La educación, sistema averiado:

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¿Qué ocurre cuando, por ejemplo, el reloj colgado en la pared de nuestra sala comienza a fallar? Probablemente la primera medida será chequear las baterías, y si aún el problema persiste, acudiremos a un relojero para que solucione el inconveniente. Una vez puesto a punto, volvemos el reloj a su sitio en la pared, pero encontramos que a los días vuelve a fallar y comienza a retrasar minutos, y con los días más, y más minutos… Fallas, como es el caso del reloj, acontecen constantemente. ¿Qué sucede si lo comparamos con una sociedad? El reloj es un sistema de piezas que encajan perfectamente unas con otras, y la sociedad es un conjunto de pequeños sistemas relacionados, los que van conformando otros sistemas y así sucesivamente.

Pero así como un reloj empieza a retrasar minutos, y hasta horas, nuestra sociedad hace mucho tiempo comenzó a fallar, alterando el perfecto funcionamiento. Los regímenes que regulan e imperan en nuestras sociedades con el paso de los días se vuelven obsoletos ante las transformaciones vertiginosas que las personas, sin sentarse a meditarlo, alimentan día tras día. Sistemas como el político, el económico, el judicial, el educativo, entre otros, ya no cumplen el rol para los cuales fueron creados, generando graves problemas y un malestar generalizado, que se manifiestan en constantes quejas y en el peor de los casos recurriendo a la violencia. Este retraso sistémico, ante las exigentes demandas de los habitantes de una sociedad, ya no condice con un mundo en constante movimiento.

Durante el siglo XX, los avances científicos, tecnológicos e informáticos fueron los grandes protagonistas de una historia que superó ampliamente cualquier precedente. Fue imposible hablar de una revolución como hito importante, como lo fue la industrial o social de siglos anteriores, sino que nos topamos con cientos de pequeñas revoluciones, que se fueron suscitando durante el transcurso de un siglo cambiante y vertiginoso. Este nuevo siglo XXI, no muestra diferencias y por el contrario, se percibe mucho más.  Acontecimientos importantes, como lo es justamente una revolución, empuja a una civilización a la creación de una nueva institución para establecer el orden o mantenerlo. Esto se vierte en la creación o en la modificación de uno o varios sistemas, con la finalidad de adecuarlos a las nuevas realidades del contexto.

Hablando particularmente del sistema educativo, sería absurdo negar la existencia de la educación desde el inicio de la humanidad. Padres enseñando y educando a sus hijos, ofreciendo herramientas prácticas, intelectuales y psicológicas para atravesar cada una de las fases que forman parte de la vida. Pero fue el establecimiento de las civilizaciones lo que impulsó la búsqueda de un aprendizaje ya no como un simple proceso natural, sino como una acción planeada, consciente y sistematizada. Registrando la historia, nos encontramos que en el siglo XIX es cuando se produce el proceso de masificación educativa en Europa

¿Y cuál fue su impulso? Justamente las exigencias del momento, donde no sólo se perseguía formar intelectuales y educadores que difundiesen la cultura del naciente progreso, sino que era necesario obtener mano de obra calificada. De esta manera se observa claramente que el sistema educativo se encuentra íntimamente ligada al resto de los sistemas. En Argentina el sistema educativo como tal surge a mediados del siglo XIX, con la sanción de la Ley de Educación Común N° 1.420 aprobada en 1884 después de fuertes debates en el Congreso Nacional y en la prensa, sobre religión, escuela mixta y control del Estado. Tomando de base la ideología del primer mundo como referente de progreso y avance, se aprobó aquella ley estableciendo una instrucción primaria obligatoria, mixta, gratuita, laica y gradual. Entonces, sería lo mismo decir que la mano invisible que impulsó su implementación, a pesar de las diferencias, fueron intereses políticos y económicos. El mundo continuó avanzando y la ley de educación no fue definitivamente reformada sino hasta 1993.

Y allí encontramos la primera falla en el reloj, de casi un siglo de constantes cambios, y de un sistema educativo con un atraso de cien años. Esta última fue la Ley Federal de Educación N° 24.195 que introducía nuevos conceptos, ya instaurados en diferentes reformas parciales anteriores y adaptaba la educación a procesos más actuales. La   Ley Federal de Educación abarcaba todos los niveles y modalidades del sistema educativo, como la educación inicial, educación general básica, educación polimodal y la educación superior, cosa que no sucedía en la vieja Ley Nº 1.420. Además introducía cambios curriculares e institucionales.

Para el año 2006 se sanciona la ley N° 26.206 (Ley de Educación Nacional) bajo los principios de educación y conocimiento bajo el ala pública, siendo un derecho personal y social garantizados por el Estado. La nueva ley quita la educación general básica y polimodal, reemplazándolas por el sistema anterior de primaria y secundaria. Además incluye ocho modalidades como: educación técnico profesional, artística, especial, permanente para jóvenes y adultos, rural, intercultural bilingüe, en contextos de privación de la libertad y domiciliaria y hospitalaria.

definitivamente no son radicales y el problema de fondo sigue persistiendo, y es que nuestros hijos cada vez aprenden menos. Son diversos los problemas, y cuantificarlos sería un error porque siempre aparecería uno nuevo. ¿Y esto a qué se debe? La respuesta es más simple de lo que parece, y es de lo que venimos hablando, que el sistema además de ineficiente, es obsoleto. Desde la implementación del sistema educativo argentino, no se hizo otra cosa que mutar, lejos de modificar estructuralmente la base de una fachada que no puede sostenerse más a sí misma. Cada gobierno de turno, toma el sistema y lo adapta a su conveniencia, siempre con un objetivo propio, pero casi ninguno adopta una reforma que produzca una transformación superadora. Un sistema rígido al que se le introducen cambios y modificaciones, es como cambiarle las baterías a un reloj que no funciona porque una de sus piezas está rota, y al articularse con el resto de los sistemas se crea una incoherencia que paraliza a una sociedad que camina sobre una cornisa.

La educación es un sistema averiado, donde se persiguen nuevos objetivos en base a lo que se conoce, pero ¿a nadie se le ocurre nada nuevo? Se aplican pedagogías de siglos anteriores, adecuándolas, comprimiendo y moldeando a requerimientos del momento, pero ¿qué sucedería si se aplicara un sistema que se adapte a sí mismo, que se retroalimente?.

Retomar la idea que educar es para que nuestros niños obtengan las herramientas necesarias para desempañarse como seres sociales que son, conviviendo en armonía y respeto, y finalizar de una vez por todas con una ridícula ideología, que educar es mantener a los habitantes sumidos a un orden social (que casi no existe), preparándolos para ser mano de obra calificada (porque son personas, y no objetos programables para una tarea), quizás sea la base de un nuevo sistema que ya no necesite el dictado de reformas y nuevas leyes que instauran confusión y burocracia. En la realidad actual deberíamos preguntarnos: ¿Cuál es la necesidad del sistema educativo? Seguramente las respuestas serán de toda índole, pero todos coincidirán en un mismo punto central: que nuestros hijos tienen derecho a ser educados; que es la base de desarrollo de una persona, y finalmente que es una necesidad cultural y social.

Bibliografía:

Ley Nº 1.420 (1884)

  Ley Federal de Educación Nº 24.195 (1993)

     Ley de Educación Nacional N° 26.206 (2006)

   http://educacion.idoneos.com/index.php/119523

http://www.mflor.mx/materias/temas/transedu/transformacioneducativa.htm

 Escritor: Adrián Berra

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