La formación inicial de nuestros profesores ¿está al nivel de lo esperado?

Este texto tiene como propósito hacer un breve análisis acerca de la formación inicial que los profesores tienen cuando egresan de la Universidad. El tema ha sido analizado y evocado en más de una oportunidad últimamente, debido a las deficientes calificaciones que nuestros futuros docentes han obtenido en las pruebas Inicia aplicadas a estudiantes que se encuentran en los últimos meses de su formación profesional.

La primera aproximación al tema está en mi experiencia personal, imbuida en el ambiente educativo, empapada de las vivencias cotidianas con mis colegas y de todo el entorno próximo; estas experiencias son las que me hacen, en reiteradas ocasiones, cuestionarme respecto a la formación que tienen nuestros docentes chilenos, y cuán preparados están para enfrentar la formación de nuestros estudiantes en los diferentes niveles que cada uno debe alcanzar a lo largo de su vida escolar. Otra inquietud que acude reiteradamente a mi cabeza es si nuestro maestros están realmente preparados para enfrentar una nueva reestructuración o nueva reforma educacional, o de acuerdo a algunos, un cambio total en el área educativa y que a pesar de la resistencia de algunos se deberá abordar en un futuro, que se avecina a pasos agigantados.

La efervescencia social que nos ha tocado vivir en el último período, el cual no supera una década, con las llamadas revolución pingüina y el descontento mostrado por nuestros educandos en marchas y paralizaciones, y que ha remecido en más de una oportunidad a las autoridades, pone nuevamente en la palestra a nuestra tan querida vilipendiada Educación. Las demandas se centran en aspectos varios, y no menos primordiales como son la disparidad entre la educación estatal y la privada, el acceso, la gratuidad, los créditos impagables, la calidad, etc., y es en uno de esos aspectos en que este texto se detiene, pues inevitablemente al solicitar nuestros alumnos, niños o jóvenes calidad de educación, los profesores deben hacer un profundo análisis de su quehacer y pensar si realmente poseen una buena formación profesional , cuestionar la educación que cada docente entrega, sentir que se está a la altura de dichos requerimientos, meditar si la formación inicial adquirida en la Universidad permite entregar los conocimientos que los alumnos necesitan.

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El cuestionamiento debiera partir a través de un análisis profundo de lo que el mercado está ofreciendo en la formación de nuevos contingentes de profesores, ver el “producto” humano que está titulándose, y poner además, énfasis en la continuidad en el tiempo de esa formación permanente de los profesores. La formación inicial es un aspecto que se ha abordado sólo en el último tiempo, basta recordar los pobres resultados obtenidos por alumnos de último año de carreras de pedagogía en la prueba Inicia, aplicada hace poco.

Chile tiene una larga tradición de formación inicial institucionalizada de docentes, que se remonta a los años cuarenta del siglo diecinueve. Esta tradición ha conocido altos y bajos tanto en términos de su relevancia y calidad, como de quienes se han interesado por los estudios pedagógicos. Hoy día, existe un creciente número de postulantes a la docencia que se preparan en una variedad de instituciones de Educación Superior, universitarias y no universitarias, públicas y privadas, en horarios regulares y en horarios vespertinos, con modalidades presénciales y semi-presenciales (las llamadas carreras “marmicoc” de fines de semanas) , en fin existe una gran diversidad de ofertas en el mercado educativo de nivel superior que apuntan a la formación inicial de nuestros profesores, aunque en su mayoría se expresan en programas similares en cuanto a duración y contenidos, pero no todas apuntan a una formación docente de calidad y con una profunda y sólida formación.

Tal vez donde más se demuestra una deficiente formación de nuestros docentes es en provincia, como se señala anteriormente, la experiencia personal, permite reforzar esta tesis. Los estudiantes reciben de un gran porcentaje de profesores una calidad educacional regular, y muchas veces deficiente, lo que acrecienta mucho más la brecha existente entre aquellos estudiantes que están en ventaja considerable para obtener las mejores oportunidades en su futura vida laboral.

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Muchas entidades educativas de nivel superior han escuchado la voz de alerta proveniente de un gran número de estudiantes, y varias han tratado de modernizarse, pero no todas tienen un afán de autorregulación, al parecer se requiere de una voluntad de nuestras autoridades de poner hincapié en una regulación del mercado en la oferta que las diversas instituciones formadoras de nuestros profesores, para establecer parámetros universales en la formación de los mismos, elevando las exigencias y llevando a un nivel tal de la carrera docente que permita restablecer esa antigua mirada de admiración a nuestros profesores, esos eruditos fuentes de sabiduría e instrucción que nuestros padres tenían.

Siempre he creído que si un doctor se equivoca en operar o diagnosticar erróneamente a un paciente, recetará u operará mal cometiendo muchas veces un daño irreparable, si un profesor enseña mal un concepto, un contenido o entrega su conocimiento de manera equivocada sesgará la mente de sus estudiantes para el resto, coartando involuntariamente las posibilidades a futuro de sus alumnos, en esto radica la importancia de formar excelentes docentes, en capitalizar a futuro la grandeza que cada individuo aportará a nuestra nación.

Autor: Alexandra Rogers Seaman

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