Responsabilidad social de los medios de comunicación frente a las drogas.

Los medios de comunicación masiva difunden diversos mensajes en torno al tema de las sustancias psicoactivas ilícitas (drogas). Algunas veces utilizan enfoques meramente jurídico-legales, citando fuentes policíacas para la cobertura de estos temas; mientras hacen referencias banalizadas en su contenido de “entretenimiento”. Los teóricos de los medios de comunicación, han concluido en sus estudios que existen tres objetivos fundamentales en dicha industria: Informar, formar y entretener (Martín, 2007). Este tema es transversal a los tres momentos de cada medio. No solo ocupa las noticias, sino que hace parte de los libretos de telenovelas emitidas en el horario denominado como “prime time”, generando contradicciones ¿Es el tema algo informativo o de entretenimiento? Y ¿cómo manejarlo?.

Los medios de comunicación y las SPA ilícitas: Medios, políticas y dilemas. Vega argumenta que: “una buena utilización de este recurso (los medios), puede facilitar el avance en la solución de la problemática de las drogas. Una mala utilización, puede agravar todavía más los problemas ya existentes” (Vega F, 1996). Por ello, la inclusión de los medios de comunicación, se ha convertido en parte de la agenda política sobre drogas. En principio, se basó en dos documentos de la UNESCO, que datan de 1972 y 1973, en los cuales se realizan cuestionamientos específicos a los medios de comunicación, y su papel en la difusión de noticias y espacios de programación que contengan referencias a las drogas (Olmo, 1997).

“El medio es el mensaje” reza el postulado de Marshall McLuhan. Allí hacía referencia a cómo los estudios respecto a los medios masivos de comunicación, tenían que eliminar la separación entre contenido y tecnología utilizada para difundirlo; sino que más bien tenía que entenderse al medio de comunicación mismo como un mensaje, elaborado en parte por la sociedad y los poderes intrínsecos que la dominan.

Es allí donde precisamente comienzan los países a interesarse por plantear políticas frente al manejo de esta situación. Puesto que cada mensaje que se plantee al respecto podrá convertir al medio de comunicación en una herramienta a favor o en contra de una idea política. En la citada reunión de la UNESCO en París, 1973, se concluyó que la relación entre medios de comunicación y drogas, a tomar en cuenta para los diversos países, podría basarse en los siguientes principios:

1) La información puede no dar resultados propuestos si no llega al público al que estaba destinada.

2) La información puede llegar a propagar el uso de las drogas

3) La información puede agravar las reacciones de la sociedad para con los drogadictos, traumatizar a los padres y provocar aislamiento de los individuos dependientes con lo que estos perderán posibilidades en su curación.

4) La información no conseguirá su fin si plantea mal el problema, como puede ser asociar el abuso de drogas con la crisis de la juventud o la rebelión política. (Olmo, 1997).

Los debates a partir de estas ideas no han cesado, y se centran principalmente en la libertad de información a la cual aducen los medios cada que relacionan sus contenidos, con la criminalidad o con temas susceptibles de ser tratados debido a la concepción moral, estética y política de un país. Tal como lo plantea Cárdenas: “Es tal el alcance global que tienen y el impacto que generan los medios en los diferentes públicos, que han creado convicciones generalizadas respecto a las drogas y las han implantado en el inconsciente colectivo” (Cárdenas J, 2010). La pregunta que surge, es si ¿Existe algún mecanismo específico para realizar un control a los medios de comunicación al respecto? Bernal Bermúdez & Torres Hernández, 2012).

Es en ese punto, donde la información acerca de las drogas, puede ser emitida por los medios desde el ámbito donde lo consideren necesario, y con los enfoques que crean que el público requiere, sin dárseles ninguna responsabilidad adjunta al respecto, más que cuando dicha información se de en un caso judicial, o siempre y cuando no afecten el buen nombre y honra de una persona. Por dicha razón, se han creado en otros países, en compañía de ONG y de círculos de periodistas, productores de prensa, radio y televisión; códigos éticos y de buen manejo de fenómenos sociales complejos, entre los cuales se destaca la drogadicción. Manual de buenas prácticas de los medios de comunicación en materia de drogas (RIOD, 2010).

Conclusiones Algunos investigadores, organismos internacionales, y organizaciones no gubernamentales, han dispuesto algunas recomendaciones al respecto que valdría la pena citar, donde se destaca: La especialización periodística en torno al tema de las drogas en general (incluyendo el uso correcto de los conceptos semánticos alrededor de las drogas, y la formación universitaria al respecto para los periodistas y libretistas). Evitar las visiones sesgadas o reduccionistas del problema, sin dar espacios a los estereotipos, pues limitan, no solo la comprensión, sino su solución, o tratamiento de los dependientes, para lo cual pueden informar a las personas sobre las posibilidades de solución clínica, y sicológica. policíaco del tema, o simplista por parte del entretenimiento, aludiendo a causas y consecuencias sociales de las adicciones en general.

Finalmente, habría que dar importancia a un sistema de valores éticos, antes que a una masificación del contenido, constituyendo un trabajo conjunto entre el Estado, la sociedad y los medios masivos. Ya que son las personas mismas las que, en buen uso de su derecho a la libertad informativa, pueden decidir si consumen o no, y con qué criterios, los medios de comunicación masiva.

Escritor: David Camilo Torrecillas Castro

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