Venezuela: Un gran mercado negro

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Los controles impuestos en Venezuela sobre las divisas y sobre distintos bienes han generado la proliferación de los mercados negros más inverosímiles. Ya no se trata solo de un mercado negro para el dólar, cuyo precio de venta máximo está fijado en la ley, sino un mercado negro de bienes básicos como la harina de maíz, el papel higiénico y la harina de trigo. Un mercado negro es un mercado en el cual el precio de venta supera con creces el precio máximo permitido por los entes reguladores. El ejemplo más cercano en Venezuela es el mercado negro del dólar.

Mientras la legislación venezolana establece un tipo de cambio de 6,30 bolívares por dólar, el tipo de cambio paralelo supera hoy por más de diez veces esa cotización, originando graves distorsiones en la economía interna. Pero así como encontramos este mercado negro, también existen estos mercados para muchos productos considerados de primera necesidad y otros bienes, como los vehículos. En este caso, Venezuela llegó a convertirse en el único país del mundo donde el precio de un vehículo usado superaba con creces el de uno nuevo. Pero, ¿a qué se deben estas distorsiones?

Un hecho asociado al surgimiento de estos mercados es la presencia de férreos controles. En el caso venezolano esto no ha sido distinto. El mercado cambiario lleva años controlado a través de un tipo de cambio fijo y hace pocos años se publicó en Gaceta Oficial un tope de precios máximos para algunas bebidas no alcohólicas y productos de limpieza e higiene personal entre los cuales se incluyen pastas de dientes, jabones de baño, shampoo y enjuagues para el cabello. Mucho de estos productos empezaron a tener presencia intermitente en los anaqueles de los grandes supermercados y cadenas de farmacias y empezaron a verse en los puestos de buhoneros que los distribuyen por varias veces el precio establecido en la regulación. Estos hechos demuestran que los controles sobre bienes y servicios generan incentivos para la aparición de este tipo de mercados que en fin último van en detrimento del bienestar de la sociedad.

Pero los controles no solo propician la aparición de mercados negros. La fijación de un tope máximo de precios e incluso de ganancias, se convierte en una espada de Damocles para las empresas que ven incrementar su estructura de costos, principalmente debido a la inflación y no pueden incrementar sus precios porque estarían violando la ley. Esta situación se traduce en una disminución de la ganancia de las empresas productoras y en la creación de otras presentaciones de productos solo para escapar de los controles.

Ejemplo de esto es la aparición de presentaciones de harina de maíz más suaves y de arroz  savorizado que se venden a precios por fuera de los controles. Bajo este escenario, empiezan a aparecer en los anaqueles productos que solo se diferencian de los regulados porque contienen algún compuesto particular. Otro factor que influye en estos mercados es la restricción de la oferta derivada precisamente del poco incentivo de las empresas para producir.

La eliminación de los mercados negros pasa necesariamente por el desmontaje progresivo de los controles impuestos sobre los bienes. El problema radica en que el desmontaje de esos controles y el sincerar los precios generan problemas importantes a corto plazo que en un país como Venezuela traería consigo importantes costos políticos que no muchos están dispuestos a asumir.

Luego de años sin revisión de precios, en el momento en que esto se hace, los nuevos precios pueden superar hasta en más de 200 % los precios viejos, originando importantes presiones inflacionarias. Asimismo, los hacedores de política económica deben procurar incentivar el establecimiento de cada vez más empresas que puedan producir esos bienes y competir sanamente en un mercado competitivo. Lo más difícil de desmontar en Venezuela es precisamente el mercado del dólar por las distorsiones acumuladas durante tantos años de control. Pero lo cierto es que algún día esto debe ocurrir y alguien debe asumir ese costo.

Escritor: Daniel González G.

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