EL SER RESILIENTE UNA NECESIDAD CRUCIAL EN LA REALIDAD CONTEMPORANEA

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Aun cuando los gallos cantan en cualquier lugar, rural y/o urbano en donde se encuentren, es en los sitios más apartados, en donde es más fantástico escuchar su canto al amanecer, porque se convierte en un replicar despertador de vecinos emplumados, que avisan la llegada de un nuevo día, sin discriminación alguna en cuanto a festivo o día ordinario de trabajo, día de luto o de festividad.

Lo anterior, hace pensar, en lo que pudiera significar el comienzo de cada día, en cada ser humano. Quizás, motivo de alegría para algunos; para otros un día más dentro de sus rutinas establecidas; en muchos lugares, la continuación de una tragedia permanente o una nueva oportunidad para vivir, sobrevivir, declinar frente a la muerte o respirarse a si mismo y reencontrar el aroma de vida y luchar por ella.

La realidad actual, pareciera no presentar un aspecto muy alentador frente a la cosmovisión del mundo futuro, que se está construyendo, en las bases de una sociedad consumista, ególatra y violenta, brutalmente agredida por las avalanchas “líquidas” de valores inconsistentes y efímeros, que pasan sin dejar rastro; sin embargo, esta y muchas otras reflexiones actuales y ciertamente preocupantes, precisan de la búsqueda de respuestas que se interpongan a ellas, como rescoldos encendidos entre las cenizas, en la búsqueda de un futuro más prometedor, en cada ser, como ser y debe ser, en tanto individual y/o colectivo.

Debe existir en cada individuo, cierta rebeldía, un sentir indómito, que frente a las eventualidades, sucesos desafortunados, situaciones adversas e impresionantes, le grite y reclame un abandono del miedo y del motivo inquietante, y un ingreso al camino de la esperanza, aun en medio de la exclusión y situaciones extremadamente trágicas.

En ese punto, es posible permitirle al sentir resiliente tomar las riendas de la vida, es ahí en donde el individuo se puede respirar así mismo y sentirse vivo y en pie de lucha, como ser individual y/o colectivo, que no se resigna a ser eternamente la victima, que inspira la lástima ajena y se acomoda en la propia, sino que acepta que hay una realidad que se debe superar y transformar en pretérito, por sobre las cenizas de lo que fue. Contamos con el ejemplo de pueblos, ciudades y países, que han pasado por épocas trágicas que han quedado consignadas en la historia, y de las cuales, la realidad de hoy habla de su resurrección y florecimiento; sin irnos muy lejos, Medellín es una ciudad que puede ilustrarnos, sobre cómo ha ido superando muchos de sus mayores problemas sociales y cómo está latente la lucha contra los de que aun subsisten.

Así mismo, como seres individuales, tenemos el libre albedrío para hacernos y rehacernos constantemente, para bien o para mal. Cada nuevo amanecer trae implícito el derecho que tenemos de elegir y de tomar decisiones, que pueden afectar positiva o negativamente nuestra vida; hay mucha sabiduría en el decir “tú eres el resultado de ti mismo”. La cuestión no es, jamás equivocarse, sino corregir siempre, tampoco es, no haber caído nunca, sino haberse levantado, y recomenzar de nuevo, ni tampoco haber caído en desgracia y sucumbir a ella, porque mientras tengamos vida, es posible luchar hasta el final por su causa y la nuestra.

Los medios, tanto virtuales como físicos, tienen a la orden del día, infinidad de historias, testimonios y casos de sobrevivencia, que dejan atónitos a muchos y le son indiferentes a otros tantos, pero ahí están, para expandir por el mundo, la idea de que sí es posible sobrevivir, vivir y mejorar la vida en medio de tanto impacto negativo e impedimentos de diferente índole.

Es necesario entender que la actitud resiliente, no se trata de ser indolente y no permitirse sentir dolor, angustia, miedo, sufrimiento, sino de permitirle al tiempo que cumpla con su oficio sanador, y de echar mano de la recuperación y cicatrización que nos ofrece. Hay muchos sucesos irreversibles, que por dolorosos que hallan sido, en cada amanecer, en cada nuevo día, cuando los gallos anuncian que ya se fue una noche más, hay que dejarlos ir con ella y recibir el nuevo día, con la esperanza fortalecida. Pensando, que se es parte sobreviviente, y sentirlo como un regalo, que algunos no lograron conquistar.

Martha Elizabeth Torres Sánchez
Licenciada en Filosofía.

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