Desde la desmitificación del mundo moderno hasta la personalización de la postmodernidad: de cínico a narciso

El mundo moderno se sustenta en la mitificación de instituciones que configuran todo el entramado social, instituciones que se ven amenazadas ante la presencia del cínico, éste es un tipo de masas o también llamado un integrado antisocial que tiene un saber bien definido: la nada a la que todo conduce. La irreverencia de sus palabras es un camino a la desdicha ya que mediante una imagen grotesca descontrola y desenmascara la realidad con cierto negativismo maduro pues desnuda y somete al enjuiciamiento su estructura. En este contexto, se crea un puente para que el hombre cínico debido a su excesiva preocupación por el mundo moderno devenga en un narciso entregado a la personalización caracterizada por un hedonismo desmedido de la postmodernidad.

El discurso cínico se envuelve en una serie de obscenidades que rápidamente desentrañan la realidad, la irreverencia discursiva no encuentra ningún fundamento moral más allá que el puro desahogue; es decir, la visión de mundo se ve plegada en un profundo negativismo. Su estilo descarado logra irremediablemente la deconstrucción de escenarios o instituciones invaluables en la sociedad moderna: la familia, el estado, la política, la moral, etc.; el origen de tales instituciones está generalmente supeditado desde el control y la dominación, consolidadas bajo la tradición y los convencionalismos. El efecto punzante de la crítica cínica desbarajusta tales paradigmas intachables y pone en cuestión la razón, la moral, la justica en los que se funda una sociedad, ésta se convierte en el centro de reproches y señalamientos. La crítica se hace incisiva y acentúa las desilusiones que forjan la sensación de desencantamiento de un mundo absurdo y sin sentido.

El hombre cínico se halla sumergido en su individualismo y rechazo de las formas convencionales; en un tono desgarrador plasma su modo de ver el mundo, quiere ir en contra de su mundo ceñido a una crítica constante la cual lo convierte en un sujeto alienado de su realidad, ya que desprecia todo aquello que lo hace en esencia; es decir, reniega contra sí mismo porque él se considera un reflejo de las cosas que detesta. Este hombre se encuentra en una contradicción que se agrava con la propia existencia. Por lo tanto, desprecia el mundo a partir del cual se construyó como sujeto.

Con este malestar el individuo da importancia a su ser dejando de lado los valores modernos y la actitud cínica para pasar a la época postmoderna que está enmarcada dentro de una actitud hedonista que pregona la despreocupación de todo lo que rodea al individuo, ya que la individualidad resulta de un proceso de personalización que rompe con paradigmas políticos, culturales y sociales. Es decir, la postmodernidad genera un desprendimiento de las formas modernas y se caracteriza por estar regida por el “vacío”, el sujeto postmoderno prefiere no establecer vínculos que resulten en ataduras o represiones; así, la libertad se convierte en su excusa para ser y estar en el mundo pues el ser libre se materializa en una existencia postmoderna.

El proceso de personalización que sufre el individuo se presenta como un signo de rechazo hacía las lógicas controladoras. En este sentido, la sociedad de consumo se mantiene vigente pues es a partir de ella que el proceso de personalización se produce. La expansión del consumo se desborda en las existencias individuales porque el individuo se construye en función de un consumo que está “vacío” de sentido profundo, un consumo que es difundido desde los medios de comunicación.

La existencia es ahora una condición para rescatar los valores pasados como formas esenciales y puras de la expresión libertaria. El establecimiento de dicotomías que no producen contradicciones en la individualidad resulta ser un recurso del que se vale la postmodernidad para mantenerse en un mundo cambiante y en el cual el individuo busca una existencia original, es decir la postmodernidad ofrece múltiples opciones para la formación de identidades. Por consiguiente, las identidades individuales se encasillan en un narcisismo que se evidencia en actitudes apolíticas o anti-ideológicas y colabora en la formación de colectividades que prolongan las individualidades y reúnen los intereses particulares. Por lo tanto, el narcisismo busca el placer en todas sus formas (carácter hedonista), al tiempo que reúne las individualidades que se identifican unas con otras en grupos para así tener medios de expresión.

La libertad se basa en el narcisismo para establecer fundamentos sólidos en medio del vacío; pues contradicciones, valores pasados y actitudes anti-institucionales no pueden sostenerse por sí solos ya que al no tener el narcisismo como base generarían una confusión sin medida. La idea postmoderna se “vende” y se “consume” como la obtención de una libertad que todos los consumidores anhelan.

En conclusión, la modernidad logra una consolidación institucional a través de la mitificación porque los mitos se instauran como un campo esencial en la construcción de los imaginarios sociales y son ellos los que mantienen el sentido de los comportamientos de los individuos a partir de la convención colectiva de éstos, pero el cínico llega como el hombre que con la desmitificación destruye este entramado. De este modo, la postmodernidad -como época antagónica a la modernidad- trae consigo una existencia sobrecargada de hedonismo como si esto fuera una escapatoria a una realidad moderna desgarradora que el cínico no puede soportar.

Bibliografía
LIPOVETSKY, Gilles. (1986) “Prefacio”. En: La era del vacío: Ensayo sobre el individualismo contemporáneo. Barcelona: Editorial Anagrama
SLOTERDIJK, P. (1983). “El cinismo: ocaso de la falsa conciencia”. En Crítica de la razón cínica (págs. 37-45). Madrid: Ediciones Siruela.

Escritor: Letty Lozano Lozano

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