el simple disfrute y enriquecimiento del espíritu, hasta forma de relación con el mundo trascendental.

Más adelante se detiene en la influencia de las matemáticas y las ciencias exactas que, en conjunción con las realizaciones técnicas, son capaces de alteran las estructuras básicas de la vida social y privada, como por ejemplo los cambio de conciencia producto de la sistematización y el procesamiento electrónico, que provienen de una forma distinta de apropiarse del mundo ahora tan al alcance de la mano por la Internet, y que producen alteraciones en acciones más cotidianas como los procesos de escritura y las relaciones humanas afectivas.

Para concluir es interesante referir las diferencias que establece el autor entre las ciencias y las artes anotando como punto divergente la concepción de la temporalidad, ya que ve como el hombre de ciencia concibe el mañana como un avance respecto a hoy (curva del tiempo positiva), en cambio el humanista lo concibe retrospectivamente y ve las realizaciones del pasado como más esplendorosas. Lo anterior tiene como consecuencia una diferencia entre la visión artística y la científica, porque la primera no implica un progreso acumulado como la ciencia, pues «

el arte no se corrige porque lleva el pasado en sí mismo (Steiner, 1998)«, es decir está cargado de una tradición histórica y cultural que influye en la competencia interpretativa del receptor. Con esta diferenciación entre arte y ciencia el autor no intenta dudar del avance continuo de la ciencia, sino cuestionarse sobre la necesidad de continuar «abriendo puertas«, descubriendo métodos y recursos que conduzcan a alteraciones indeterminadas y preguntarse si la sociedad y el intelecto humano pueden enfrentar y aprovechar esas alteraciones o nuevos caminos. Por eso Steiner concluye que la poscultura, en la cual nos encontramos, podría no intentar eliminar los riesgos de los nuevos

conocimientos sino más bien reducirlos, y por lo tanto propone buscar la capacidad para enfrentar las posibilidades de autodestrucción, sin eliminar el dialogo con lo desconocido, es decir, un forma de asumir el cambio, reconformar los límites para no llegar a la autodestrucción, pero simultáneamente ser capaces de continuar la búsqueda de nuevas posibilidades.

BIBLIOGRAFÍA

MARWICK, Arthur. The sixties. Oxford: Oxford University Press, 1998.

STEINER, George. El mañana. En: En el castillo de Barba Azul, aproximación a un nuevo concepto. Barcelona: Gedisa, 1992. p.125-181.

Escritor:  VANESA SAMIRA ALBORNOZ

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