Antecedentes Históricos de la Enseñanza en Chile

En 1813, bajo el Gobierno de José Miguel Carrera, su Constitución nos dice: “Los gobiernos, deben cuidar la educación pública como una de las primeras condiciones del pacto social”. Desde los albores de la república de Chile, existía claridad acerca de cuál es la función del Estado en materia de dar educación a sus ciudadanos y lo que sucede cuando no esto no ocurre “Todos los estados degeneran y perecen a proporción que se descuidan la educación y faltan las costumbres que dan firmeza a los principios de cada gobierno”.(Amanda Labarca , Historia de la Enseñanza en Chile, 1936, p.76)

Esta preocupación era muy razonable, pues en 1813 había solo 7 escuelas con 664 alumnos (Ibidem, p. 75), con 94 alumnos por escuela, por lo que no se escatimó en esfuerzos para hacer de la instrucción el tema central de la naciente república. En la misma Constitución en su artículo 215 se establecerán los cimientos de la segunda enseñanza en Chile. El mencionado articulo dice: “Se establecerá en la república un gran instituto para las ciencias, artes, oficios, instrucción militar, religión, ejercicios que den actividades, vigor salud y cuanto puede formar el carácter, físico y moral del ciudadano”. (Ibidem, p. 75)

Ya con este mandato, Camilo Henríquez y Juan Egaña redactan las bases de lo que será el Instituto Nacional, fundado el 10 de agosto de 1813. Entre sus cátedras destacan: Escuela de Primeras Letras, Doctrina Cristiana, Elementos de Aritmética, Latinidad Minorista y Mayorista, Religión, Dibujo, Lengua Francesa e Inglesa, Lógica y Metafísica, Matemáticas Puras, Ciencias Militares y Geografía, Física Experimental, Sagrada Escritura, Filosofía Moral, Economía Política y de Derechos de Gentes, Leyes Patrias, Medicina, Anatomía, Botánica, Química.

Podemos apreciar a través de este plan de estudios que los hombres que construían esta nueva república eran ambiciosos y soñadores, pues se estimo que el individuo debería estar constituido por variados y esenciales conocimientos que había adquirido y trabajado el ser humano europeo hasta la época. No se debe olvidar que los hombres encargados de formar la república fueron casi todos estudiantes en Europa y, por lo tanto, imbuidos del aire republicano, cultural europeo, específicamente francés.

Pero todos estos esfuerzos de José Miguel Carrera, Camilo Henríquez y Juan Egaña se ven empañados con la reconquista española. Había que recuperar lo ganado. Se cierra el Instituto Nacional hasta el triunfo de San Martín y O’Higgins. Este último como Jefe Supremo de la república, recuperada, patrocinó al Instituto Nacional. También O’Higgins trajo el método Lancaster de enseñanza mutua seguido por Diego Thompson , método que proponía que un profesor ayudado por los mejores alumnos, en calidad de tutores, se podían ocupar de la enseñanza de los niños. Con actividades simultáneas según el nivel de dominio de unos y otros.

La década de 1820 es rica en la búsqueda de profesores y, por lo tanto, en la mejora de la calidad en la segunda enseñanza. En 1823 Juan y Mariano Egaña presentan en el Senado el proyecto de crear una sección científica y otra industrial en el Instituto Nacional. El Senado negó el proyecto y no fue llevado a acabo. En 1826 es nombrado rector del Instituto Nacional Carlos Ambrosio Lozia, quien desea que el Instituto tenga un aire del liceo francés . Mariano Egaña es nombrado embajador de Chile en Inglaterra y desde Londres se dedica a contactar profesores para que vengan a Chile. Es así como llegaron a nuestro país hombres y mujeres como Andrés Bello, Claudio Gay, José Joaquín de Mora y Fanny Delauneux quienes con sus esfuerzos en el área de la segunda enseñanza y universitaria, ayudaron activamente en el desarrollo intelectual del país.

Escritor: Gabriela Miranda Martínez

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