LO QUE COLOMBIA NO HA APRENDIDO DE FINLANDIA

En una remota tierra en el extremo noreste de Europa y rodeada por el Mar Báltico se encuentra Finlandia, un país de menos de 5 y medio millones de habitantes que con un sistema educativo innovador se volvió popular desde las primeras publicaciones de las pruebas Pisa que lo ubicaron como el país con la mejor educación del mundo ¿Cuál es el secreto de Finlandia y qué tiene para enseñarle a un país como Colombia que en estas mismas pruebas se ubicó como el peor del mundo?

No es objeto de este texto presentar en complejidad el modelo educativo de finlandés, ni tampoco se pretende establecer paralelamente los lineamientos que rigen el modelo educativo colombiano. En cambio, quiero soslayar en brevedad algunos puntos fundamentales que configuran el modelo educativo finlandés y que tienes que ser reconsiderados en el contexto colombiano. Lo que sugieren estos aspectos es que el éxito en la educación está en la confianza, la educación para la educación y el la superación del paradigma de la escolaridad temprana.

El modelo educativo finlandés tiene en su base más fundamental la confianza en las instituciones, en los maestros y en los deseos de aprender del estudiante. Esta confianza se traduce en que no hay jerarquización de las instituciones educativas, siendo labor de cada poblado el mantener las condiciones mínimas para cada escuela o colegio y además estando estipulado, por ley, que cada potencial estudiante se matricule en la institución que quede más cerca a su casa. Así las cosas, no se puede sostener un modelo jerarquizado debido a que la división de zonas “exclusivas” es muy limitado, razón por la cual es muy normal que los hijos de los empleados de servicio estudien en la misma institución que los hijos de los más acaudalados empresarios. Casi el 90% de las instituciones son públicas, cada una de ellas tiene la libertad de profundizar un área de conocimiento según su parecer, y esta confianza que deposita la nación en las instituciones va respaldada con la confianza que los colegios ponen en los maestros y estos a su vez en los padres de familia y los estudiantes.

La educación para la educación fue un Proyecto impulsado por el Estado finlandés luego de su precaria situación económica y social de finales de la segunda guerra. Fue entonces que en la década de los 50s Finlandia replanteó el sistema educativo nacional. El primer paso de esta restauración educativa fue el cierre definitivo de todos los programas relacionados con la pedagogía que no contaran con una acreditación de alta calidad. De esta manera, quien quisiera ser maestro, no solo tendría que pasar un riguroso examen de ingreso a las facultades de pedagogía (donde ingresan 1 de cada 10 candidatos) sino además debería tener presente que para ser maestro no bastaría un pregrado, siendo requisito hacer estudios de maestría si se desea contar con un empleo como educador en un largo plazo. Así las cosas, ser docente en Finlandia se volvió más difícil que ser ingeniero o médico. Por consiguiente, los salarios de los maestros permiten hoy por hoy tener niveles de vida dignos de tal manera que ellos pueden continuar investigando a la par que llevan una jornada laboral que no excede las 5 horas de clase al día. De esta manera, se generó un clima de confianza puesto que la sociedad cuenta con maestros de la más alta calidad formativa y una jornada laboral que les permite seguirse formando.

Este alto nivel académico de los docentes se ve complementado con una política de Estado según la cual los estudiantes sólo comienzan su formación académica después de cumplidos los 7 años de edad. Esto está en concordancia con estudios científicos según los cuales una temprana edad escolar no representa mayor éxito en la asimilación del conocimiento. De hecho, está demostrado que una mayor interacción familiar en la edad temprana favorece la formación académica al ingreso a la educación primaria. Durante los primeros 7 años de edad, los niños pasan la mayor parte del tiempo con sus padres y la otra parte en talleres comunicativos financiados por el Estado en los que se favorece la interacción con otros niños y la comunicación asertiva. Así, cuando el niño ingresa a la formación académica, ya ha consolidado un firme esquema de valores que lo acompañarán toda su vida y ha aprendido a interactuar y respetar a los demás. Además, los proyectos de formación temprana estimular a los futuros estudiantes a interactuar con su medio ambiente de modo que al ingresar a la educación formal pueden asimilar mejor las ciencias debido a que asocian el conocimiento como redescubrimiento de las cosas que afectan su vida diaria.
Estos son algunos de los principios vectores del sistema educativo finlandés. Como ellos mismos afirmar, no hay una fórmula mágica que pueda ser reproducida con facilidad sino más bien su éxito se debe a la construcción de una cultura de la excelencia, no por la competitividad al estilo Americano, sino con la promoción de la igualdad y equidad tanto en el trato y formación de los docentes como el trato y formación que se le da a los estudiantes. Finlandia abolió el uso de uniformes, las clases magistrales y las clases mismas. Cada encuentro académico en el aula de clase se convierte en un proyecto en el que los principales protagonistas son los alumnos (según investigadores un aula de clase en Finlandia es una de las más ruidosas del mundo), de tal manera que el docente puede dedicar más tiempo a aquellos estudiantes más rezagados y a la investigación.

Sobra decir la distancia que hay entre el sistema educativo colombiano y el finlandés. La pregunta es ¿puede Colombia replantear su paradigmas y ajustar su modelo represivo, retórico y discriminatorio para darle paso a un modelo de confianza en el que se prime la comunicación por encima de las competencias? Estas y muchas otras preguntas deben estar en debate público sobre la educación en nuestro país.

Andrés Sandoval Sarrias
Professional in Philosophy
Master St. John’s University
Master Universidad del Valle

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