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¿Quién no se siente hoy orgulloso del patrimonio literario español? O al menos, ¿quién no estaría dispuesto a defender a capa y espada obras como nuestro Quijote o la poesía de Lorca o esos cuentos que relata a sus hijos, sus nietos o sus sobrinos? Pues bien, todo el conjunto de obras que componen nuestra tradición literaria, incluidas las que ponen más de manifiesto el “genio español”, es consecuencia tanto del ingenio de nuestros escritores como del influjo de tradiciones literarias provenientes de otras épocas, países y culturas.

Y este es el punto que me gustaría destacar: la paradoja que supone que podamos sentirnos orgullosos de un legado literario fruto de la convivencia de diversas culturas y a la vez poner trabas, motivadas por nuestros prejuicios y miedos, a una convivencia en estos tiempos que corren que, sin duda, contribuiría, como siempre que se ha producido, a un enriquecimiento de nuestra cultura. respectivamente.es un brahmán poseedor de una olla de arroz que rompe involuntariamente mientras piensa cómo va a enriquecerse con ella y en la versión de don Juan Manuel una mujer que porta una olla de miel. Habrá que esperar hasta La Fontaine para que se consolide con el argumento y los personajes que hoy todos conocemos.

”hubo una mujer que se llamaba doña Truhana y era bastante más pobre que rica. Un día iba al mercado y llevaba una olla de miel en la cabeza y, yendo por el camino, comenzó a pensar que vendería aquella olla de miel y que compraría una partida de huevos, y que de aquellos huevos nacerían gallinas y capones, y que con el dinero que valdrían compraría ovejas; y así fue comprando con las ganancias que hacía hasta que se halló más rica que ninguna de sus vecinas.

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Y con aquella riqueza que pensaba que tenía, pensó cómo casaría a sus hijos e hijas, y cómo iría escoltada por la calle con yernos y con nueras, y cómo decían de ella que fuera de buena ventura por alcanzar tan gran riqueza, siendo tan pobre como solía ser. Y pensando esto, comenzó a reír por el gran placer que le proporcionaba su buena andanza y, al reír, dio con la mano en su frente y entonces se le cayó la olla de la miel a tierra y se rompió. Cuando vio la olla rota, comenzó a dolerse mucho pensando que había perdido todo lo que esperaba tener si la olla no se rompiera. Y porque puso todo su pensamiento en esperanza vana finalmente no se hizo nada de lo que ella pensaba.

Escritor: Ana María Marín Sánchez