CONSUMO DE JUGUETES EN NAVIDAD

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En la actualidad, y todavía más en fechas tan señaladas como las fiestas navideñas, los juguetes se convierten en objetos de consumo infantil altamente publicitados. La televisión lleva semanas anunciando los nuevos juguetes, los grandes almacenes elaboran catálogos que llegan a manos de los padres y también de sus hijos y el ambiente ciertamente consumista que caracteriza nuestra sociedad (y más en estas fechas) despiertan en los más pequeños la necesidad de tener o poseer muchos juguetes, algunos experimentan por primera vez la sensación de frustración si no tienen lo que piden y favorecen conductas “caprichosas” que los padres no deben satisfacer.

Por otra parte, si bien es cierto que los niños desde muy pequeños vivencian necesidades creadas por la sociedad de consumo, también lo es que los padres sienten la obligación de comprar varios juguetes para sus hijos y además tienen que ser buenos juguetes, deduciendo que un buen juguete es caro, muy elaborado y tecnológicamente novedoso. Y si no consiguen o no pueden poner bajo el árbol de Navidad una cantidad que estimen adecuada de juguetes aparecen sentimientos de culpabilidad o de no estar cumpliendo con su labor de padres; nada más lejos de la realidad.

Los buenos juguetes son los que invitan, estimulan y diversifican el juego como actividad. Un buen juguete lo será, para cada niño en particular, siempre que agudice su inteligencia, responda a sus intereses o le cree otros nuevos, le lleve a inventar, a descubrir y, en definitiva, le despierte las ganas de jugar. Cualquier objeto se convierte en juguete en el momento en que un niño lo utiliza con el fin de jugar; cajas, palos, telas (entre otros) también pueden cubrir las necesidades de juego en un momento determinado apoyando el desarrollo creativo de los niños y la materialización de su mundo de fantasía.

Lo cierto es que, los niños, con pocos juguetes y adecuados juegan más y mejor. Por eso, es importante tener claras algunas consideraciones y comenzar a educar a nuestros hijos para un consumo responsable desde los primeros años, desde sus primeros juguetes. Para ello pueden servirnos algunas de las siguientes orientaciones:

Hay que aprender a elegir, seleccionar lo que más desean, que los niños aprendan a priorizar porque no se puede tener todo. Escribir con ellos la carta a los Reyes Magos puede ser un buen momento para practicar, poniendo un límite de juguetes a pedir.

Basar nuestras compras en los intereses y gustos de los niños, observar a qué juegan, con qué y durante cuánto tiempo puede dar pistas de los juguetes deseados. Es importante que tengan juguetes variados que apoyen el desarrollo de las diferentes capacidades; en ocasiones es importante presentar juguetes nuevos para que los niños no se acostumbren a jugar sólo con un tipo de material, para que practiquen y ponga en marcha capacidades diferentes y ayudarles así a ir creciendo en todos los ámbitos de desarrollo.

Animar a que jueguen con todo tipo de objetos, no solo juguetes industriales (comprados en jugueteras). No es extraño encontrar a un niño que se entretiene con el envoltorio del juguete casi más que con el juguete en sí, y es que les encanta experimentar e investigar con todo objeto que tengan a su alcance. Elaborar con ellos algún juguete con materiales reciclados o plantear diferentes usos de objetos cotidianos del hogar les lleva a disfrutar y aprender tanto o más que el juego con juguetes más estructurados o industriales.

 Por supuesto hay una serie de criterios que no podemos olvidar en nuestra elección. Un juguete seguro y de calidad en la confección, solidez del material, ausencia de peligro y toxicidad es fundamental sobre todo para los más pequeños. Un buen juguete favorece la creatividad y la imaginación, debe tener diferentes opciones de uso, que sea flexible y versátil en las acciones que posibilita. Un juguete demasiado estructurado, excesivamente fiel a la realidad o muy sofisticado limita las creaciones personales de los pequeños. Los juguetes preferidos son los más polivalentes, los que permiten la ejecución de múltiples posibilidades, los que disponen de accesorios y complementos para hacer más variada la actividad lúdica. Sorprendernos al lado de nuestros hijos es una experiencia fundamental, disfrutar de la apertura de los regalos y dedicar un tiempo a jugar juntos.

 Es importante comprobar las recomendaciones de los fabricantes en cuanto a la edad de uso para optimizar el desarrollo de las capacidades infantiles o saciar su curiosidad en cada momento. Considerar también que el tamaño del juguete sea oportuno para la adecuada manipulación: un juguete demasiado grande puede ser inadecuado pues el niño sólo podrá mirarlo y lo interesante es que interactúe con él; y un juguete demasiado pequeño puede suponer un riesgo de ingesta o inhalación de alguno de sus componentes.

Los juguetes son para entretenerse, para distraerse, para divertirse, para que los niños hagan lo que quieran, para aprender sirviéndose de estos juguetes; son elementos especialmente concebidos, diseñados y elaborados para estimular y diversificar el juego humano, para divertir a niñas y niños, estimular su actividad y, a partir de ella, incidir en el desarrollo de su cuerpo, su motricidad, afectividad, inteligencia, creatividad y sociabilidad

Si bien muchas actividades lúdicas no necesitan para su desarrollo objetos materiales específicos, como por ejemplo: correr, saltar, inventar palabras…etc, no podemos dejar de considerar la importancia de los juguetes y objetos lúdicos como soporte del juego. No se trata de retirar el juguete industrial de las experiencias de los pequeños, pero tampoco de reducir el tiempo de ocio al uso de ellos; es fundamental seleccionar bien los materiales de juego pues con el juguete proporcionamos a los niños los medios para que ellos mismos generen los fines.

Escritor: Marta Delgado

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