EL CUERPO COMO RESPUESTA

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El cuerpo es antena biológica, es también libro escrito en su totalidad desde la experiencia, desde los afectos, desde la vivencia, desde la cultura, desde la primitividad; en efecto el cuerpo está cargado de información indispensable para la vivencia y para la convivencia pero también para la labor artística, para el arte propiamente dicho, ya lo expone la cita mencionada anteriormente “un niño cercano a su propio cuerpo es un artista natural” y aún más universal podríamos decir “un individuo”, un individuo cercano a su cuerpo es un artista puro.

Sin embargo, en la actual sociedad como bien lo afirma Heladio Moreno (1989, pág. 28, 29) se exalta la cabeza y se descuidan las manos, se utiliza la memoria pero se olvida el movimiento, se valora la inteligencia pero no se tiene en cuenta el cuerpo ; así el cuerpo ha pasado a ser un instrumento de mero conocimiento teórico, de búsquedas del conocimiento pero desde la realidad universal, desde la ciencia, desde la tecnología, desde la vanguardia, desde la realidad de otros, pero poco se tiene en cuenta y se privilegia el conocimiento desde lo corporal por sí mismo y desde sí mismo.

De esta percepción corporal se percata Víctor Fuenmayor autor del Texto El cuerpo de la obra, quien afirma: Fuenmayor, 1999, pág. 21) La pregunta más pertinente sería ¿por qué se olvida esta fuerza mayor? Quizá, la respuesta se encuentra en la corta permanencia en la etapa de la infancia en donde nos ocupa el juego, en donde no hay inhibición en el cuerpo, en donde la intuición actúa más que la razón. Padres, maestros y medios de comunicación se encargan de que el niño o la niña inhiba algunos de sus impulsos orgánicos para darle prioridad a lo intelectual “Cuando ese niño ya está en el mundo, olvida por completo las funciones de los organismos vivos más importantes: su propio cuerpo y el planeta tierra.” (Cardona, 1993, p. 16).

Así pues, es necesario retornar a esa forma de primitividad, a la infancia, retomar ese espíritu que siempre acompaña a un infante, hay que extraer las raíces de esa forma de expresión primitiva para recuperar el artista innato que vive en cada ser; sólo cuando esto suceda es posible aportar el cuerpo al arte, hacer del cuerpo una extensión de la obra. Para esto, es importante entender el porqué la negación del cuerpo con todos sus saberes primitivos en la sociedad, en la cultura y aún en la educación no sólo artística sino en general.

En la sociedad contemporánea se inhibe el cuerpo al establecer cánones de belleza y de estética que tienden en la mayoría de los casos a alejar al sujeto de su cuerpo, a rechazarlo por no poseer las características de dicho canon, experiencias como estas dejan huellas o imágenes inconscientes del cuerpo que se ven reflejadas en temor o rechazo hacia el cuerpo; o bien en la sociedad actual los cuerpos tienden a negarse, se incomodan ante el movimiento inducido, se tiene miedo al piso, a la horizontalidad; aún más grave es que se desconoce el origen de la cultura latinoamericana, en este caso la propia, esa que está enraizada en lo simbólico; se ha perdido el interés por la magia, por la oralidad, se desconoce el primitivismo de la cultura como generador de conocimiento corporal que no está tecnificado y por lo tanto aporta y renueva las propuestas del arte en general, bien afirma Víctor Fuenmayor “no hay arte sin raíces”.

Un artista latinoamericano que quiera entender las raíces culturales de su cuerpo, tendrá que integrar necesariamente el pensamiento mágico y el pensamiento científico, la magia y la ciencia.” (Fuenmayor, 1999, pág. 41, 42.) Por otro lado está el aislamiento y la indiferencia de la escuela hacia el cuerpo, esto se ve reflejado en la carencia de espacios adecuados para promover los diferentes lenguajes artísticos de manera que se genere un interés por el conocimiento del cuerpo como instrumento de aprendizaje:

En la escuela tradicional, la educación corporal de los estudiantes siempre ha ocupado un lugar secundario. Esta área de formación humana está reducida a la educación física…La educación corporal se nos presenta de manera marginal sin ninguna relación con la vida práctica y por consiguiente como algo inútil y extraño. Al olvidar el cuerpo formamos hombres decapitados y divididos, inseguros y frágiles.” (Moreno, 1989, pág. 28, 29).

Así, es posible afirmar que en la escuela se privilegian ciertos saberes, aún en la contemporaneidad la educación artística, en algunos casos privilegia la pedagogía de lo canónico, de lo estricto y riguroso, de la técnica, la academia; al respecto se refiere Víctor Fuenmayor en su Texto cuando reflexiona acerca de un reportaje en donde una maestra indígena de la selva venezolana enseña la escritura de su lengua, pero llama la atención cómo la indígena mimetiza el modelo escolar de la maestra occidental omitiendo la reflexión en torno a los espacios, materia y formas de hacer menos traumático el paso de la oralidad a la escritura, como desposesionan el cuerpo de sus raíces, como no se toman en cuenta las técnicas del cuerpo y el contexto de los espacios tradicionales y todo lo que gira en torno a una sociedad indígena para hacer pedagogía. El autor explica como las imágenes del reportaje lo conmovieron por la pobreza imaginaria de esa propuesta educativa en los tiempos de la formación integral y de las pedagogías creativas.

En otro contexto, pero de igual manera sucede en las pedagogías artísticas de nuestra época, nos enfrentamos a la pobreza creativa en las propuestas educativas, aunque es innegable la importancia del conocimiento teórico en varios aspectos de la Educación Artística, también es importante tener en cuenta que la pedagogía, que la construcción del saber no sólo necesita de un conocimiento “libresco” también necesita de la experiencia individual, de vivir un proceso para poder crear desde el goce mismo, una dosis de conocimiento y otra de goces de los sabores de la creación. Esa experiencia individual, ese goce alienta a la investigación, a la lectura para el conocimiento teórico pero no como un relleno sino como un ejercicio que enriquece.

Es preciso que tanto la educación como la sociedad y aún el individuo mismo susciten o generen interés por la corporeidad explorada desde el punto de vista que cita este escrito a manera de propuesta, entendiendo que desde el cuerpo nacen los lenguajes artísticos y por medio de él se desarrolla la labor artística sea cual fuere (plástica, escénica, musical, visual, etc.); cuando se logra descubrir ese cuerpo y se deja de lado toda inhibición, toda tecnificación es posible liberar el cuerpo primitivo y ponerlo en la obra, desnudar el arte para dar a entender o a comprender; allí es donde se aporta el cuerpo a la obra, donde se unifica con ella hasta el punto de hacerla extensión del cuerpo.

No está muy lejos el camino de la percepción; de la intuición artística; del desarrollo de una técnica personal en el quehacer artístico que sea posible transmitir; de la pasión; el goce y el enamoramiento por la obra, cuando admirablemente y casi con sorpresa se encuentran todas estas respuestas en el cuerpo propio, allí palpitante cargado de respuestas y muchas veces olvidado y alejado de la vida y del devenir que es el propio arte.

Escritor: Adriana Marcela Cárdenas

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