El aula como espacio complejo: juego y creatividad

“Jugar es no estereotipar, es mover el orden de las cosas, inventar caminos, transformar la mirada, simbolizar, movilizar reglas, convenir, crear, que en última instancia, es, al fin, la gran operación del sentido1” Es el juego una herramienta que sólo se aplica a los niveles de educación inicial o primaria o es más bien un recurso educativo estratégico en vistas de un corpus estudiantil compuesto por sujetos sociales que se hallan todo el tiempo expuestos a estímulos de todo tipo? Es el juego o la actividad recreativa sólo un recurso estratégico o está íntimamente imbricado con el proceso de aprendizaje, socialización y creatividad de todos los seres humanos

Resulta interesante observar que en el recorrido de un grupo en su conformación como tal las herramientas lúdicas trabajan directa o indirectamente, verbalizada o tácitamente valores grupales como la solidaridad, la comunicación, la confianza, el respeto mutuo, entre otros. Es que cada actividad se enmarca en un ‘nuevo mundo’ en el que los roles asumidos por cada una de las personas en la configuración de un grupo, sea este nuevo o con una trayectoria previa, se trastocan y se recrean. En el marco de un juego el líder no necesariamente lo es, el tímido deja de serlo para cumplir un objetivo y los resquemores suelen diluirse cuando se es parte del mismo equipo. Con el transcurrir de una actividad se desnaturalizan mandatos y se presentan como posibles otros escenarios relacionales, que quizás hubiesen sido inimaginables en la estática ubicación de los pupitres de un aula típica.

Este movimiento, que no es solo físico sino también conceptual, es material de gran riqueza para el proceso de transición que es característico de la etapa de la adolescencia, puesto que facilita la visualización de las innumerables elecciones que puede realizar una persona frente a un mismo escenario planteado. Recrea, en un ámbito de contención y ayuda, la encrucijada de elegir cómo ubicarse y actuar en una situación sui generis. En suma, a nivel individual se genera una instancia fértil de análisis y revisión sobre acciones que en lo cotidiano pasan desapercibidas por ser naturalizadas, siendo, sin duda, indicadores de patrones de comportamiento que pueden ser trabajados desde lo lúdico.

Ahora bien, a nivel grupal las herramientas lúdicas facilitan los procesos de socialización dentro de un grupo, generando nuevas estrategias para abordar conflictos dentro del aula y mostrando una faceta de mutabilidad que propicia la movilidad de roles en la dinámica interna grupal. Contar con Bs. As. Eudeba. estas herramientas no sólo mejora la solidez en la trayectoria del grupo sino que además, como dijimos anteriormente, se vuelven propiedad de sus integrantes quienes podrán reutilizarlas y redescubrirlas en el ámbito personal. Por otro lado, otra ventaja del uso de herramientas lúdicas en el aula tiene que ver con su propiedad de facilitar el proceso de aprendizaje puesto que implica un apropiarse de nuevos contenidos de forma activa, accionando coherentemente en relación a los mismos.

Esta praxis supera ampliamente al recurso de la exposición oral puesto que se logra materializar un conocimiento abstracto, a la vez que ofrece una etapa de debate que permite la ampliación de interpretaciones y su problematización. Es un proceso que puede partir de lo teórico – un nuevo aprendizaje -para ir a lo práctico para luego poder sintetizar la experiencia en un nuevo conocimiento experiencial. A su vez, este tipo de práctica en la cotidianidad del aula favorece la familiaridad con el proceso creativo que posibilita mutar un mismo contenido a múltiples códigos artísticos, teóricos y lúdicos, dando la oportunidad a que cada estudiante se apropie de su estrategia de aproximación particular. Este ejercicio de aproximación, apropiación, recreación y acción genera contenidos actitudinales y procedimentales que, al ser aprehendidos, se convertirán en conocimientos transversales útiles en la trayectoria de vida de los futuros adultos.

En palabras de Pavlovsky y Kesselman: “El jugar con otros, el jugar en grupos, posibilita la circulación de ideas e imágenes que re-crean la realidad de una forma distinta pero común, imprimiendo una forma lúdica de organización de la realidad, una forma de mirar lo concreto y de creer. Esto es precisamente lo que constituye la matriz de lo artístico. Zona lúdica infantil, matriz lúdica que se construye y perdura. Instancia de despliegue de la creatividad en el adulto”2. Mariel Rubin. Licenciada y Profesora en Sociología.

2 Pavlovsky, e. y Kesselman, h. (1980). “Espacios y creatividad”. Bs. As. Editorial Búsqueda.

Escritor: Mariel Rubin

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