La Segunda República en Girona (1931 – 1936)

La monarquía Alfonsina, desprestigiada por los siete años de dictadura, se quiso lavar la cara y, en una operación de maquillaje, convocó unas elecciones municipales de sondaje para después convocar de generales. Habían transcurrido nueve años desde la última consulta electoral y los partidos gubernamentales y los caciques monárquicos tenían su maquinaria electoral desengrasada. En cambio, los partidos de la conjunción republicanos, que habían concertado el Pacto de San Sebastián (agosto de 1930), actuaban muy coordinados y difundían entre el electorado que un triunfo electoral significaría un plebiscito popular a favor de la República.

Aunque los monárquicos obtuvieron en el ámbito estatal más concejales que la conjunción republicana , la victoria de los republicanos en las capitales de provincia y en al resto de grandes ciudades provocó la caída de la monarquía. El rey, ante esta situación y la constatación de que no tenía los suficientes apoyos militares y políticos, optó por abandonar España y marcharse al exilio. El 14 de abril se proclamaba la Segunda República en todo el Estado y el Comité Revolucionario se transformó en gobierno provisional de la República con el objetivo inmediato de democratizar la administración y convocar elecciones generales y constituyentes.

La confrontación electoral en Cataluña se planteó, básicamente, entre la Liga Regionalista que continuaba dando apoyo a la monarquía – y el Partido Catalanista Republicano, producto de la fusión de Acción Catalana y Acción Republicana. Los socialistas sólo tenían cierta fuerza en Barcelona y el su entorno. A Izquierda Republicana, creada en el mes de marzo, no se le suponía ninguna posibilidad de victoria.

Tras la victoria, Lluís Companys proclamaba la República en Barcelona y Francesc Macis proclamaba el Estado Catalán dentro de la República Federal Española. La decisión de Macià forzó el gobierno de Madrid a reconocer inmediatamente la Generalidad de Cataluña en sustitución de la República catalana. En Girona, la Unión Republicana – adherida a ERC- obtuvo una amplia victoria (como en el resto de Cataluña), alcanzando el 51,1 por ciento de los votos- la mayoría absoluta- y consiguiendo 15 de los 23 concejales que debían conformar el ayuntamiento. El Centro Catalanista – adscrito a la Liga Regionalista – obtuvo cinco, la Candidatura Católico- Monárquica obtuvo dos y uno la Unión Monárquica.

El nuevo régimen republicano fue proclamado en Girona desde el balcón del ayuntamiento la tarde del día 14. Miquel Santali se convirtió en el nuevo alcalde, Quintana de León ocupó del Gobierno Civil, Casiano Costal fue proclamado presidente de la Diputación y Campos y Erbios, vicepresidente. Las autoridades de la dictadura pusieron sus cargos a disposición de las nuevas autoridades republicanas. El gobierno provisional de la República declaró festivo el día 15 de abril. La ciudad de Girona celebró el advenimiento del nuevo régimen pacíficamente con desfiles, discursos oficiales y fiestas populares. Instauraba un régimen democrático que quería poner fin a los problemas endémicos del Estado español. Quería eliminar el poder político de los caciques y la influencia del ejército y la Iglesia , establecer la igualdad de derechos políticos y civiles de los hombres y las mujeres , disminuir las grandes desigualdades sociales, realizar la reforma agraria, extender la educación entre las clases populares y organizar una nueva distribución territorial del poder concediendo autonomías.

En definitiva, quería poner al Estado español a la altura de las modernas potencias europeas. Pero el momento elegido no fue el más oportuno. En la lógica y esperada resistencia interna de los poderes fácticos dominantes hasta entonces, bien pronto se añadieron los factores negativos externos: la crisis económica y el ascenso del fascismo, con el debilitamiento de las democracias, abrieron un período caracterizado por una aguda conflictividad social y laboral.

Traducido de: La Segunda República en Girona (1931 – 1936)

Autor: Pere Corella

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