¿PSICOTERAPIA COGNITIVA O PSICOTERAPIA CONDUCTUAL?

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En psicología el deber ético exige tener presente que ante cualquier situación prima el paciente, la persona; que lo más importante es que la atención que se le brinde por medio del servicio de psicoterapia sea el más adecuado según su necesidad, pero de acuerdo al principio ético de beneficencia y no maleficencia (APA, 2010) y a la variada oferta de enfoques terapéuticos surge la pregunta: ¿Si como profesional en salud mental se ha sido formado en el enfoque conductista, se pueden realizar psicoterapias cognitivas sin el riesgo de caer en eclecticismo?
El psicólogo clínico al optar por un enfoque que le permite formular e intervenir en los casos de los pacientes de la manera más pertinente para cada persona, hace una apuesta por una teoría como respaldo a su proceder. Al optar por un enfoque cognitivo, prioriza el comportamiento como producto de un proceso interno que se desarrolla en la mente, y se busca modificar el esquema que mantiene los pensamientos no funcionales en la actualidad; pero si se opta por un enfoque conductista, se prioriza el comportamiento de la persona como el producto de la interacción que tiene con el ambiente, y se busca modificar los estímulos presentes en éste, influyendo con contingencias en las conductas.

De acuerdo a lo anterior, se pueden formular las siguientes preguntas: ¿Al definirse por alguno de los enfoques, es prioridad optar por la dinámica interna o por la dinámica externa de la persona? ¿Podrían combinarse los enfoques para realizar una intervención ética acorde a las necesidades del paciente? Para responder a éstos interrogantes se debe tener claro que desde el enfoque conductista se consideran como conducta interna o privada los pensamientos y reglas verbales que para el cognoscitivismo son los esquemas mentales y éstos se hacen evidentes a través del lenguaje, de ésta manera es como se tiene acceso a la conducta privada.

Al continuar explorando estos dos enfoques por separado, se podría pensar si ¿lo más importante es observar y modificar lo que se piensa y se dice, o lo que se piensa y se hace?, siendo la primera propia del enfoque cognitivo y la segunda del conductual. Al tener en cuenta que en la persona los pensamientos, las palabras y las acciones son comportamientos y que todo es importante, es necesario tener acceso a la información pertinente del paciente, la cual manifiesta a través tanto del lenguaje verbal como del no verbal, y así, poder realizar la evaluación, la formulación y la intervención adecuadamente.

Otro interrogante que surge comúnmente en los profesionales de la salud mental, está relacionado con la efectividad de la terapia cognitiva y de la terapia conductual, con respecto a la modificación de los comportamientos en el proceso de la intervención. En esto es necesario tener muy presente que la prioridad es el paciente, por esta razón, el terapeuta requiere salir de sus esquemas formativos y buscar conocer las terapias que sean más eficaces de acuerdo al problema, ejemplo de esto es que algunas terapias cognitivas ayudan de mejor manera en casos como la fobia social, y algunas terapias que son conductuales son más efectivas para situaciones como lo es el entrenamiento en pautas de crianza.

Finalmente, es de vital importancia resaltar que cada terapia, sea de corte cognitivo o de corte conductual, tiene sus elementos que la hace efectiva de acuerdo a las necesidades, como lo son sus propios métodos y fundamento teórico, pero no hay que olvidar que a la hora de aplicarlas también influye el estilo y las habilidades del terapeuta, para poder lograr mayor efectividad de éstas en el proceso de intervención con el paciente, es decir, que se realiza una unión de componentes que deben tender al bienestar de éste, componentes como la riqueza de cada terapia en su enfoque, las habilidades del terapeuta y el indispensable compromiso del paciente.

En conclusión, los profesionales de la salud mental por ética deben optar por el tratamiento más conveniente para el paciente, además de tener la capacidad de conocer y comprender terapias de diferentes enfoques, en éste caso como los nombrados: el cognitivo y el conductual, y entrenarse en sus técnicas para poder utilizarlas adecuadamente, pero si dado el caso no se va a aplicar la terapia que científicamente es más apropiada para el paciente, lo indicado es remitirlo a otro profesional.

También ha de resaltarse que a la hora de hacer intervención terapéutica, las terapias cognitivo-conductuales que pertenecen a las terapias de tercera generación, como una nueva forma de abordaje de los problemas psicológicos (Reinoso y Seligson, 2005), son la unión de los enfoques que se enriquecen y se complementan para el bienestar del paciente, lo que debe llevar a considerar, que tanto la psicoterapia cognitiva como la psicoterapia conductual tienen sus riquezas y elementos valiosos en el estudio del comportamiento y deben ser vistas como complementos y no como opositores teórico-prácticos.

REFERENCIAS
American Psychological Association (APA), Principios éticos de los psicólogos y código de conducta, 2010.
Reynoso, L. y Seligson, I. Psicología clínica de la salud un enfoque conductual. Editorial El Manual Moderno, S.A. de C.V. México,

Escritor: Diana Tovar

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