DERECHO AMORAL

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 Hoy por hoy, hablar sobre la moralidad genera una polémica insaciable, lo que complica analizar la moral en el derecho. Es importante aclarar que todo individuo tiene derechos aún cuando estos no están puestos en ningún texto legal. Esto indica entonces, que en el paralelo a los derechos legales plasmados en los textos normativos, existen otro tipo de normas que surgen en consecuencia de una moralidad básica.
Para comenzar, los derechos humanos desde antemano, tienen una marca de carácter moral, haciendo posible su aplicación en la sociedad, los principios de justicia que hacen parte de forma inherente al ser humano, sobrellevando a que cualquier desobediencia a algún tipo de derecho humano fundamental, violaría el ordenamiento jurídico y el derecho moral como individuo.
Es pertinente entonces, después de explicar lo que deriva un derecho inherente al ser humano, dar lugar a lo que se va a tratar este ensayo. En pro al iuspositivismo, la idea de implantar la posibilidad de manejar el derecho sin tener intervención de lo moral.
La pregunta en cuestión no sería responder el ¿Qué tal sí…? Sino más bien un ¿Por qué no? Cuán difícil es, dar cuenta que la ilusión de un juicio justo nunca puede ser basado en un mínimo de moral, pero de igual manera, ¿Qué es lo justo? Combatir con toda moral es como si significase el rechazo inmediato a una idea de justicia. Pero está claro que ni la clase social media moderna sabe lo que es justicia.
La justicia, es una utopía, una ilusión a medida que pasan las épocas. Anteriormente era justo en las monarquías decapitar por traición al rey; la raza afro descendiente era considerada un objeto, un valor agregado, un esclavo; más tarde en la Iglesia Católica era justo masacrar todo tipo de persona que pensara diferente a ellos; después, la jornada diaria justa era de 13 horas diarias o más; y la desigualdad entre hombres y mujeres, blancos y negros, era justo a los ojos de los que estaban en su momento en el poder.
¿Qué nos hace pensar ahora que lo que creemos por justo en realidad sea el equivalente a una justicia? ¿Cómo hacer ahora para no confundir lo que para nosotros algo es inmoral, si éste nace desde el ideal que uno tiene de la vida, o es consecuencia de la invasión en el pensamiento por parte de la Iglesia Católica?
H.L.A. Hart por otro lado, aún dentro de la corriente positivista, llega a afirmar que “la separación entre Derecho y moral, no implica que el derecho no tenga un mínimo de contenidos morales lo cual ofrece legitimidad al derecho. Por tanto, la Moral y el Derecho son diferentes en algunos aspectos, pero no están separados entre sí.” En El concepto del Derecho en el cual trata de subrayar las diferencias entre Derecho, coacción y moral.
Es preciso resaltar, que la idea de un derecho sin moral es más benévola que si se hace uso de ella, las normas que están actualmente constituidas están correlacionadas y ligadas a la moral. Lo que hay que tener en cuenta es por consiguiente a aprender a ser parte de una constitución exigente, (“La les es la ley”). Un juez penal, por ejemplo, tiene
que dejar de lado la opinión pública y la opresión popular para declarar ilegal la captura de un presunto homicida, aún si ésta decisión contraataca su moral y la moral del pueblo.
Si precisamos a observar el orden y control jurídico que manejan los países más avanzados, nos enfrentamos a seres humanos secos, con criterio, decisión y convicción, es decir, sin emoción. Suena inhumano para la sociedad que regula la ley colombiana, pero a la hora de la verdad es lo que conlleva a que todo lo predicho por los legisladores, se cumpla al margen de la ley.
La implantación de la moralidad como orden es una imposición de débiles, éstos rechazarían la idea de tener que juzgar a toda clase de ser humano, porque incluye juzgar también a los más fuertes, gente con mucho poder o con mucho potencial. De tal modo que el actuar solo y conforme al derecho le exige al ser humano transformarse en algo que hasta su propia moral objetaría.
Para nadie es un secreto que el sistema legal colombiano trabaja para beneficio de las clases dominantes, basadas particularmente en una serie de ideologías articuladas para beneficiar a este sector. Los periódicos, la televisión y los medios de comunicación, venden la idea que la clase media y baja quieren escuchar, más muy pocas veces la verdad. Difunden la palabra de manera en que mientras menos se conozca la verdad, mejor. Esta desviación de expresión es esencialmente la ideología determinante que pretende la moral.
En conclusión, una decisión sin moral es la perfección en el derecho. Someterse en la situación moral implicaría ser una persona llena de todos, llena de pobreza y riqueza, de resentimiento y abundancia de poder y humillación, lo cual sería una quimera. Cada juez movería su moral a la su situación social, seguiría un nivel de experiencia social extraordinario, o pobre de vivencias y rica de intelecto. No se pueden combinar las dos, es una discusión sin final, sin objetividad y sin fundamento.

Escritor: Laura Osorio Duque.

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