GENERACIÓN DE RESIDUOS, ¿UN PROBLEMA O UNA OPORTUNIDAD?

Era casi la medianoche cuando la angustia que invadía a Camille llegó a su fin. En un instante, el dolor se transformó en regocijo absoluto. Junto a ella se encontraba su esposo, Florante, contemplando el llanto de vida de su hija Danica. Todo es regocijo en aquella pequeña habitación de un viejo hospital en Manila, Filipinas. Aquel 30 de octubre de 2011 funcionarios de la ONU acompañaban a los felices nuevos padres en tan conmemorable acto del nacimiento del ciudadano número 7.000 millones en el mundo. Un número muy grande, comparado con el número de otras especies en el mundo tales como los 880 Gorilas de Montaña o los 25.000 ejemplares de osos polares en todo el mundo. Lo preocupante es que esta cifra no se mantiene estática ni disminuirá en las próximas décadas, sino que por el contrario; aumentará. Según estudios de Naciones Unidas, se estima que los seres humanos alcancemos los 10.000 millones de habitantes en 50 años.

Esta situación puede tener serias repercusiones desde diferentes puntos de vista: alimentación, desempleo, crisis financiera, pobreza, cobertura educativa; entre otros. La generación de residuos sólidos, problemática que se incrementa con el aumento poblacional, es un aspecto muy importante, teniendo en cuenta que tiene serias repercusiones en el medio ambiente. Si la calidad de los recursos naturales se deteriora, la calidad de vida de los seres humanos también tendrá consecuencias recíprocamente adversas.

Según estudios realizados por el DANE (2006), se estima que en Colombia cada habitante de estratos 1 y 2 o poblaciones de baja población, la Producción Per Cápita (PPC) de residuos corresponde a 0.31 Kg / habitante/día, ciudades intermedias o lugares de estratos 3 y 4, la PPC es se encuentra entre 0.6 y 0.81 Kg/hab/día y en ciudades capitales o en estratos 5, 6 o más, la PPC ascienda hasta 0.95 Kg/hab/día. En países industrializados como España o Noruega, llega a ser de 1.44 Kg/hab/día y 2.27 Kg/hab/día, respectivamente, según la OECD.

Estos datos permiten deducir que las personas que habitan en regiones o países de mayor desarrollo económico, tienen mayor generación de residuos, es decir, mayor capacidad de consumir y generar desperdicios. Se podría pensar que aquellos quienes habitan en regiones o países con mayores recursos son también más cultos, más responsables, de mejor perfil educativo que aquellos que no tienen mucho, lo cual redundaría en la disminución de desperdicios; pero eso es una utopía: la realidad de tener les da el derecho a gastar lo que quieran y efectuar los impactos que deseen por el solo hecho de tener el poder de utilizar el entorno a su antojo. Esta es la consecuencia de un modelo económico capitalista, que se refugia en principios “democráticos” de los gobiernos, donde realmente el poder no lo tiene el pueblo, sino quien tiene el dinero.

En Colombia, así como en otros países en vía de desarrollo, se ha venido presentando el fenómeno migratorio de habitantes de zonas rurales hacia los medianos y grandes centros urbanos creyendo encontrar mejores oportunidades, ya que trabajar el campo y la tierra ya no es una labor muy rentable debido al aumento del costo de los insumos y del transporte. Muchas de estas personas, al estrellarse ante las realidades citadinas, encuentran refugio en su sustento a través de actividades ilícitas o del comercio informal, otros tantos, recurren a la recolección y venta de reciclaje que encuentran en su paso, convirtiéndose así en el último eslabón de la cadena del modelo económico consumista impuesto durante las últimas décadas.

Un primer análisis podría concluir que estas personas que se encargan de recuperar gran parte de lo desperdiciado están contribuyendo enormemente a la economía regional y al medio ambiente; y esto a su vez genera mejores rentabilidades económicas. No obstante, estas personas normalmente son analfabetas o con bajo nivel educativo y cultural, a quienes en muchos casos, el Estado mantiene desamparado y sin cuidado alguno, obviando su calidad de vida, su salud, educación y control natal.

Las personas de altos recursos, aunque grandes consumidores y generadores de residuos, mantienen una baja tasa de nacimientos; mientras que las personas de bajos recursos, generan pocos residuos pero con una tasa natal considerable. Sumada esta situación al fenómeno de madres solteras y crisis familiar donde muchos niños de bajos recursos viven en medio de la desnutrición, el desamparo, la violencia, la falta de capacitación y de principios morales elevados conllevan a un desastre social sin precedentes: desigualdad social cada vez más desproporcionada donde los ricos cada vez son menos pero son más ricos y los pobres son cada vez más y más pobres.

Si los Estados en verdad se preocuparan por garantizar los derechos civiles de TODOS, apoyarían a esta creciente cantidad de migrantes a mejorar su calidad de vida, apoyar cada uno de sus proyectos de vida y dar garantías mínimas para que quienes se encarguen de efectuar labores de reciclaje, logren ser capacitados no solamente en la administración de recursos, sino también en educación, en estilo de vida saludable y en investigación e innovación, procurando una elevación cultural y moral auténticos. En cuanto a las personas con gran poder adquisitivo, se puede pensar en campañas de uso eficiente de los recursos, disminuyendo el hábito destructivo por consumir e incentivarlos en el servicio comunitario.

Si se logra un cambio, aún lento, en el corazón cada uno de los habitantes de este planeta en cuanto al respeto de los demás, respeto por los recursos naturales y preocupación por generar procesos cíclicos en la producción de bienes en vez del consumo-desperdicio; se podrá pensar en verdad en la realización del concepto de Desarrollo Sostenible planteado en la Cumbre de Río de 1992. Esperemos que Danica logre crecer en un ambiente rico en calidad humana a través de los principios morales y éticos familiares, alcance un óptimo nivel educativo y cultural, llegando a ser parte de la generación por venir que entenderá mucho mejor estos conceptos y logre ser parte de la solución, no del problema.

Escritor: Pedro Sarmiento Bernal