Comentarios desactivados en

La guerra cultural, el afán por figurar y la rapidez con la que va la información arrojan al ágora pública cantidad de artistas intrascendentes. Es el caso de la escena rock, que al ser propuesta la es aprovechada para masificar un lema, para propagar un slogan ajeno y extraño a la esencia del rock.

De esta forma la Cultura llega al entendimiento como el proceso (subjetivo, subjetivado, subjetivante) de un acto de fuerza psicopolítica, esto es: a manera de consigna y no como un proceso del pensamiento. Por tanto, se transforma en una herramienta de control de masas, masas móviles y envidiosas que querrán siempre alcanzar un lugar privilegiado.

Entre los artistas no hay quien lo note, la disputa de egos les impide ver que el fuego que se alcanzó a vislumbrar en el Rock fue robado. ¿Qué fuego? Ese que desde siempre se ha el mismo que fue raptado a los dioses para alumbrar el camino de la humanidad. El rock, al ser la interpretación de ese fuego, representó una gran amenaza para la clase política, para las instituciones religiosas, para las es decir, a través del rock se estaba ayudando a despertar a la humanidad, haciendo que cada uno de sus miembros pensara por sí mismo y en conjunto.

Esto representó para los rockeros infinidad de censuras, persecuciones y señalamientos que iban desde llamarlos comunistas hasta vincularlos con el demonio y toda la cosa. Este fuego robado (a los dioses), fue algo también hurtado (a los hombres) y éste a su vez fue de esta manera, y poniendo a trabajar la imaginación, se representa un fractal de estratagemas. El viejo mito de Prometeo se repite en una especie de bucle, sus protagonistas parecen competir en una suerte de carrera de relevos donde el testigo es aquel fuego que robó el hijo de Zeus, en curso hacia una trampa de espejos.

Este semidios entregó el fuego a los hombres para que estos pasaran de la animalidad a la humanidad. Desde eso los hombres han mantenido una persecución al poseedor del fuego. Tal fuego creador de pensamiento, fue arrebatado por la clase política, que halló la manera de con letras que no dicen nada, apoyando artistas que aunque suenan duro, no es perceptible en sus canciones propuesta de fondo alguna. Por el contrario, son toda una recocha que propicia un foco de La clase política tiene todo medido, observado, tal como proponen la crisis proponen
la solución.

No estamos en un mundo donde haya algo que celebrar todavía, mucho menos si la corrupción, la desigualdad, la falta de educación e intolerancia, más un manojo de despropósitos vienen forjando una identidad desatinada. La humanidad está a medio camino y en este punto medio desde el cual nos detenemos para observar, podemos decir lo que de verdad hace falta que suceda: Hace falta cobertura, esto es lo que no sucede, no hay talleres de música, no hay grupos artistas interdisciplinarios que vayan a los barrios a enseñar a tocar una organeta o una guitarra.

Pero las cosas son así, si no son propuestas por las instituciones mucho menos por los artistas, a estos sólo les importa quedar dentro de ese lobby. tienen bandas, saben de música y lo vienen haciendo desde hace mucho también, suenan duro. En este archipiélago podemos encontrar atrevidas exploraciones alrededor de la música, como trabajo con comunidades desfavorecidas, composiciones escritas que generan pensamiento y métodos para recuperar ese fuego que por derecho pertenece a la humanidad.

Podemos encontrar en este espacio abierto a pulso, que su principal motor es la indignación y la vergüenza de saber que muchos artistas, no saben ni donde están parados y no lo saben precisamente porque no piensan por ellos mismos. Las ideas de tolerancia, respeto, igualdad llegan a muchas personas por contagio pues la escena actual es una herramienta para inocular ideas que nos pueden llegar a distraer de lo que de verdad sucede, que no es muy alentador de hecho.

Urge entonces, que las bandas que sobresalen en festivales importantes, dejen de ser únicamente aquellas que tengan los medios económicos, porque la verdadera realidad está en comunas repletas de gente que adolece por falta de oportunidades, por una violencia sin motivo y que si se hurga más a fondo, es una violencia cultivada, una guerra sembrada desde que se ha procurado que el fuego permanezca robado.

Arturo García Hincapié
Bogotá, 30/12/13

Loading...