LA FORMACIÓN DEL VÍNCULO CON EL PACIENTE

 Un niño viene a sesión cargado de expectativa, miedo y curiosidad. De deseo pero también quizá de dolor. Viene de un camino recorrido, de una historia vivida y vívida que lo atraviesa. Viene a depositar en nosotros aquello que lo hace sufrir en algún punto. Viene porque lo traen, y se queda porque se lo permitimos.

Nosotros lo recibimos, profesionales noveles, a veces con más miedo y expectativa. La expectativa de que nuestra intervención será adecuada y terapéutica. El miedo de que ocurra exactamente lo contrario y que ese niño, quien deposita tanto y tan valioso en nuestras manos, sufra aún más en el proceso.

Los extremos son ilustrativos…o quizá no. La ambivalencia de perspectivas que genera el abordaje clínico, proceso transferencial y contratransferencial siempre presentes, navega entre estos polos. El miedo puede paralizar, y la expectativa de excelencia también.

      Cuando esos ojos (si tenemos la suerte) logran transmitirnos una mirada, cuando ese ser nos dedica las sonrisas más hermosas, nos saluda con los besos más honestos y realiza inferencias más lógicas que la lógica sobre su propio padecer, es ahí donde la práctica psicopedagógica halla su campo de acción.

               Es ahí cuando volvemos a los libros, a los apuntes, a los oscuros resquicios de una más o menos castigada memoria de largo plazo. Porque ese niño logró una intervención pura que nos descoloca, que no podemos encuadrar…ese niño ha logrado establecer un vínculo con nosotros, y lo más maravilloso del quehacer humano se despliega en ese intersticio que hay entre la teoría y la realidad. Entre el saber hacer y la práctica se instala la intervención psicopedagógica. El abordaje clínico en los primeros encuentros que hacen al tratamiento psicopedagógico suele estar dirigido a la construcción de este vínculo particular entre el psicopedagogo y el paciente, a la vez que conforma las primeras aproximaciones que apuntarán a explorar las distintas dimensiones que forman parte de los aprendizajes de los niños.

               Algunas intervenciones que podrían llevarse a cabo en este período son las siguientes:

– Cuando el niño llega por primera vez a sesión, debemos recibirlo nombrándolo de modo afectuoso, haciéndole saber que ha sido esperado por el psicopedagogo. Alojarlo en ese espacio que se ha designado y diseñado especialmente para él fomentará que el niño pueda apropiarse del mismo. Solo de este modo, a través de este entramado será posible el futuro despliegue cognitivo, emocional y creativo que acaecerá en el tratamiento. La transferencia es un proceso que activa aspectos inconscientes respecto de las imagos parentales primarias en el paciente, y que posibilita que el analista se presente como sostén de estas representaciones, propiciando la metabolización de las mismas .El nacimiento del vínculo transferencial debe ser anticipado por el psicopedagogo para poder intervenir y planificar intervenciones adecuadamente a partir del mismo.

– Debemos explicarle de modo sencillo, y lo más claramente posible, el motivo de su presencia en el consultorio. Qué es un tratamiento psicopedagógico, qué implica, y que objetivos se busca lograr. Preguntarle al niño, a su vez, cuál es su expectativa respecto del mismo, cual es su percepción de la situación, que hipótesis tiene al respecto, etc. Es nuestra tarea adjudicarle valor a la voz del niño, advirtiendo en él una subjetividad en proceso de formación, a la vez que encuadrar el tratamiento y su incumbencia. El contrato establece las reglas dentro de las cuales se llevará a cabo el tratamiento, y constituye también las garantías necesarias para el paciente y el psicopedagogo.

– También tenemos que propiciar la apertura al diálogo. Podemos conocer mucho acerca de la realidad de ese niño por medio de su discurso, sus ideas, sentimientos y opiniones. El diálogo también puede explayarse a través del medio gráfico. Los dibujos de los niños son una riquísima fuente de expresión y representación de su mundo interno. A través del dibujo, el niño establece relaciones y comunica respecto de su subjetividad. Estas primeras representaciones gráficas son significativas para el psicopedagogo ya que brindan indicios sobre aquello que es relevante para el niño y sobre el estado actual de sus intercambios con los objetos de conocimiento.

– Debemos privilegiar el juego como mediador por excelencia. Las primeras sesiones nos brindan la posibilidad de explorar los intereses y gustos personales de los niños. Si cuentan con un juego predilecto o que les provoca placer por sobre otros quehaceres lúdicos, podemos utilizarlo también como punto de partida para futuras intervenciones. El despliegue que se suscita a través del juego es de invaluable importancia para la práctica psicopedagógica, ya que nos provee información acerca de la problemática subjetiva del niño, así como también de su desarrollo de su proceso simbólico.

– Este primer momento del tratamiento deberá estar acompañado a su vez por entrevistas con los padres del niño. El trabajo con las familias es de fundamental importancia ya que nos permitirá comprender algo del orden de la fantasmática que la atraviesa y el lugar que el niño ocupa en ella. El discurso familiar marca de modo casi indeleble, y las problemáticas de aprendizaje de los niños suelen estar ligadas profundamente al mismo. La percepción de los padres sobre su hijo nos ayudará a comprender la dinámica familiar y podrá guiarnos en la planificación de actividades.

Asimismo, la construcción de una exhaustiva anamnesis resultará fundamental para la construcción de una hipótesis diagnóstica acertada, que de cuenta de las dificultades y puntos fuertes de la adquisición de los aprendizajes de los niños.

               De este modo, los primeros momentos del tratamiento psicopedagógico sentarán las bases para la planificación y desarrollo del mismo. Si bien no existen recetas prefiguradas, las intervenciones anteriormente mencionadas configuran un modelo que nos permitirá indagar los aspectos subjetivos y cognitivos del niño, a la vez que posibilitará que el mecanismo transferencial se edifique para vehiculizar la cura y el despliegue de sus potencialidades.

 Escritor: Gabriela Alejandra Carreño

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