El cuerpo y sus complejos

La primera regla y la primera eyaculación suelen ser para los padres y educadores el disparo de salida de la educación sexual: Hija mía, ahora ya eres una mujer; hablamos de sexo !. El mismo en su versión masculina. Esta educación sexual llega tarde, porque pasa por alto toda la vida sexual del niño desde que nace, y es limitada, porque comienza cuando la personita en cuestión es apta para la reproducción. Los objetivos suelen ser evitar los peligros asociados a las relaciones sexuales -embarazo y malas experiencias- y sobre todo en el caso de las chicas, perpetuar su papel de mantenedoras del honor a través del control de la supuestamente incontinente sexualidad masculina.

Los frutos de esta educación son de todos conocidos: mujeres obligadas a esconder sus deseos sexuales, preocupadas siempre para medir hasta dónde dejar avanzar los chicos y sin poder hablar por no demostrar que saben demasiado, y varones acostumbrados a que las mujeres controlan por ellos, sin la capacidad ni de ponerse en el lugar del otro ni de asumir que los miedos y las dudas los tiene todo el mundo.

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