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En el presente artículo pretendemos abordar algunas ideas en torno a los procesos de construcción subjetiva contemporáneos y una de las afecciones psíquicas frecuentes que se constituyen a partir de estos modos de subjetividad actuales. Comentaremos algunas ideas acerca del proceso de la institución social del individuo tomando como punto de partida las elaboraciones de Cornelius Castoriadis.

Entendemos que el ser humano se constituye como sujeto a través del paso por las distintas instituciones de la sociedad, este proceso de subjetivación supone sucesivas aperturas que experimenta la “mónada” psíquica desde el encuentro primigenio con el otro. Ahora bien, este otro es ya un individuo social, un individuo que se soporta en un lenguaje creado en la sociedad y que se constituyó psíquicamente con los valores, formas de hacer-sentir-pensar y significaciones que una sociedad reconoce en un determinado momento: sus instituciones.

Ahora bien, este encuentro con el otro es, en verdad, encuentro con otros en el seno de una institución y de un conjunto de individuos que lo aloja. En la inter-relación dentro de la institución es dónde empieza a delinearse el sujeto, dónde el niño empieza a ser integrado en una trama social que asigna roles, sentidos y valores, donde el mundo es relativizado y se muestra su carácter de contingencia. Este proceso descrito aquí como general es siempre singular, cada organización concreta implica una determinada configuración económica, narrativa, cultural y libidinal específica. Por ej.: no es lo mismo una escuela en el Barrio de Recoleta que una escuela emplazada en una villa, ni es igual si es laica o confesional, pública o privada. Cada una de estas escuelas supuestas tendrá una historia singular que será reproducida –y modificada- por sus alumnos, impulsará determinados ideales o tendrán funciones extras.

Sin embargo, en toda sociedad hay significaciones imaginarias que prevalecen por sobre otras, estas significaciones son las que establecen la “fisionomía” de una sociedad, orientan el proceso de construcción y reproducción de sus instituciones –así como de los sujetos que la integran. Sostenemos las instituciones y las significaciones que implican a través de la práctica, cotidianamente, y de forma colectiva; ellas guían el modo en el que nos conducimos en el mundo.

Algunas de las significaciones que predominan en nuestra sociedad son concernientes al modo de producción actual: eficiencia, productividad, individualismo, consumismo, inmediatez, etc., siendo estas significaciones apreciaciones vinculadas a los modos de lazo social, el trabajo y la temporalidad. Estas significaciones y sentidos, se encarnan en las organizaciones y constituyen determinados tipos de sujetos, con un perfil determinado. Elaboran, en líneas generales, un sujeto que puede vivir y transmitir el orden de su sociedad –en líneas generales porque también hay significaciones que no prevalecen y contradicen a las prevalentes a partir de las cuales se conforman otros aspectos del sujeto- que puede reconocer aquello que es considerado útil, importante o querible.

Tomando esta sintética presentación sobre la constitución social de los individuos, pensamos que existiría una relación entre la abundancia de algunos diagnósticos psicopatológicos y los tipos de subjetividad que se constituyen en nuestro tiempo. Mencionamos en este caso los trastornos de ansiedad, creemos que hay una relación entre la forma en que se instituye la percepción del tiempo a nivel social y los efectos subjetivos en esta forma de padecimiento que se distingue por la dificultad para habitar el presente -entre otras cosas. En la ansiedad la persona está sujeta a un futuro inmediato o lejano, su preocupación es ¿qué va a pasar? Esta pregunta toma a veces la forma de la incertidumbre o a veces la de una certeza, por ej.: “me va a pasar algo malo” como en el caso del ataque de pánico. La persona se instala en el futuro, que se vuelve más realidad que el presente vivido, toma un carácter de inevitable: la aparición de uno de los síntomas conlleva el encadenamiento con los otros y la escalada de ansiedad ante el temor de que algo malo le pase anula por completo la percepción del presente. Si pensamos en el modo de funcionamiento de nuestra sociedad, encontramos cierta correlatividad en este funcionamiento sintomático dado que cada vez aumentan más las velocidades de producción material, de calificación de rendimientos, de circulación y procesamiento de la información.

Por otra parte las fluctuaciones del mercado laboral, la precarización de los empleos nos remiten a pensar en el mañana cada vez más insistentemente haciendo que sostengamos una carga de angustia casi constante y propiciando un sobre-adaptación a una pluralidad de situaciones. Además, muchas veces las inhibiciones que aquejan a las personas con trastornos de ansiedad suelen ser medidas por los otros con la vara de los estándares actuales, incluso por sus seres queridos, lo que acarrea una sensación de frustración y decepción. Nuestra propuesta es no juzgar el rendimiento o actividad del otro, sino pensar ¿con que categorías estamos juzgando? Pensar que el modo de padecimiento psíquico del otro –y nuestro- es generado por nuestra propia práctica, por los modos de relacionarnos en nuestros lugares de trabajo, en la familia. Poder pensar: ¿Qué valores estoy sosteniendo al decir esto? ¿Por qué? ¿Realmente es lo que elijo? Empezar a cuestionar estas significaciones sociales es un primer paso para desarmar estos modos de vida estresantes, inciertos, y para volver a ver el carácter contingente de la actualidad, esto es: que es posible vivir de otra manera.

Escritor: Emanuel Ares

Bibliografía:
-Castoriadis; C.: La institución imaginaria de la sociedad. Ed. Tusquets. Bs. As., 2010.
-Deleuze; G.: Lógica del sentido. Ed. Paidós. Bs. As., 2010.

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