Acercando la lectura a nuestros educandos

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Homero escribió hace más de 2200 años dos textos, los cuales fundaron el género épico. Este hecho parece ser imperceptible por los docentes que intentan hacer leer la Odisea o la Ilíada a sus estudiantes. ¿Por qué? Toda fundación está seguida de reinterpretaciones e imitaciones a lo largo del tiempo. Si bien esto no refleja las didácticas pedagógicas, el hecho de que los educandos prefieran ver “Hora de Aventura”, “Dragon Ball” o “Los Caballeros del Zodíaco” o algún cómic de tipo “heroico”, que leer las lecturas de corte épico, deja en evidencia este punto. ¿Acaso Finn de “Hora de Aventura” no combate múltiples amenazas, mientras busca algún otro humano para sentirse menos solo, en casa? ¿No es verdad que Gokú de Dragon Ball siempre llega al último en la batalla para hacerse cargo? ¿Qué me dicen de los “Caballeros del Zodíaco” y el panteón de dioses que Seiya y sus amigos están siempre luchando en contra?.

son la clave para la motivación a la lectura, no solo épica, sino de todos los géneros. Cada héroe o personaje principal de las series animadas, así también actuadas, tiene algo de Ulises o de Aquiles. Finn busca a otros humanos porque se siente solo; así como Ulises busca Ítaca durante todo su viaje porque él quiere volver a casa. Gokú es el ser más fuerte entre todos, llega siempre al final, ya sea para pelear contra los Saiyayines, contra Freezer o contra Majin Boo. ¿No es algo similar lo que sucede con Aquiles, una vez que Patroclo es muerto por Héctor? o ¿qué me pueden decir de Eneas en la Eneida de Virgilio, cuando al final de la última batalla llega con los refuerzos necesarios para derrotar a los adversarios y asentarse en lo que sería la Roma clásica?.

La práctica docente muchas veces se queda en la entrega de la lista de lecturas y deja la motivación a cargo de la obligación de la nota y la prueba. Lo que sigue aquí es ya tradición: el alumno si no está motivado por cuenta propia el día anterior a la prueba se lee un resumen en alguna de las miles de páginas de internet, mira la película o, simplemente, le pide a un amigo que le cuente el libro.

¿Qué pasa, entonces, con el objetivo de la lectura? Nada. El educando vuelve hábito el no leer, porque sin la motivación adecuada es más sencillo para él recurrir a los resúmenes y ayudas de El rincón del vago. ¿Qué nos cuesta, a nosotros los docentes, hacer el trabajo inverso y mirar lo que ellos miran y acercar su mundo al mundo de las lecturas que pretendemos que ellos lean y disfruten? Por ejemplo, en el Liceo Octavio Palma Pérez (escogido al azar) tienen entre sus lecturas obligatorias del programa de primero medio a: Edipo Rey, Romeo y Julieta, El Hobbit y el Principito. Mientras que dejan como optativos varios de Isabel Allende, Harry Potter, Crepúsculo, selección de cuentos de Manuel Rojas, entre otros.

Partamos entonces por Edipo Rey. Se suele decir que “el complejo de Edipo” resuelve toda la trama y el sentido del libro, pero es más bien el horror de enterarse que la vida que lleva no es como él lo imaginaba, que sin siquiera enterarse ha cometido los actos más atroces que la sociedad puede contemplar. ¡Edipo se da cuenta qué él es el asesino de Layo, su padre, que engendró con su propia madre! Esto parece más bien un argumento de telenovela venezolana, ¿no?

¡Qué bueno que esté Romeo y Julieta y Crepúsculo en la misma lista! Los chicos de Shakespeare no pueden amarse porque provienen de familias antagónicas, Crepúsculo, “en cambio”, el amor se da entre seres de diferente naturaleza (humanos, vampiros, hombres lobo). Es cosa de comentar que William Shakespeare tan solo explicó que el amor imposible impuesto por la sociedad se puede dar sin tantos colmillos y lunas llenas.

El Principito es un niño que vaga por mundos pequeños hablando con sus habitantes y obteniendo de sus enemigos, amigos. Finn, también (esto también puede ser explicado a través de Naruto, Bleach, entre otras series japonesas). Por último, El Hobbit, libro que no debiera de tener problema para la motivación, cuenta con una no despreciable suma de 308 páginas, con una descripción detallista y panorámica de casi todo lo que sucede ahí, cosas que un joven de 15 años suele sopesar a la hora de enfrentar una lectura. ¿Qué hacer? Muchos de ellos no habrán visto las películas del Señor de Los Anillos, pero sí la del Hobbit. Bastaría con decir que en el libro existen sucesos que no se condicen con las películas, que incluso hay un personaje de sobra en ellas. Además, Bilbo, quien parte la aventura siendo cobarde y casi inútil, se convierte en el héroe de la trama, algo similar a lo que ocurre en Naruto.

Si bien no todos los alumnos pueden enganchar con este tipo de relaciones, ni todos miran las mismas cosas, el esfuerzo siempre está de parte del docente para acercar las lecturas que a nosotros nos apasionan tanto o más que a ellos sus tiras cómicas, animés, series de televisión, videojuegos, etcétera. En síntesis, todas las lecturas tienen un contenido que es relacionable con el mundo de nuestros educandos, tan solo tenemos que identificar la similitud y aplicar nuestros conocimientos didácticos para conseguir el enganche, lo cual hará que ellos tomen los libros y los busquen para así obtener de estos más que información puntual, sino también goce personal.

Escritor: David Kaliski

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