LA PLUMA PESADA

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 El lenguaje nos hace únicos, no podemos hablar, expresarnos o mucho menos pensar igual a otros, y a pesar de lo anterior el lenguaje nos homogeniza nos ata y nos limita el pensamiento, eso es lo que podemos observar en los textos Woyzeck de Buchner, El corazón débil y El Señor Projarchín, de Fedor Dostoievski. No resulta fácil argumentar una paradoja como la que planteo, pero serán los hechos o más bien los propios personajes de estos cuentos los que hablen para defender, acusar o burlarse de lo que digo.

Woyzeck, soldado pobre y desgraciado; Projarchín, un funcionario público casi en la miseria, avaro y mediocre y Vasia, un escribiente soñador, tan sensible que raya en lo absurdo y desmedido. Todos ellos comparten el lenguaje del poeta, del hombre que piensa, el lastre en sus vidas es el lenguaje, el hecho de que muchas veces su propio lenguaje supere la realidad de sus vidas es lo que marca sus historias y es así como el propio ser pasa a ser dominado por la psicosis, la posesión del habla. Tal cual como lo vemos en los tres estados a los que llegan dichos hombres: enloquecidos, como asesinos, como pensadores que no pueden soportar el peso de su devenir. Estos tres personajes representan al hombre contemporáneo que se debate entre el deseo, la irracionalidad y el lenguaje.

El lenguaje los posee, llega un momento siempre en que una palabra, una idea, es decir, el lenguaje mismo llega a ellos y activa la carga semántica, dejan de ser lo que eran, dejan de pensar lo que pensaban y comienzan a actuar como creen deberían hacerlo. Hasta aquí entonces encontramos la contraposición entre pensamiento y acción. Actúan siempre los personajes secundarios: Marie y el tamborilero de Woyzeck; Arcadi Ivánovich y Liza de El corazón débil y Ustinia y sus variados inquilinos de El señor Projarchín reprensentan, es decir, cumplen la función de la acción, ya no son seres poseídos por el lenguaje, son seres poseídos por el deseo y la necesidad de actuar y razonar.

Por ejemplo: mientras que Projarchín se tarda horas hablando sobre su pobreza, su dignidad prestada y la relación con su cuñada, sus compañeros de inquilinato en poco tiempo pudieron montarle una broma que de haber funcionado hubiera causado más revuelo en la mente del pobre Projarchín; así como Woyzeck que se toma su tiempo a pesar de sus duras condiciones para filosofar, hablar de una filosofía que a decir verdad más parecen discursos de moralistas mediocres mientras su mujer coquetea con el tamborilero; y Vasia que desgasta su preciado tiempo contando uno a uno los detalles que lo llevaron a su enamoramiento, su afecto por Arcadi y su agradecimiento hacia su protector, su tiempo se consume y su felicidad también. Seres que se desgastan como nos dice sabiamente el capitán mientras habla con Woyzeck: “Eres una buena persona, una buena persona. Pero piensas demasiado, eso desgasta, siempre estás como tan acuiciado” (Büchner, 192). Nuestros personajes son buenas personas, pero todos desgastados y ese desgaste hace que su lenguaje cambie de sentido, pierda la racionalidad y se arroje a los mares de lo imaginario.

La relación entre los que llamaremos los que actúan y los que piensan se basa en el no entendimiento, es decir, el lenguaje pierde su función, se hablan, se comunican, pero no se entienden. A pesar de ser el lenguaje un elemento en común y a pesar de compartir incluso idiomas y sentimientos similares ni unos ni otros pueden entenderse, me explico: el lenguaje de los pensadores es superior a su existencia misma, en cambio los que actúan poseen un lenguaje que apenas logra acompañar lo que hacen.

Arcadi le reclama desesperado a Vasia que le explique qué le sucede porque él no logra entenderlo; los inquilinos le exigen a Projarchín levantarse para ir a trabajar, dejar de molestar a los demás y hacer a un lado sus delirios; Marie acusa a Woyzeck de fiebre y trata lo que dice como una alucinación. Para estos hombres el no entenderse es lo común, son distintos, distantes y por supuesto humanos. Los reclamos, las órdenes, las acusaciones son los que acompañan una comunicación casi sin sentido… ¿qué será entonces lo poco que los mantiene unidos?… ¿será acaso la cotidianidad?.

Hay un mundo que une a estos hombres y ese mundo es el mismo lenguaje que los separa, es decir, el solo hecho de saber que son diferentes, que piensan o actúan, o sientes o sufren es el lazo que los une, un mismo devenir: la infelicidad. pág 114) Arcadi descubrió con tristeza lo que pasaba, él también se contagió, así como Woyzeck no puedo superar el hecho de una traición más que anunciada; así mismo Projarchín desaparece una noche y reaparece trastornado, es tanta su miseria que un mendigo (incluso más razonable que él) es su terapeuta; todo fracasa por que el hombre no puede soportar la felicidad, esta viene del lenguaje y queda comprobado que el lenguaje no nos permite vivir eso, solo nos permite ser de una u otra forma y eso basta.

REFERENCIAS
BÜCHNER, G. Woyzeck. Texto tomado de http://jbarret.5gbfree.com/juanbarret/LB/OB/Woyzeck.pdf . El 20 junio de 2012.

Escritor: Nicole Ann Restrepo Berrío

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