Sistemas de Género en sociedades no occidentales

La conceptualización de género occidental, no puede dar cuenta de otras cosmovisiones. Tal es el caso de los Navajos, y la categoría Nádleehi, estudiado por Serena Nanda (2000) y Carolyn Epple (1998). En ella los seres humanos nacen dotados con las características femeninas y masculinas, pero sus miembros construyen múltiples “roles e identidades que se manifiestan en las actividades cotidianas” (Manuel, 2009: 1).

El abordaje etnográfico que Nanda y Epple realizaron en esa comunidad, las enfrentó a dificultades para comprender los paradigmas que las rigen, en tanto pretendieron analizarla con herramientas del binomio occidental. Epple encontró que si bien los miembros pertenecen a un status biológico determinado (macho o hembra) las actividades que realizan ya sean cotidianas o religiosas no están predeterminadas por esa condición, sino que obedecen a las necesidades imperantes y permiten la identificación de una multiplicidad de géneros. Dentro de los Navajos la identidad genérica no es algo fijo sino que tiene características dinámicas. Epple manifiesta que “los Nádleeí se definen como femeninos y masculinos a la vez y como interconectadas con sus alrededores y con identidades variables según contextos específicos…con énfasis en definiciones situacionales y no como miembros de categorías fijas” (Epple, 1998: 268). El sistema de género Navajo-Nádleeí está estrechamente vinculado con una cosmovisión donde todo es a la vez masculino y femenino. Nanda observó que los procesos de conquista impactaron en esta cultura incorporando relaciones genéricas de estructuras patriarcales externas. Los trabajos de estas autoras, demostraron que los roles de género son construcciones culturales.

En la cultura Martu, las mujeres cazan a la par de sus compañeros, con el objetivo de alimentar a la familia, lo cual les da un grado de independencia importante en relación a los hombres (Bliege Bird 2008: 681). En América antes de la conquista las mujeres participaban en la guerra, ocupaban altos cargos militares y ejercían el poder político (Nash 2001). Con la colonización fueron objeto de explotación. Esta situación también ya existía en época de los Incas en que las mujeres estaban jerarquizadas según el uso que “los señores hacían de ellas…eran obligadas a enterrarse vivas con la muerte de su señor o eran sacrificadas en el altar de los dioses…en las clases bajas, la división de los roles no era rígidos, pero la desvalorización de la mujer se patentizaba de otras formas…cuando nacía un varón se le adjudicaba a la familia una parcela más de tierra, cuando nacía niña solo la mitad” (Raquel, 2005: 130 – 131). La Coya tenía una parte del poder que recaía sobre la parte femenina de la sociedad. La complementariedad se expresaba en la esfera de lo simbólico, ella representaba la Luna, pareja del Sol. El equilibrio del mundo dependía de la conjunción de fuerzas femeninas y masculinas, dentro de una unidad mayor que comprendía el cosmos (Raquel, 2005:131).

En las comunidades del mundo andino anteriores a la conquista incaica, la relación de los sexos fue estimada como una relación de complementariedad. Mujeres y hombres eran diferentes, pero no opuestos, se buscaban para formar la unidad, juntos representaban la humanidad total. A las mujeres no se les consideraba seres débiles y carenciados, tenían gran influencia en las decisiones de la comunidad” (Raquel, 2005: 132).

Dentro de los Cayambis existía un sistema equitativo entre hombres y mujeres en el gobierno. Los documentos notariales dan cuenta de ello, aluden a señores y señoras principales y a caciques y cacicas, que poseían bienes y estaban al mando de los ayllus. La llegada de los españoles modificó radicalmente las relaciones de género.

En la cultura Valdivia (3500-1800 a.C) la gran cantidad de representaciones femeninas encontradas estarían demostrando el alto grado de valoración que se tenía a las mujeres en esa sociedad primordiales (Raquel, 2005: 132).

Esta situación andina precolombina fue alterada por la conquista y por lo tanto en el Ecuador contemporáneo las mujeres se enfrentan a una jerarquía de género caracterizada por la hegemonía masculina (Nash 1988). Tal lo que sucede en la comunidad quichua de la que procede Mónica Chuji “casa afuera en la comunidad y en la organización predomina el tema de la decisión del hombre. Ha cambiado claro ahora hay más presencia de mujeres. Mi comunidad por ejemplo ahora está liderada por una mujer como presidenta quién ha hecho gestión y ha llevado adelante” (Chuji, 2013).

Autor:Jadira Martinez

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