La formación y el mercado de trabajo en España: Más sombras que luces

Es bien conocida la teoría que apunta, como a mayor formación y un mejor nivel de estudios, las posibilidades de encontrar empleo y de que este sea de mayor calidad y consecuentemente con una remuneración significativamente más elevada, aumentarían.

Sin querer “desmontar” íntegramente esta especie de “dogma” académico-laboral, si nos gustaría precisar un tanto esta premisa, de tal modo, que aunque ello pueda ser cierto de modo genérico o lo haya podido ser en el pasado, no es menos cierto, como en la actualidad esta tendencia se estaría rompiendo o al menos matizando, siendo cada vez más frecuente la conocida como “sobrecualificación” profesional, que implicaría que profesionales con alto grado de formación y  altamente cualificados estuvieran empleados en ocupaciones muy por debajo de sus capacidades reales. En este sentido, distintos estudios realizados al respecto, nos mostrarían como estas tasas de “sobrecualificación” afectarían a más del 50% de los titulados superiores, aumentando estos porcentajes en titulaciones afines a las ramas de Ciencias Sociales y Humanidades.

A nuestro entender, existirían varias explicaciones a esta disfuncionalidad entre el perfil académico de los candidatos y la ocupación que finalmente acaban desarrollando como  trabajadores; Así, cabe destacar por un lado la divergencia entre los contenidos educativos de la formación reglada tal y como está concebida y las habilidades que demanda un mercado laboral que además se antoja enormemente dinámico y cambiante, cambios que por añadidura se producen en muchos casos de forma brusca y precipitada, requiriendo  por ello adaptaciones muy rápidas y no precisamente fáciles de ser asumidas por parte de los trabajadores que a ellas se enfrentan. Asimismo, la ingente cantidad de titulados universitarios registrados durante las dos últimas décadas en nuestro país, harían inviable su absorción en un mercado laboral que como decimos poco tiene que ver con la realidad educativa, amén de una situación de crisis económica que habría agravado una situación ya de por si complicada con anterioridad.

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Algunas de las causas que han ocasionado esta situación y pese a que no entraremos en profundidad en el desarrollo de las mismas,  si nos gustaría apuntar como un sistema de valores tradicionalmente credencialista y donde la “titulitis” habría jugado un papel importante, así como un sistema educativo que en muchas ocasiones se ha utilizado no tanto como modo de mejorar la cualificación y orientación profesional de las distintas generaciones, sino más bien como un modo de alargar y posponer la salida de los más jóvenes a un mercado laboral con un alto desempleo crónico que en el caso español ha alcanzado además tasas dramáticas en lo que a  paro juvenil se refiere.

Así pues, nos encontramos como decimos, con un sistema educativo que lejos de facilitar la inserción laboral de los estudiantes, diverge cada vez más del mercado de trabajo. A nuestro juicio, estos errores académicos, se centran en una metodología básicamente memorística que no aporta demasiado al alumnado, más allá de la superación de las pruebas de evaluación pertinentes.

Por ello y a fín de hacer una crítica lo más constructiva posible, nos atrevemos a citar unas pautas correctoras para intentar paliar los errores detectados y que irían en la línea de hacer cambios profundos desde las primeras etapas de la enseñanza, apartando unos contenidos excesivamente teóricos y desarrollados muy profusamente a lo largo de las distintas  materias educativas y que serían sustituidos por contenidos de orden más pragmático y no tanto dirigidos a la adquisición de conocimientos concretos como ocurre ahora, sino a la adquisiciones de habilidades sociales y personales más genéricas, como podrían ser la mayor capacidad de expresión oral y escrita o el aprendizaje de un segundo idioma de forma fluida.

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A medida que avanzásemos en las distintas etapas del sistema educativo, sería muy positivo ir centrándonos en captar las habilidades, capacidades y vocaciones del alumno, con el objetivo de intentar trazar un itinerario formativo profesional lo más preciso posible y ajustado a las necesidades de este, que debería ser el centro de atención de un modelo más pensado en facilitar su integración laboral. Paralelamente, fomentaríamos la introducción de nuevas materias más genéricas, pero en cualquier caso, más vinculadas con la realidad social, aspecto que igualmente echamos en falta actualmente; Entre estos contenidos, podríamos citar desde aquellos vinculados con  educación vial o educación sexual, a otros de orden más específico pero igualmente útiles y entre los que nos parece  interesante destacar los relativos a la legislación laboral, principios de economía, conocimiento de las instituciones político – administrativas nacionales o aquellos relacionados con los derechos ciudadanos.

 A pesar de lo ambicioso de nuestro proyecto, dado que ello implicaría  la introducción de nuevos recursos y metodologías, así como un cambio en los modelos de aprendizaje que afectarían no solo al alumnado, sino lo que es más trascendental, al propio profesorado, que debería reaprender a enseñar, creemos urge un cambio docente si queremos subsanar los errores que aquejan y lastran nuestro futuro como sociedad.

 Escritor: Alfredo Sánchez.

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