la relación: indígena, tierra, campesino, lengua, tradición, historia, literatura y las publicaciones periódicas.

Como hemos visto, existen distintas posturas acerca de los pueblos indígenas y su papel en lo que se considera como la verdadera identidad latinoamericana. Dentro del mar de opiniones y propuestas de cómo podría solucionarse el evidente problema que los indígenas han sufrido (y siguen sufriendo) durante la colonización y la organización de los nuevos estados del s. XIX, podemos ver discrepancias o puntos de vista muy diferentes, que según nuestra opinión, se acercan o alejan más del problema central y, así, de la posible solución a dicha problemática. En las distintas teorías sobre lo ya mencionado, podemos encontrar diversos conceptos claves, que si bien parecen ser distantes unos de otros a simple vista, están íntimamente relacionados como lo son el concepto de “tierra” y “pueblo indígena”, “indígena” y “campesino”, “lengua” y “tradición”, “literatura” e “historia”, que aquí son agrupadas, pero que en realidad son interdependientes.

Para el pueblo indígena la tierra es más que una porción de territorio donde vivir y producir, es un espacio dotado y lleno de valores simbólicos ligado a sus más intimas creencias religiosas que no solo forman parte de su espiritualidad, sino también, de su vida como sociedad. Por eso, la preservación de la tierra es una lucha por la autopreservación y la autodeterminación, es decir, significa la preservación de la existencia de los diversos pueblos indígenas. También, este espacio físico además de ser un símbolo es un espacio de la “territorialidad” indígena.

Uno de los pensadores que nos habla del “problema de la tierra” en su obra “7 Ensayos sobre la Realidad Peruana” es Mariátegui, quien establece otro punto de vista (ideas “agraristas”) sobre la unión entre tierra e indio, de orden productivo, donde éste es visto como “campesino” por ser agricultor en su origen y no esclavo, como lo es después de la colonización bajo el régimen feudal de los gamonales en el caso del Perú, el cual tiempo más tarde se convertiría en latifundista. El autor trata en su obra de reivindicar el derecho de éste a la tierra, para lo cual plantea como necesario sacar al indígena del estado de servidumbre.

Mariátegui es uno de los pensadores que pertenece al “indigenismo” del s. XX que expone la problemática de éste en nuevos términos al asociar “indio y tierra”, es decir, bajo un carácter étnico-social y económico, y ya no como la visión de siglos anteriores, donde tal cuestión fue abordada desde otra mirada, por ejemplo, como el indio bárbaro o donde se discutía la humanidad y el derecho a esclavizarlo.

Otros como Ricardo Rojas y Vasconcelos asumen una postura moderada en que la solución a tal problemática es la fusión de lo americano (indígena) y lo europeo (blanco) en una doctrina “eurindiana”, como ellos la llamarían. Es decir, en el mestizaje. También tenemos la postura de Gamio, quien sostiene como solución a esta cuestión, la “nacionalidad mestiza”, que contribuía al acercamiento racial, a la fusión cultural y lingüística, pero no teniendo en cuenta, a diferencia de Mariátegui, que el indio para preservar su existencia debía conservar su tradición no solo cultural, sino también lingüística como forma de pensamiento que ésta representa.

Otro punto a considerar, como expone Diego dos Santos en su obra “Tierras: derecho fundamental de los pueblos indígenas”, al citar la Ley 6.001, del 19 de diciembre de 1973, conocida como el «Estatuto do Indio», en su artículo 1: «[…] regula a situação jurídica dos índios ou silvícolas e das comunidades indígenas, com o propósito de preservar a sua cultura e integrá-los, progressiva e harmoniosamente, à comunhão nacional». Destaca la enorme ambigüedad en la frase: «integrá-los à comunhão nacional «, que traducida dice: “integración progresiva y armoniosa, a la comunidad nacional”, lo que significaría que los indígenas no son considerados parte de la sociedad nacional, y cómo la cultura indígena no integra aquello que se entiende como cultura brasileña o nación brasileña. Ellos, en definitiva, no son ciudadanos de este país.

Siguiendo con esta temática y para comenzar a hablar sobre la importancia de la “lengua y tradición”, primeramente daremos una definición tomada de Germán Fernandez Guizatti, quien atribuye a la lengua un doble rol: en función social, como sistema de signos con carácter comunicativo y como un sistema simbólico de la propia cultura, y concluye que por esa relación entre el sistema idiomático de significantes y el sistema cultural de significados, aquella es susceptible de ser comprendida. Así, como parte del sistema cultural, junto a la tradición, forma parte de la “cultura”, en este caso indígena, y de este modo también del conjunto de hábitos y comportamientos acumulados por una comunidad durante generaciones (la historia).

A partir de lo expuesto, podemos afirmar que existe una estrecha vinculación entre la lengua y la cultura de la comunidad indígena. La lengua es en primer lugar, un alimento indispensable de la cultura, el medio de transmisión que asegura su permanencia, su estabilidad y a la vez su dinamicidad. La comprensión y percepción del mundo, sus experiencias y transferencia de conocimientos, modos de ser, obrar y sentir. Por lo que podemos aseverar que si la lengua indígena, en el caso de ser suplantada por otra como el español, significa la destrucción de la identidad de la cultura indígena.

Otro de los puntos ligados al indigenismo es la “literatura” como medio de expresión y exaltación de la cultura y lo propio Latinoamericano con la que se busca la “reivindicación de lo autóctono”. Mariátegui sostiene que el problema indígena no puede estar ausente de la literatura, así como tampoco de la política, la economía y la sociología. También, sostiene, que hay que hacer una distinción con respecto al nombre de este tipo de literatura “indigenista” y no “indígena” propiamente dicha, por el hecho de que aún no puede dar una versión real del indio, sino que tiene “que idealizarlo y estilizarlo”. Es todavía una literatura de mestizos.

Escritor: María Inés Altamirano

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