El periodista y un periodismo de senderos que se bifurcan.

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El periodismo como institución moderna está en jaque ¿Está desapareciendo el periodista tal como lo conocémos? Borges en su soneto sobre este antiquísimo juego refería, sin embargo, que cuando “los jugadores se hayan ido…ciertamente no habrá cesado el rito”. Todos conocemos de las transformaciones tecnológicas, culturales y sociales que han modificado figuras sólidas de la modernidad que parecieran, hoy, desvanecerse en el aire: ¿La profesión periodística sería la excepción?.

Y hablar de periodistas, es referir, necesariamente, a la relación entre el hombre, la información y la libertad. Una trilogía que en el tablero de la historia, de acuerdo a Carlos Soria, experto español en Derecho a la información, ha transitado por distintos momentos dependiendo de cómo el acceso a esa libertad ha posibilitado: un proceso histórico que comienza con la información ligada al “poder del soberano” luego al empresario, después al periodista y actualmente como derecho del público. Ésta última, es la etapa universalista de la información, en donde cada sujeto es poseedor del derecho a investigar, difundir y recibir informaciones y opiniones.

Este concepto, que surge en 1948 tras la Declaración Universal de los Derechos del Hombre, se llega a concretizar –vía Internet y la ubicuidad de los teléfonos celulares- desde hace solamente una década y media. Esto es concomitante con el derecho a los hechos y a que cada persona participe sabiendo qué está ocurriendo en su comunidad y en el mundo. Hoy la Web 2.0 nos muestra a un ser humano que, de cara a la información, se encuentra en un jardín de senderos que se bifurcan infinitamente, como lo imaginó el propio Jorge Luis pero, entonces, nuestros pequeños hijos enviando mensajes después del colegio mediante su Facebook: ¿Son periodistas?

Podríamos agregar que no sólo juega, aquí, el factor tiempo sino precisamente se trata de saber cómo buscar, obtener, procesar y utilizar la información. ¿Casualidad? El periodista competente y ético reúne todas estas características o al menos se ha preparado para éllo. Allí, donde algunos ven la posibilidad de generar un poder alternativo a los grandes medios, otros visualizan, que en realidad, corremos peligro de ahogarnos en este mar (picado) de informaciones sin bañero y con la banderita roja en plena turbulencia. Pero, entonces. ¿Dejámos de delegar el derecho a la información en el periodista? Y con esta misma lógica: ¿Para qué la mediación de los profesores y de los gobernantes?.

La comunicación – a través de las nuevas tecnologías- pasó a generarse en la modalidad muchos a muchos, esto implicaría una suerte de horizontalidad en la que las fronteras de quién es el que produce las noticias se borronean. El periodista “canónico” puede quedar absorbido en este Aleph hipertextual que es Internet.; en otras palabras y parafraseando el título del famoso cuento de Tolstoi: ¿Cuánta información necesita un hombre?.

Desde que el periodismo se autonomiza en relación a la literatura se puede afirmar, hoy, que existe un quiebre del pacto periodístico clásico el cuál ha tenido vigencia por más de un siglo. Las críticas al mismo empiezan a sentirse fuertemente y son parte de nuestro actual clima de época. La cuestión es cómo y con qué otro nuevo contrato lo reemplazamos. Y hay más, cuando hablamos de un nuevo paradigma en el periodismo es porque sabémos de la existencia de un nuevo tipo de lector. El fenómeno de twitter, blogs y portales hipertextuales, pareciera modificar radicalmente el carozo del periodismo y este fenómeno pareciera ser imparable aquí o allá. Internet não tem fim. Periodismo tradicional sim.

Es necesario comprender la necesidad de construir un mayor espacio público y, para éllo, se impone una clase de deliberación que abra discusiones en vez de clausurarlas. Reinventar la responsabilidad pública del periodismo enriquecerá la dimensión ética de su ejercicio: ¿Es posible que algunos sectores persistan, en este darwinismo “periodístico”, el cual postula la perversa ilusión que el “ganador” debe ser el más fuerte? Y acaso: ¿No es posible construir desde Internet un espacio público democrático?

El último mago del siglo XX, Xul Solar, el admirado amigo de Borges, inventó el panajedrez. Éste era algo más que un juego de 200 piezas, en donde cada uno de los movimientos eran totalmente imprevisibles, Xul estaba proponiendo un novedoso medio para transmitir aprendizajes, encuentros y diálogos que abarcaba desde la democracia hasta el arte e, incluso, hablar desde la panlengua: un nuevo lenguaje por el cual intentaba transmitir “verdades” insoslayables para lograr una mayor comprensión entre los seres humanos. Si hoy, el panorama del periodismo es de incertidumbre y las 32 pequeñas piezas del viejo juego nos han quedado cortas. La sociedad entera se debe una nueva mirada y un osado replanteo para volver a aprender a “jugar” y evitar, así, que vuelvan a repetirse las temibles palabras de nuestro ciego con profunda visión: “Previsiblemente las utopías de Xul Solar fracasaron, pero el fracaso es nuestro, no es suyo. No hemos sabido merecerlo”.

Escritor: Horacio Puskovas

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