“DIME QUÉ COMES Y TE DIRÉ QUÉ SALUD TIENES”

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Llevó 19 años en la docencia. A lo largo de éste tiempo he visto muchos padres de familia preocupados por el desempeño académico de sus hijos, el lugar que ocupan en el curso cada bimestre, los logros y desempeños que van obteniendo. Pero pocos (muy pocos) se preocupan por el tipo de alimentación que tienen sus niños. Tal vez porque no piensan que sea algo importante:” el todo es que el niño no tenga hambre y esté contento con lo que ha comido.”

Nada más falso que esta premisa emitida muchas veces por varios padres de familia en las instituciones donde he laborado. Por ésta razón hice una investigación sobre la sana alimentación en niños, jóvenes y adolescentes que están en pleno crecimiento.

En nuestro país, el cáncer de estómago es la primera causa de muerte, seguida del cáncer de colon. Aunque muchos son los motivos, entre ellos la historia familiar y la incidencia del medio ambiente, se ha comprobado que tiene una gran influencia la alimentación que desde pequeños hemos recibido. Entre el 40% y 55 % de los canceres se han generado por la inadecuada dieta alimentaria de los Colombianos.

El cáncer en niños sólo representa el 2.5% de todos los casos del país, cerca de 2000 niños son diagnosticados con la enfermedad cada año, convirtiéndose en la segunda causa de muerte de niños entre 2 y 14 años. La leucemia es la más común en menores de edad.
Esta enfermedad además de ser degenerativa y progresar rápidamente, se ha convertido en una de las actividades en las cuales el gobierno nacional a través del Ministerio de salud invierte más dinero cada año. Los tratamientos son sumamente costosos, dolorosos y en muchos de los casos los resultados no son los esperados. Las EPS no son tan diligentes como deberían ya que el tratamiento contra la enfermedad cuesta alrededor de $50 millones de pesos mensuales. Las citas son demoradas y los procedimientos lentos.

El ritmo de vida acelerado y estresante, hacen que muchas personas hayan hecho cambios significativos en su dieta alimentaria. La llamada comida rápida o comida chatarra, va en auge: hamburguesas, perros calientes, pizzas y alimentos de paquetes se han convertido en platos fuertes a la hora de desayunar, almorzar o cenar. Si estos alimentos fueran consumidos de manera esporádica, no serían perjudiciales, pero teniendo en cuenta que se han convertido en las comidas favoritas de adultos y niños, nos vemos enfrentados a un gran problema de salud.

¿Por qué enseñar a los niños y jóvenes a alimentarse sanamente?

Llego al colegio a las 6:45 a.m y me dirijo a la cafetería. Con sorpresa veo a los chicos desayunando una dona con gaseosa, masticando chicle, comiendo chocolates. Nada más perjudicial para empezar el día con exceso de azúcar en la sangre. Pero no hay de qué preocuparse pues el almuerzo mejora: pizza, gaseosa, dulces, más donas, chicles y chocolates. Una dieta muy saludable. Al llegar a casa, la comida no puede ser peor: jugo de caja y galletas.

Esto es comprensible, pues en el mundo moderno los padres de familia no tienen tiempo para estar con sus hijos, menos aún para preocuparse por su alimentación. Unido a esto vemos cómo la publicidad nos inunda presentado modelos a seguir: personas exitosas, simpáticas, enérgicas, atractivas… que inician el día con un delicioso plato de cereal, almuerzan en los mejores restaurantes de comidas rápidas, todo el día beben gaseosas y comen toda clase de alimentos ricos en grasas saturadas, azucares procesadas con pocas vitaminas y minerales.

Lo más preocupante es que las instituciones educativas, lugres donde los niños y jóvenes pasan alrededor de 8 horas diarias, 5 días a la semana, no ayudan a concientizar a padres y estudiantes de la responsabilidad que tiene con su alimentación. Por el contrario, en las cafeterías de los colegios solo encontramos alimentos perjudiciales que dejan un alto porcentaje de ganancias.-comida chatarra-

¿Cómo entonces cambiar esta triste realidad?

Los niños, jóvenes y adolescentes debe aprender a elegir su alimentación, y esto lo harán en casa y colegio .Así como los chicos aprender de cultura ciudadana, cuidado del medio ambiente y aprovechamiento del tiempo libre, es muy importante que conozcan sobre los beneficios de los alimentos y la importancia que tiene para una vida alegre, sana y feliz.

Alimentos como frutas, hortalizas, verduras, carnes, lácteos y semillas, deberían hacer parte de la dieta diaria en nuestros niños. Explicarles sobre los grandes aportes de vitaminas, minerales, proteínas y demás nutrientes que dan los alimentos, es concientizar a los muchachos de la responsabilidad que tienen con su propio crecimiento y desarrollo. Eso también es autoestima y autovaloración.

Seguramente, con niños mejor alimentados, muchas dificultades escolares como la falta de atención, la agresión y la depresión desparecerían porque tendríamos estudiantes más dinámicos, entusiastas, seguros y sobre todo sanos. Tengamos en cuenta que somos afortunados al vivir en Colombia, uno de los países del mundo con mayor riqueza, cuya principal actividad económica es la agricultura.

Su ubicación estratégica y la gran variedad de climas permiten el cultivo de muchos productos agrícolas durante todos los meses del año. ¿Por qué no aprovechar todos estos alimentos a la hora de comer? Un desayuno donde haya frutas, leche, queso, arepa, huevos, permitiría a los muchachos llegar al colegio con mayor disposición para el aprendizaje, mejoraría su atención y memoria. ¿Quién dijo que las gaseosas hechas con malta y las papas en paquete alimentan? ¿No sería mejor en la lonchera de sus hijos poner una fruta, un jugo natural, yogurt, queso, frutos secos como nueces y almendras que alimentan y nutren? Y a la hora del almuerzo enséñele a su hijo a comer un alimento de cada grupo: cereales, proteínas, vegetales, frutas, hortalizas, granos.

Nunca es tarde para comenzar. Este es el momento de crear hábitos alimentarios en sus hijos, pero hágalo enseñando con el ejemplo. Propóngase crear una minuta alimentaria adecuada para su familia donde incluya alimentos de los 6 grupos y la proporción diaria recomendada. Incluya el consumo abundante de agua. Procure establecer horarios de comidas donde toda la familia se encuentre, comparta, se integre y aprenda a alimentarse de manera sana y saludable.

Luz Adriana Rodríguez Builes.
Docente

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