LA CIUDAD SOSTENIBLE

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Los problemas del modelo urbano contemporáneo se derivan de la diseminación territorial, un fenómeno que se ha apoyado en los avances tecnológicos y en los consiguientes cambios en el estilo de vida.

En efecto, a lo largo de los siglos, las ciudades se desarrollaron según un modelo de crecimiento “natural”, condicionado por la geografía y las limitaciones del transporte. Este modelo dio lugar a núcleos urbanos compactos que permitían la optimización de las redes de infraestructuras y en los que la mezcla de usos y los desplazamientos a pie animaban y enriquecían el espacio público.
Sin embargo, la revolución industrial y el posterior auge del transporte motorizado marcaron un cambio de rumbo: las ciudades comenzaron a expandirse sin control y la zonificación y las grandes distancias generaron un modelo urbano de escasa eficiencia, en el que el omnipresente automóvil ha ido mermando la calidad del espacio público y en el que la segregación social y económica no ha dejado de aumentar.

Esta situación ha ocasionado, además, un derroche de energía y un consumo insostenible de recursos naturales, junto con una degeneración de la calidad de vida urbana a causa de la contaminación acústica y atmosférica, la pérdida de diversidad del espacio público y el impacto en los ecosistemas.

Los factores medioambientales, sociales y económicos hacen de éste un problema complejo, que tiene que combatirse desde distintos frentes. No obstante, es la disciplina urbanística la que debe liderar la lucha e imponer una mayor racionalidad en el planeamiento de nuestras ciudades.

Principios
La ciudad sostenible debe incorporar en su diseño y planificación una serie de cuestiones ignoradas hasta ahora y que afectan a todos sus elementos, desde la morfología y tipología urbanas, hasta los espacios públicos y zonas verdes, las infraestructuras y servicios, y la propia edificación.

Las características de este modelo urbano son las siguientes:

1. Compacidad: la aplicación de densidades medias, la rehabilitación de las áreas centrales degradadas y la construcción exclusiva en terrenos adyacentes a los ya edificados eliminan los problemas derivados de la dispersión y la ocupación indiscriminada del territorio.

2. Mezcla de usos: la integración de usos diversos en los desarrollos urbanos y la ubicación estratégica de los equipamientos y servicios evitan la pobreza de los tejidos monofuncionales y sirven como instrumento de regeneración urbana.

3. Integración social: la coexistencia de tipologías de vivienda variadas y de distinto precio garantiza la necesaria convivencia de rentas y clases.

4. Aprovechamiento de las condiciones naturales: el trazado adecuado de las calles, en función de la orientación y de los vientos dominantes, permite un aprovechamiento máximo de las energías solar y eólica, base del diseño urbano bioclimático.

5. Recuperación del espacio público para el viandante: la restricción del uso del automóvil, la aplicación de políticas de aparcamiento inteligentes y la promoción de los modos de transporte sostenibles (medios colectivos, bicicleta, peatón) son los ejes en torno a los que gira el éxito de los planes de movilidad urbana.

6. Acceso a la naturaleza: el aumento de las zonas verdes y su conexión con el entorno natural potencian la biodiversidad urbana y redundan en beneficio de la calidad de vida de los habitantes de la ciudad.

7. Eficiencia de las infraestructuras: el diseño previsor de las redes de infraestructuras, la integración del ciclo del agua y la gestión adecuada de los residuos garantizan el máximo aprovechamiento de los recursos disponibles en las áreas urbanas.

8. Incorporación de las energías renovables: la combinación de la generación energética renovable con medidas de ahorro y de limitación de la demanda energética es esencial para completar el modelo urbano sostenible.

Conclusión
Lo anterior no es más que un recorrido somero por las líneas generales que debe seguir el planeamiento urbano sostenible. Cada una de ellas se materializa en numerosas medidas que, como dijimos al principio, no dependen sólo de los responsables del ordenamiento urbano y territorial: muchas de ellas competen a instituciones nacionales e, incluso, supranacionales.

Afortunadamente, la conciencia social y política sobre la necesidad de un desarrollo sostenible es cada vez mayor, y ya no parece tan lejana la consecución de este ideal sostenible, la ciudad que H. Girardet definió en 1992 como “aquella en la que sus habitantes disfrutan de una elevada calidad de vida, sin transferir problemas socioeconómicos o de salud a otros lugares o a las generaciones futuras”.

Escritor: Monica arostegui

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