ARISTÓTELES DESCUBRE Y CHEJOV PROPONE

La precisión matemática con que Aristóteles en su obra Poética desmenuza y expone el para qué, en la construcción de una historia, se puede entender con un ejemplo que, por supuesto, no podría dejar también de ser matemático: 2 + 2 = 4.

La construcción y el entendimiento de esta operación, en la matemática más elemental, adquiere un verdadero sentido sólo si se tiene claro a qué resultado el matemático desea llegar (4) y qué variables debe utilizar acertadamente (2 + 2) para llegar a dicho resultado. Aristóteles, con gran precisión, identifica en función del sentimiento humano y del arte mismo, el resultado máximo e ideal que debe producir una narración al ser expuesta: catarsis. Es por la exigencia de la búsqueda de este efecto que el escritor de ficción debe encontrar los métodos 1 + 5 = 4) (2 + 1 + 1 =4)].

Por tanto, la errónea expresión 2 + 2 = 5 aplicada a la poética aristotélica no significa más que, al construir con variables equivocadas, por más hermosas y bien logradas que éstas sean, jamás podrán causar el efecto catártico deseado, haciendo caer a la historia en lo absurdo. Pero ¿por qué la literatura está destinada a producir catarsis en la esencia del ser humano y no otro efecto? Esta es una pregunta con una única respuesta y cuya característica, de única, es en sí la respuesta: porque en definitiva no puede existir otro motivo, otro fin para la literatura más acertado y bello que se acomode a la naturaleza humana, y que al mismo tiempo con gran acierto se acomode al arte literario. Al menos, por ser arte, debe ser ese su máximo propósito. Cualquier otro fin desplazaría la literatura a un plano que no debe corresponderle.

Es pues, la tragedia, la corriente literaria que ofrece mayor certitud y eficiencia en lograr este propósito literario. Toda narración construida dentro del género trágico, adquiere el mayor de los merecimientos para ser contada. Le ofrece una única oportunidad al autor de encontrar en ella la posibilidad de atrapar al lector y sumirlo en un estado tal que pueda conducirlo placenteramente a través de sentimientos y sensaciones, haciéndolo así identificarse con aquello que se está contando y hacerle desear purgar sus emociones, convirtiéndose así pues en la corriente literaria elegida por excelencia.

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La historia que propone un conflicto es la más merecida para ser contada, porque es ese conflicto, bien logrado y definido, el que ofrece la más alta posibilidad de conectar con el alma del lector y así involucrarlo convenientemente. La explicación matemática inicial no trata de enmarcar a Aristóteles como un mesías para que logre así el efecto deseado en lo que escribe. Aristóteles no es eso. Aristóteles es el puente entre el propósito intrínseco de la literatura y el entendimiento del mismo no sólo por la necesidad del hombre de darle un para qué a todo lo que lo rodea, sino generar en el escritor el sentir, el camino, el propósito, la magia, el placer y la responsabilidad que tiene en su oficio frente a quien lee.

Sin duda, existe una alta posibilidad de distracción por parte de quien narra. Pero Anton Chejov está dispuesto a frenar con firmeza, convencimiento y fundamentos, la velocidad vertiginosa con que el escritor errado y confundido suele moverse por caminos que, además de ser oscuros, hostiles, difíciles y superficiales, son complicadamente largos. Hoy por hoy el trabajo literario ha perdido en gran medida su alto valor artístico e intelectual, perdiéndose así necesidad que ha caracterizado a los grandes y se ha transformad en un afán constante y sin sentido de buscar aprobación en una buena parte de en un falso pináculo no siempre artístico llamado éxito comercial.

En primera medida, es casi sorprendente creer que un escritor como Chejov haya llegado a descubrir y entender cómo se puede hacer literatura efectiva utilizando los cinco sentidos para acercarse a los personajes a la hora de construir una historia. Parece una locura. Lo primordial sería observarlos y escucharlos, hacerles un seguimiento, entenderlos, definirlos y enmarcarlos desde el intelecto. Pero Chejov anima al escritor a lograr la inmersión de éste en sus personajes para conocer a fondo sus detalles mediante los demás sentidos. En esta propuesta, Chejov quiere demostrarle al lector que la literatura no sólo es un trabajo meramente intelectual y analítico, sino que es necesario hacer un concienzudo trabajo de campo en el entorno natural en donde los mismos personajes podrían desenvolverse para lograr la perfección y la fidelidad en la narración.

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Luego Chejov nos habla de la efectividad en la literatura. Un escritor incontinente en sus palabras, en lo que quiere contar, un escritor que pisa el tentador camino de la sobre explicación y de la recargada descripción de hechos y personajes, no hace más que sumergir al lector en una maraña de palabras y frases que inevitablemente hace que vea tergiversado el foco de la historia, generando, no sólo que primero él mismo se auto engañe al escribir demasiado pensando que logra claridad en la sobre fundamentación, sino que además le está robando al lector la posibilidad de que, inconscientemente, él mismo vaya también escribiendo en su mente al deducir por los hechos simples y detalles aparentemente innecesarios puestos en la narración, qué está pasando en la mente de los personajes y en la trama como tal. Para lograrlo, es necesario hacer de la brevedad un arte. Esto demuestra entonces el gran poder y la gran responsabilidad que tiene un escritor para lograr mejores y verdaderos lectores.

Escritor: Felipe Yasnó Varila.

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